https://www.ivoox.com/player_ej_161237402_6_1.html?c1=806c23

Podcast: Datos, con Inteligencias Reflexivas

Hacemos varias fotos de una tacada por si alguna no sale bien. Ahora nuestros móviles sacan automáticamente veinte en vez de una para que elijamos entre la que más nos guste.

Conservamos varias copias de nuestros documentos y nuestros archivos en la nube se duplican para ganar en seguridad. La inteligencia artificial se ha colado en nuestras vidas y no podemos desengancharnos. Estamos conectados constantemente a internet, incluso nuestros electrodomésticos, sin la presencia de un solo cable.

Nos contaron que la nube no tiene presencia física, que todos nuestros archivos, sin cuerpo ni repercusión material, se almacenan en espacios etéreos. Y nada más lejos de la realidad. El paradigma de la redundancia también construye arquitecturas y geografías.

Internet llega en anchísimos cables y desemboca en playas en distintos países y continentes, atravesando aguas nacionales e internacionales. Las grandes tecnológicas levantan enormes centros de datos en polígonos y periferias de grandes ciudades sin que nos hacemos cuenta, tras altos y opacos muros. Comunidades de todo el mundo se rebelan contra su implantación, alertados por su consumo de agua en zonas de estrés hídrico y en riesgo de desertificación.

Algunas políticas y administraciones trazan planes para su implantación y a la vez ningún país quiere quedarse atrás en la carrera por la inversión de los grandes conglomerados y en el boom de la inteligencia artificial. Cuenta el geógrafo Stephen Graham que “el paisaje de la información es a la vez un repositorio de datos y cada vez más comunica y procesa información. El procesamiento distribuido en el mundo que nos rodea se considera a menudo un entorno informático omnipresente, un mundo de inteligencia ambiental que ocurre a nuestro alrededor, en la periferia de nuestra conciencia, donde nuestro entorno no es un telón pasivo, sino un agente activo en la organización de la vida cotidiana”.

En el segundo episodio del podcast de este Bloque Escalas del blog de la Fundación Arquia y ya décimo de la etapa editorial, hablaremos de la materialidad de las implicaciones transescalares, espaciales, ambientales y sociales de la acumulación de información. Y para ello no se nos ocurre nadie mejor que Serena D’Ambrosio, Nicolás Díaz y Linda Schilling. Aunque hoy se encuentran en latitudes distintas a sus lugares habituales, las tres tienen en común el territorio de Chile desde donde trabajan.

Son arquitectes, investigadores y docentes, y en conjunto recientemente han comisariado el pabellón de Chile en la Bienal de Arquitectura de Venecia, titulado Inteligencias Reflexivas. ¿Cómo estáis? Bienvenides y muchas gracias por aceptar la invitación.

Serena Dambrosio, Nicolás Díaz, Linda Schilling: Gracias, muchas gracias.

Pablo Ibáñez: Bueno, querríamos arrancar con una pregunta que es quizá muy boba, muy tonta, pero que quizá no lo sea tanto para quien no esté tan familiarizado con el giro reciente, no solo desde las prácticas de diseño y arquitectura, sino desde otras también, en torno a la infraestructura digital, a las implicaciones espaciales que tiene la infraestructura digital. ¿Qué tiene que ver la arquitectura con los datos? ¿O qué esta cuestión que pensamos siempre tan etérea, como la acumulación de información, qué implicaciones espaciales tiene?

N.D: Bueno, yo creo que a lo largo de la historia de la humanidad siempre hemos cohabitado con los datos. Quizás originalmente eran datos análogos que almacenábamos en rollos, libros, y éstos se almacenaban en bibliotecas, y quizás con el giro de lo digital empezaron a salir como estas salas blancas, como servidores, que se fueron como aumentando. Y al igual que las bibliotecas tienen esta definición de mueble, espacio, habitación, hasta edificio, pues el data center o la sala de datos originalmente era como, claro, es de disco duro, empieza a crecer y empieza a tomar más espacio, y llegamos a estas edificaciones que hoy conocemos, o quizás no tanto, pero al final son estos espacios destinados para el habitar de los datos digitales. Entonces, nosotros hemos tenido como esta costumbre o este imaginario de que lo digital optimiza de cierta manera como el espacio material de las cosas, y por eso siempre está esta metáfora de que con lo digital nos ahorramos como procesamiento, la espacialización de esto, y es lo que nos han hecho creer, pero cuando uno mira el back end o el detrás de toda esta parafernalia de nuestras pantallas, nos encontramos con mega edificios que necesitan energía, agua, aire. Casi una mezcla alquímica de materialidades para que nuestro set de inteligencia o de almacenamiento, procesamiento e información pueda ser.

