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La condición transescalar

En la práctica contemporánea, hablar de escala en arquitectura implica referirse a una noción que trasciende los atributos clásicos de tamaño, medida o proporción, para ser entendida como una cualidad relacional que establece correspondencias entre el cuerpo y los elementos que configuran lo construido. Ésta actúa como principio operativo que media en la conjunción de formas, significados y contextos, posibilitando la interpretación de artefactos y estructuras espaciales según los ambientes sociales, culturales y temporales en los que se inscriben. La escala se vuelve así un campo de tensiones que modula los grados de interacción entre entidades y determina la manera en que la arquitectura es capaz de generar narrativas. 

Broadwindow. Diego Sologuren+Sébastien Tripod. Fotografía: Jon Egia.

En un momento en que territorios, agentes y recursos muestran signos de agotamiento, intervenir en entornos construidos requiere marcos de actuación donde una aproximación prudente a lo existente se convierta en requisito operante. Esto implica reconocer que los paisajes contemporáneos se conforman a partir de asociaciones de objetos, procesos y sistemas que operan en secuencias multicapa, evocando así el concepto de ensamblaje: una formación en constante mutación y sin jerarquías fijas. Edificaciones, infraestructuras, redes, atmósferas, dispositivos y suelos constituyen, ensamblados, los componentes antrópicos de un ecosistema interdependiente y rizomático, en el que la arquitectura se enfrenta a una constante redefinición disciplinar. 

Railway object. Diego Sologuren en colaboración con Brad Downey. Moscú, 2015.

En este contexto, la cuestión escalar adquiere un papel decisivo para garantizar la viabilidad, adaptabilidad y coherencia de los ensamblajes. Cada intervención se enfrenta a una lógica de multiplicidad, abordando un elevado número de posibles variables —materiales, bióticas, sociales o simbólicas—, todas ellas conjugadas en una ecuación común. Incorporar esta dimensión relacional, a través del principio de escala, no solo permite ajustar y calibrar estas variables, sino también anticipar el comportamiento de los sistemas en el tiempo, favoreciendo intervenciones más permeables, integradoras y abiertas a la reconfiguración ulterior. 

En el mundo de lo vivo, las asociaciones entre especies —mutualismo, simbiosis, parasitismo, foresia, comensalismo, etc.— regulan las comunidades y contribuyen al equilibrio ecológico. Inspirada en estas dinámicas, la arquitectura encuentra oportunidades para explorar la hibridación de formas, la permutación de modelos tipológicos y la alteración de sistemas desde una perspectiva: transescalar: múltiple, desjerarquizada y transversal. Cuando las dinámicas sistémicas presentan rigidez constitutiva —por razones culturales, ideológicas, jurídicas o mercantiles—, la aproximación transescalar permite desplegar soluciones inesperadas, rebasando los márgenes normativos, facilitando la acción y programación colectiva, dejando además espacio para experiencias fenomenológicas más inmersivas. 

Handle with Care. Exibición en la Trienal de arquitectura de Lisboa. Diego Sologuren, 2020.

Al operar como adposición —en lingüística, una partícula que establece relaciones entre dos o más cláusulas—, la arquitectura, en su condición transescalar, deja de ser un objeto cerrado para convertirse en un catalizador de redes de interacción que reconfigura equilibrios, entrelaza funciones inconexas y redefine entornos y estructuras semánticas. Las arquitecturas en operatividad transescalar funcionan como mecanismos capaces de ejercer una resistencia crítica frente a los poderes estructurales, la estandarización y lo genérico. Esta resistencia, implementada a través de la conciencia de lo temporal, lo accidental y lo espontáneo, contribuye, en última instancia, a plantear interrogantes en la forma en que nos relacionamos con el mundo.

ECOS. Diego Sologuren en resonancia con Inés García. Sala Rekalde, 2023.

Frente a concepciones monolíticas generalizadas, resulta imprescindible reconocer e integrar la condición transescalar como herramienta fundamental para que la arquitectura responda de manera efectiva a los paradigmas actuales, ampliando su rol social, funcional y político en un contexto marcado por urgencias globales y transformaciones constantes.

Por:
Diego Sologuren (1985) es arquitecto por la ETSA de San Sebastián y completa su formación estudios en Urbanismo en Sint-Lucas / KU Leuven en Bruselas. Su trabajo explora los límites entre el habitar y lo performativo a partir de intervenciones sobre lo construido. Desde lo fragmentario, con una sensibilidad poética, plantea sus proyectos en la encrucijada entre la arquitectura y otras disciplinas, en un proceso incesante de subversión de lo convencional. Su obra persigue el cuestionamiento crítico de la norma, generando interrogantes en torno al territorio, la acción, la memoria y la ecología. Ha desarrollado su carrera internacionalmente con colaboraciones destacadas como Kéré architecture (2014-16), la Trienal de Lisboa (2020), la Bienal de Tbilisi (2020), la Bienal Mugak (2023) y Lausanne Jardins (2024). Ha sido galardonado por el archivo Peña Ganchegui (finalista premio a la joven arquitectura vasca en 2017), por Future Architecture Platform (2020) y Europan (2021/2023). Compagina su actividad con la docencia y la investigación, y actualmente es docente en IED Kunsthal Bilbao.

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