Fue el arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa una de las voces más críticas en relación con el proyecto del museo Guggenheim Helsinki: “El proyecto enfatiza una visión consumista y turística del arte a expensas de la tarea cultural y humana del arte. En lugar de fortalecer las tradiciones y prácticas artísticas locales, el proyecto refuerza una globalización y comercialización del arte ya problemáticas. Los fondos públicos podrían claramente usarse de una manera más innovadora y eficiente para apoyar la cultura artística finlandesa.”
Según una encuesta elaborada por el Sindicato de Arquitectos de España (SArq) en 2011, basada en más de 800 respuestas, el 73% de los arquitectos españoles afirmaba estar considerando emigrar por motivos laborales, y aproximadamente el 18% ya trabajaba en el extranjero como consecuencia de la crisis económica.
En forma de resumen, no exhaustivo, nuestra propuesta defiende una arquitectura que incentiva la búsqueda de alternativas y favorece una disciplina más abierta. New Generations cree en una arquitectura representativa de las diversidades: desde nuestros comienzos, hemos apoyado una práctica basada en la colaboración y no en la competencia. Los desafíos recientes han generado incertidumbre, pero también han dado paso a una nueva era para las voces emergentes. Más que nunca, apoyamos un modelo compartido: menos “directores de orquesta” y más estructuras flexibles capaces de responder rápidamente a cuestiones urgentes. Priorizamos voces involucradas en formatos de producción y creación social y ambientalmente responsables, y rechazamos un modelo basado en el uso insostenible o el consumo excesivo de recursos, prácticas laborales explotadoras, degradación ambiental, iniciativas que refuercen desigualdades sociales, económicas o espaciales, o proyectos que ignoren las necesidades locales y el equilibrio ecológico.
Uno de los acontecimientos más emblemáticos para representar el punto de ruptura entre el pasado y el presente de nuestra profesión es el concurso internacional para el museo Guggenheim en Helsinki. Entre 2014 y 2015, el colectivo español Bollería Industrial llevó a cabo una investigación que denunciaba un modelo a punto de colapsar por su propio peso. En un breve vídeo analizaban la cantidad media aproximada de horas que cada uno de los 1.715 equipos participantes había invertido en su propuesta, estimada en alrededor de dos meses de trabajo por equipo. Horas de trabajo, evidentemente no remuneradas, que resultaron en vano, ya que el proyecto finalmente no se llevó a cabo1. Han pasado poco más de diez años desde entonces, y todo ha cambiado.
Cuando descubrí esta investigación, New Generations llevaba ya un par de años investigando los efectos que la crisis económica global de 2008 había tenido en la profesión. En ese contexto de incertidumbre, muchas oficinas que apenas iniciaban su trayectoria se encontraron de pronto con un escenario de precariedad. Fueron años de resistencia: muchos se quedaron sin trabajo, otros emigraron en busca de nuevas oportunidades, algunos despachos desaparecieron y otros, quizás los más consolidados, pasaron en cuestión de meses de ser grandes estructuras a equipos mínimos2.
Cuando lancé New Generations en 2012, lo concebí como un observatorio desde el que analizar estos cambios, compartir experiencias y cuestionar las formas tradicionales de ejercer la arquitectura. Aquella ruptura, más allá de los factores económicos, revelaba algo más profundo: el agotamiento de un modelo profesional vinculado a la expansión global y a una idea de la arquitectura como producto exportable y replicable en cualquier contexto. Diferentes voces, algunas consolidadas y otras más independientes, comenzaban a reflexionar sobre este momento de transición. Silvia Forlati y Anne Isopp, junto con Astrid Piber, publicaban Manual for Emerging Architects (Springer, 2012), un volumen de más de 350 páginas concebido como un manual de supervivencia que analizaba nuevos formatos de práctica surgidos en los años de crisis. Por su parte, Alejandro Zaera-Polo, en su ensayo “Ya bien entrado el siglo XXI ¿Las arquitecturas del post-capitalismo?” (El Croquis n.º 187, 2016), examinaba estas transformaciones cuestionando el sistema de arquitectos estrella y apuntando hacia un ecosistema de nuevas prácticas que reflexionaban sobre otras maneras de ejercer.
Unos años antes, sin embargo, el debate y la producción editorial estaban fuertemente concentrados en el star system: exposiciones, museos, conferencias y libros celebraban aquella ola de aparente abundancia. De los muchos libros publicados, recuerdo que, al inicio de mi recorrido académico, leí SuperDutch: New Architecture in the Netherlands (Bart Lootsma, 2000, Princeton Architectural Press), una publicación que analizaba el trabajo de una generación que marcó a muchos arquitectos, incluyendo oficinas como MVRDV, Mecanoo o UNStudio. Era otra pieza más de un sistema que alimentaba un imaginario aspiracional. De hecho, cuando terminé la carrera en 2006, me fui a trabajar a Holanda: pensaba que el único recorrido posible para desarrollarme profesionalmente pasaba por tener una experiencia en uno de esos despachos internacionalmente reconocidos. Esa idea me la inculcaron revistas, profesores y los distintos espacios de divulgación y debate arquitectónico, que celebraban ese modelo. Un modelo que, además, se sostenía sobre una lógica de sobreexplotación normalizada que nadie ponía en cuestión: ser arquitecto implicaba la superposición constante entre lo profesional y lo personal. Ser un buen arquitecto y tener una vida privada parecían dos condiciones incompatibles.