P.I: ¿Y qué clase de arquitecturas o de infraestructuras podemos encontrar? Contabas que estabais en un viaje además de campo, de trabajo de campo en Francia, para quien no esté muy familiarizado también con los tipos de resultados espaciales de toda esta cuestión, ¿qué arquitecturas, qué infraestructuras, qué tipo de elementos resultan del flujo de información y de la acumulación de datos?

S.D: Bueno, un poco lo que comentaba Nico, creo que es interesante pensar que ha habido un cambio importante en estos edificios que antes tal vez almacenaban informaciones en libros, en documentos que tenían una gran relevancia pública y también para una identidad, digamos, más bien nacional. Entonces eran edificios que estaban casi siempre situados en lugares como muy céntricos, con un aspecto también monumental o con cierto valor de imagen dentro de la ciudad y también de relevancia pública.

Ahora la paradoja es que, con el pasaje a lo digital, todo este valor del almacenamiento empieza a desaparecer y esos edificios aparecen primero invisibilizados. Muchas veces nadie sabe bien dónde están, se sitúan en lugares, en general, más marginales de países, de ciudades, incluso de naciones o de continentes. Y más bien aparecen como grandes cajas sin ventanas, de hormigón, muchas veces con poca, con casi nula calidad arquitectónica y más bien cerrados. Es básicamente imposible, ya llevamos más de tres años investigando y creo que no hemos entrado a casi ningún data center a pesar de las muchas veces que hemos tratado, preguntado, solicitado… Es muy difícil acceder a ellos, es muy difícil entender bien cómo funcionan, es muy difícil hablar con las personas que lo gestionan, entonces estamos hablando de arquitecturas que, primero, están invisibilizadas. Segundo, son absolutamente asépticas en relación a lo que tienen alrededor, sin ningún tipo de relación con su contexto, que se diseñan en ciertos lugares y luego aterrizan en otros. Y, bueno, algo curioso de lo que hemos visto por ejemplo acá en Marsella es que sí hay un poco más de, tal vez, cuidado arquitectónico de algún tipo de elemento como la fachada o cierto revestimiento. También aquí hay un proceso de revalorización de ciertas infraestructuras coloniales del puerto que están siendo transformadas, entonces esto nos parece bien interesante.

Pero, por ejemplo, lo que vemos en Santiago con los casos que hemos estudiado en el pabellón es más distinto y son más bien edificios nuevos que duran cierto tiempo y que no tienen ninguna calidad específica.

N.D: También es bien curioso que cada centro de datos genera una fricción, como una controversia, no necesariamente es controversia de agua que de cierta manera es como los que rodean en Chile. El interés de venir a Marsella de cierta manera o estudiar el caso francés era exactamente que acá no hay como una resistencia en términos de agua sino que hay otros temas, otras implicaciones, como el problema eléctrico, la soberanía —que es algo muy presente de cierta manera en la conciencia europea o en especial en Francia—. Entonces, ¿cuáles eran estas implicancias? Nosotros venimos siguiéndole la pista Marsella desde hace ya dos años y recientemente empezaron a aparecer grupos que efectivamente no conocían dónde se estaban posicionando los centros de datos. En el puerto, pero como que pasaban muy desapercibidos y empezaron a entenderlos, aprender de ellos y empezaron a tener preocupaciones sobre este futuro que se está planteando para Marsella. Cuáles son, el tipo de ciudad que se quiere…

P.I: Sí comentábamos antes fuera de cámara, fuera de micrófono, la dificultad de investigar este tipo de paisajes, de las infraestructuras digitales, precisamente por la opacidad que tienen todas estas empresas que custodian este tipo de arquitecturas y de infraestructuras.

Queríamos preguntarnos precisamente por esta red como más distribuida. Más allá del data center (que quizás es la arquitectura como más famosa que pensamos vinculada a la acumulación de datos que tiene como mayor presencia, más centralizada), queríamos preguntarnos también por esa infraestructura que conecta también, por ejemplo, internet. O estas arquitecturas en distintas geografías, estos cables famosos, cables submarinos que aparecen en ciertas playas de distintas geografías y que nos conectan el norte global con el sur global, etcétera. ¿Qué otro tipo de infraestructuras también podemos encontrar?

