Entrevista con Koozarch, Milán, Italia; Londres, Reino Unido.
FZ: Federica Zambeletti
En esta entrevista, New Generations conversa con la fundadora de Koozarch, Federica Zambeletti, sobre esta plataforma digital destinada inicialmente a conectar proyectos de estudiantes, pero con la ambición de ampliar el discurso arquitectónico más allá de la construcción. Desde sus inicios, se centra en el formato de conversación para dar voz directa a autores y evitar simplificaciones, evolucionando posteriormente hacia un proyecto editorial más complejo que integra práctica, investigación y cultura. La experiencia profesional en contextos como UNA y su rama de investigación UNLESS consolidó esta visión, entendiendo la arquitectura como herramienta para hacer accesibles temas complejos. Con el tiempo, KoozArch ha diversificado sus formatos, y ha ampliado su público más allá de arquitectos, incorporando perfiles diversos. El proyecto se caracteriza por un enfoque interdisciplinar, conectando arquitectura con arte, filosofía o política, y explorando el espacio desde múltiples perspectivas. Hoy funciona como una plataforma colaborativa centrada en el intercambio crítico y la producción cultural contemporánea.
KoozArch es un proyecto de investigación editorial activo desde hace muchos años. Recuerdo que lo lanzaste casi al mismo tiempo que New Gens, en 2015. ¿Es así?
FZ: KoozArch nace durante mis años como estudiante en la AA (Architectural Association de Londres), un contexto que te impulsa constantemente a cuestionar tus propios límites y, sobre todo, a redefinir qué puede ser la arquitectura: investigación, exploración, posicionamiento crítico. Es precisamente en este terreno donde se desarrolla mi interés por un discurso arquitectónico que no se agote en la construcción, sino que se abra a una dimensión más amplia, capaz de incluir referencias, narrativas y distintas formas de investigación.
KoozArch surge así, inicialmente como una plataforma destinada a poner en contacto proyectos de estudiantes, pero con la intención de ir más allá de una lectura convencional de la disciplina. Desde el principio, un objetivo clave fue establecer un diálogo directo con los autores de los proyectos y las investigaciones publicadas, alejándose del formato de nota de prensa, a menudo demasiado simple para reflejar la complejidad de la cultura del espacio. El objetivo era, por tanto, crear una plataforma en la que también los estudiantes pudieran tomar la palabra en primera persona. Así es como toma forma el proyecto, hace ya más de diez años.
Entonces, KoozArch nace oficialmente durante tu etapa universitaria. ¿De dónde surge tu interés por la investigación?
FZ: Después de graduarme, empecé a trabajar en UNA, un estudio de arquitectura activo principalmente en el ámbito cultural, donde la investigación era parte integral del proceso de diseño. Paralelamente, UNA había abierto un área interna de investigación, UNLESS, dentro de la cual iniciamos un trabajo sobre la Antártida: una experiencia que me permitió comprender cómo la investigación y la práctica cultural no están necesariamente confinadas al ámbito académico.
Durante este proyecto, me di cuenta de que muchas de las investigaciones existentes sobre este tema abordaban cuestiones científicas y geopolíticas a través de formatos altamente especializados, a menudo poco accesibles. Sin embargo, comprendimos que, a través de la arquitectura, y en particular de su capacidad para construir representaciones e imaginarios, era posible hacer estos contenidos más comprensibles y abrirlos a un público más amplio. Este paso fue clave: me permitió visualizar la evolución natural de KoozArch como una plataforma capaz de seguir acogiendo proyectos académicos, pero también de incluir prácticas profesionales que operan a través de la investigación.
En 2022 formamos un pequeño equipo y comenzamos a estructurar KoozArch como un proyecto editorial más articulado. A partir de una reflexión sobre los formatos y de una serie de urgencias que considerábamos necesarias, fuimos ampliando progresivamente el campo de investigación. Al mismo tiempo, mantuvimos como eje central el formato de la conversación, con el objetivo de no reducir el discurso arquitectónico al edificio en sentido estricto. Esto nos llevó a involucrar no solo a arquitectos, sino también a artistas, filósofos y antropólogos, integrando miradas diversas y contribuyendo a cuestionar los propios límites de la disciplina.