Todo ha cambiado desde aquel entonces. Existe una brecha generacional entre quienes, como yo, terminaron sus estudios antes de 2010, y la nueva generación de arquitectos que surge a partir de ese momento. Tener en tu CV una experiencia en OMA era lo más valioso, a pesar de que eso significara cortar trozos de cartón pluma durante 6-12 meses. Ese modelo, basado en una serie de principios que hoy se han puesto en cuestión, ha casi desaparecido o, al menos, ya no resulta tan atractivo para los recién graduados, que perciben la arquitectura de una manera totalmente diferente.
En uno de los primeros mapeos de nuevos despachos que lanzamos en 2012 desde New Generations, descubrimos que la mayoría de las oficinas surgidas en plena crisis eran el resultado de la diáspora de empleados de aquellas mismas prácticas reconocidas internacionalmente que, ante la recesión, habían despedido a más de la mitad de sus equipos. Muchos de sus antiguos empleados, en plena crisis y sin trabajo, decidieron emprender una carrera independiente, contribuyendo a un nuevo boom de pequeñas oficinas. Fue como si, de repente, se hiciera evidente que existían otros formatos. Se abrieron nuevos espacios de reflexión, pensamiento y producción que hasta entonces no se habían contemplado, mostrando caminos alternativos para ejercer la arquitectura hoy.
Nuestra propuesta, “Ecosistemas Interconectados”3, reflexiona sobre estos cambios, proponiendo una lectura del estado de la profesión a escala internacional y dando voz a más de 50 despachos y figuras profesionales vinculadas al ámbito de la arquitectura. Desde la crisis económica, una serie de transformaciones globales, sociales, medioambientales, tecnológicas y políticas han generado nuevas claves para interpretar el mundo y el papel del arquitecto en él. Frente a esta creciente complejidad, se hace indispensable una conversación coral, donde convivan diferentes voces, visiones e interpretaciones, interconectadas entre sí, pero también independientes, complementarias y críticas. Ecosistemas Interconectados busca precisamente transmitir esa complejidad a través de un enfoque situado en la arquitectura y en algunas de sus voces emergentes más significativas a escala internacional. En este contexto, creemos que estamos ante uno de los momentos más estimulantes para ejercer la arquitectura. No porque las condiciones sean sencillas, sino precisamente porque exigen una redefinición constante. La figura del arquitecto o arquitecta ya no se apoya en bases sólidas, sino en la capacidad de navegar sistemas complejos, colaborar transversalmente y asumir responsabilidades más amplias.
La propuesta editorial que desarrollaremos durante los próximos dos años parte de esta convicción. Bajo la idea de ecosistemas interconectados, queremos cartografiar cómo práctica, proyecto y disciplinas afines dialogan entre sí y configuran un nuevo escenario. Más que identificar una nueva generación, nos interesa comprender una nueva condición: un estado en el que la arquitectura se redefine no desde la excepcionalidad de la crisis, sino desde la normalidad del cambio.
Fue el arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa una de las voces más críticas en relación con el proyecto del museo Guggenheim Helsinki: “El proyecto enfatiza una visión consumista y turística del arte a expensas de la tarea cultural y humana del arte. En lugar de fortalecer las tradiciones y prácticas artísticas locales, el proyecto refuerza una globalización y comercialización del arte ya problemáticas. Los fondos públicos podrían claramente usarse de una manera más innovadora y eficiente para apoyar la cultura artística finlandesa.”
Según una encuesta elaborada por el Sindicato de Arquitectos de España (SArq) en 2011, basada en más de 800 respuestas, el 73% de los arquitectos españoles afirmaba estar considerando emigrar por motivos laborales, y aproximadamente el 18% ya trabajaba en el extranjero como consecuencia de la crisis económica.
En forma de resumen, no exhaustivo, nuestra propuesta defiende una arquitectura que incentiva la búsqueda de alternativas y favorece una disciplina más abierta. New Generations cree en una arquitectura representativa de las diversidades: desde nuestros comienzos, hemos apoyado una práctica basada en la colaboración y no en la competencia. Los desafíos recientes han generado incertidumbre, pero también han dado paso a una nueva era para las voces emergentes. Más que nunca, apoyamos un modelo compartido: menos “directores de orquesta” y más estructuras flexibles capaces de responder rápidamente a cuestiones urgentes. Priorizamos voces involucradas en formatos de producción y creación social y ambientalmente responsables, y rechazamos un modelo basado en el uso insostenible o el consumo excesivo de recursos, prácticas laborales explotadoras, degradación ambiental, iniciativas que refuercen desigualdades sociales, económicas o espaciales, o proyectos que ignoren las necesidades locales y el equilibrio ecológico.
EDICIÓN
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ISSN 2605-3284
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