¿Y desde el punto de vista de los formatos? Si pensamos en estos últimos diez años, los formatos de presentación de la investigación se han multiplicado. Quizá podemos identificar un antes y un después con la llegada de las redes sociales, como plataformas que han abierto la experimentación en la comunicación y difusión a través de múltiples formatos. ¿Para vosotros ha sido igual?
FZ: Al principio, el formato de publicación era bastante directo: KoozArch nacía como una plataforma exclusivamente digital. Desde el inicio, sin embargo, la intención era clara: construir una plataforma accesible y democrática, en la que el contenido pudiera circular libremente. En esta primera fase, el formato principal era el de la conversación, transcrita y publicada. Con el tiempo, este enfoque se ha ido ampliando progresivamente, abriéndose a una pluralidad de formatos.
Las conversaciones, por ejemplo, ya no son solo textos, sino que también se convierten en contenidos de audio, como podcasts. Paralelamente, hemos empezado a trabajar con formatos editoriales más híbridos, como los extractos de libros. En lugar de producir ensayos originales, a menudo optamos por identificar publicaciones recientes que consideramos relevantes, conectando con autores y editoriales para hacer accesible una parte de su contenido. Publicamos así fragmentos de mil o dos mil palabras, ofreciendo a los lectores la posibilidad de acercarse a un texto y, eventualmente, decidir de manera informada si desean profundizar mediante la compra del libro.
Otro formato al que damos mucha importancia es el de las Columns, que confiamos cada año a uno o dos practitioners. Se trata de un espacio más libre y experimental, pensado para permitir a los autores explorar intereses y trayectorias que a menudo quedan al margen de sus prácticas institucionales o académicas. La primera Column fue comisariada por James Taylor-Foster, entonces comisario de ArkDes, y surgió precisamente como una oportunidad para desarrollar una línea de investigación personal. Estas contribuciones, a menudo ligeras en el tono pero profundas en el contenido, reflejan bien el enfoque de KoozArch: hablar del entorno construido sin pasar necesariamente por el edificio, sino a través de condiciones, imaginarios, prácticas y formas de interpretar el mundo.
¿Y quién se interesa por vuestros contenidos? ¿Habéis identificado un público específico? ¿Son principalmente arquitectos o conseguís, gracias a vuestro enfoque abierto de los contenidos que proponéis, llegar a públicos más heterogéneos?
FZ: No siempre es fácil saber en detalle quién nos lee, pero podemos entenderlo a través de distintos indicadores. Uno de los principales es la suscripción a la newsletter, que nos ofrece una imagen bastante heterogénea del público. Hay arquitectos, académicos, personas que trabajan en instituciones culturales, pero también, y esto quizá es lo más interesante, muchos architecture enthusiasts. Personas que no necesariamente provienen del mundo de la arquitectura, pero que se acercan a la cultura del proyecto por interés, curiosidad o afinidad con otros campos. Es una dimensión que considero especialmente significativa, porque indica cómo el discurso arquitectónico puede, efectivamente, extenderse más allá de sus límites disciplinares.
¿Y en cuanto a los contenidos que desarrolláis, involucráis a perfiles profesionales de distintos tipos o se trata, en la mayoría de los casos, de formatos que incluyen a arquitectos o expertos de este mismo ámbito disciplinar?
FZ: Raramente nuestras conversaciones involucran exclusivamente a arquitectos. Casi siempre intentamos construir un diálogo entre un arquitecto y una figura procedente de otro ámbito, precisamente porque nos interesa atravesar, y en cierto modo cuestionar, ese hilo disciplinar en el que la arquitectura tiende a encerrarse con frecuencia. Por ejemplo, en una de nuestras series, titulada Space Between, no siempre hay un arquitecto presente, pero muy a menudo el formato pone en relación prácticas diversas: arquitectos, artistas, comisarios, investigadores.
El año pasado, en la primera serie, tuvimos una conversación especialmente significativa con Resolve, un colectivo con sede en Londres, y Sammy Baloji, artista congoleño, en torno al tema de la “redistribución”. Era interesante observar cómo dos perspectivas tan distantes abordaban el mismo tema a través de herramientas y sensibilidades diferentes. Este tipo de intercambio también pone de manifiesto cómo muchas prácticas artísticas trabajan profundamente con la dimensión espacial. Nos interesa, por tanto, trabajar con perspectivas múltiples, siendo conscientes de que estas cambian radicalmente según los contextos geográficos y las condiciones en las que emergen.
Un ejemplo reciente ilustra bien este enfoque. Se trata de una conversación que, para mí, fue especialmente reveladora, también porque me sacó de mi zona de confort. Hasta hace unos años, no estaba familiarizada con el término cruising, utilizado dentro de la comunidad LGBTQ+ para describir encuentros de carácter íntimo en el espacio público. Al confrontarme con esta perspectiva, me di cuenta de lo distante que era mi propia experiencia personal de estas dinámicas. Fue un momento de toma de conciencia importante, porque puso en evidencia cómo el acceso al espacio, y la posibilidad de habitarlo libremente, está profundamente condicionado por factores sociales y culturales. Son temas que rara vez se abordan dentro del discurso arquitectónico tradicional, pero que revelan hasta qué punto el espacio construido está entrelazado con dinámicas sociales, políticas e identitarias.
También hemos acogido investigaciones más académicas, como la desarrollada en el Politécnico de Milán, Departamento de Interiores, publicada en forma de conversación con el comisario, que analiza la Casa Blanca como una auténtica máquina de propaganda doméstica.
Recientemente has sido comisaria del programa Blueprints, dentro del contexto de LINA. Allí, en cambio, te has encontrado interactuando en un contexto muy arquitectónico, ¿verdad?
FZ: Lo interesante es que este programa europeo reúne a arquitectos sin seguir formatos o tipologías estandarizadas. No se trata, por tanto, de actividades orientadas a explorar cómo construir con un material u otro, sino de una práctica de investigación más amplia, en la que los formatos van desde la escritura hasta el taller, pasando por prácticas más híbridas como la música. En este sentido, me ha hecho especial ilusión ser co-comisaria de la primera edición de Blueprints para LINA, que para nosotros también tiene un valor simbólico: ha sido, de hecho, nuestra primera media partnership. LINA, en este sentido, era un interlocutor natural: en tres años ha desarrollado un trabajo notable, construyendo una red extremadamente generativa, en la que la propia definición de arquitectura se va redefiniendo constantemente a través de las colaboraciones.
La posibilidad de comisariar un festival con ellos ha sido importante también para cuestionarse qué puede ser hoy un festival. Habiendo vivido tres años en Venecia, he visto de cerca la Bienal como un dispositivo extremadamente estimulante y rico, pero a menudo también extractivo: una plataforma de exposición más que un espacio de diálogo con la ciudad o con sus urgencias. Esta edición de LINA, en cambio, se construye en torno a la idea de que el verdadero valor no reside tanto en los resultados, sino en las personas. Está, por tanto, centrada en el capital humano y desarrollada como un festival que reúne a miembros y fellows para reflexionar sobre las metodologías y los temas surgidos en estos primeros tres años. A través de formatos participativos, el festival refleja muy de cerca la intención de KoozArch: crear un espacio de intercambio y discusión capaz de poner en relación el capital humano para interrogar las urgencias contemporáneas.
Hablando de capital humano, además de ti, ¿quién está detrás de KoozArch?
FZ: KoozArch ha sido durante mucho tiempo un proyecto muy personal. Nació junto a otro arquitecto, de quien deriva la “Koo” del nombre, pero con el tiempo, al separarse los caminos y las visiones, continué desarrollándolo en solitario.
Hace tres años el proyecto se reestructuró como una realidad compartida con tres socios, de los cuales dos tienen un papel más silencioso y un rol operativo principal que coordino directamente. En esa fase el equipo se amplió con un chief editor y un platform manager, lo que permitió a KoozArch consolidarse y crecer, junto con colaboraciones externas para la producción de audio y algunos aportes editoriales internacionales. Hoy el núcleo es muy compacto: el chief editor Shumi Bose, una figura encargada del audio basada en El Cairo, Kaled, y un editor en Nueva York que sigue apoyándonos de manera más esporádica.
Entrevista realizada en inglés por Gianpiero Venturini
Edición y adaptación al español: Marta Hervás Oroza
Retrato autora: Cortesía de KoozArch
EDICIÓN
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Barquillo, 6, 28004 Madrid
fundacion.arquia.com
DISEÑO GRÁFICO
FOLCH
ISSN 2605-3284
© de esta edición,
Fundación Arquia, 2018 © del texto e imágenes, su autor
La edición de esta publicación ha sido patrocinada por Arquia Banca.
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