S.D: Sí, el tema de los cables es muy interesante porque, bueno, la mayoría del tráfico de datos se realiza a través de los cables, entonces son elementos actualmente absolutamente indispensables para que este tipo de relación funcione. Y hay un tipo de relación entre los lugares donde llegan estos cables y la presencia de ciertos tipos de infraestructura que lo recepciona, que pueden ser data center pero también hay solamente, no sé, landing point en que llegan los cables y luego se redistribuyen a otros lados.

Y la cosa que nos parece interesante, bueno… es que hay una cosa de, o sea… estos cables sí son aparentemente invisibles dentro del paisaje digamos urbano. Ayer fuimos a una playa donde llega un cable, un cable que se llama Medusa, que supuestamente fue instalado hace cinco días. Y bueno, como que no había ningún rastro de la presencia de estos cables. Bueno, nosotros ya nos hemos vuelto un poco, digamos, expertos en entender cuáles son las pruebas que te muestran que hay algo ahí. Son pequeñas cosas, como conexiones con el alcantarillado que uno puede ver que tienen que ver con los cables. Pero al fondo son infraestructuras súper indispensables pero también absolutamente invisibles.

Y siempre fantaseamos con qué pasa si la llegada de estos cables también se puede acompañar con otro tipo de digamos de infraestructura o de programas y no es algo simplemente oculto debajo del suelo y no trae nada, digamos, a los lugares donde llegan. También interesante la geopolítica de estos cables porque en el fondo son cables que conectan puntos y muchas veces estos puntos, estas conexiones, tienen una razón en el sentido de que por ejemplo ahora en Chile es muy interesante el tema porque se está construyendo un cable que va a conectar Chile con, o sea el objetivo final es China y va a pasar por Australia. Y en el fondo, ahí, cuando hemos hablado con algunas de las personas que han trabajado sobre la implementación de estos cables en el estado, por ejemplo, nos contaban que este proyecto empieza con una idea de que las conexiones con el norte global están sucediendo en un lugar donde hay mucho riesgo sobre esta infraestructura. Véase los conflictos, véase otras cosas que ponen en riesgo el tráfico de estos datos. Entonces, la primera voluntad de conectar Chile con China tiene que ver con un poco bypasear también las relaciones con el norte y eso es súper interesante también porque son cosas que hablan de otro tipo de geografía que están siendo producida por estos elementos que son invisibles.

P.I: Quería preguntaros también por el caso particular de Chile, también con el objetivo de traer un poco el tema de la presentación chilena en la Bienal de Venecia a la mesa. Sabemos que cuando hablamos de economías extractivas, cuando hablamos de procesos globales, no afectan lo mismo en distintas geografías, estamos acostumbrados a ver cómo ciertos procesos ocurren de forma más incisiva en territorios del sur global y geografías concretas. En Chile hace años que estas redes o que estas realidades están sobre el tablero y no sólo esta sino si podemos pensar por ejemplo en la minería del litio, como ha estado como muy vinculada, muy intensamente vinculada al país como soporte a este nuevo paradigma tecnológico y digital. Hoy vemos que grandes conglomerados, grandes empresas como Google o Microsoft han puesto en marcha planes para esta región e incluso desde el Estado se han puesto en marcha como comisiones o grupos de trabajo. ¿En qué medida esas arquitecturas de los datos de la información están afectando con distinta intensidad o con mayor intensidad a Chile? ¿Qué particulares tiene el país para que esta realidad esté teniendo lugar de forma más intensa?

N.D: Yo creo que si lo miramos desde el lente de la cadena de producción, como el supply chain, originalmente Chile tú lo puedes ver como uno de los países que tiene las materias primas: tiene el cobre, tiene el litio, bueno, tiene el oro. Tiene muchos materiales interesantes y que originalmente, claro, Chile podría verse como este como este primer lugar donde se extraen los materiales, pero efectivamente desde 2012 ha tenido como esta apuesta de querer entrar no sólo como país que da minerales o materia prima, sino que ha querido volverse este hub digital para Latinoamérica. Entonces, efectivamente ha empezado a venderse como este lugar atractivo, por un lado por disponibilidad de energía. Entonces, claro, ahí entra como toda esta cuestión del hidrógeno verde, como eólicas, paneles solares, que al final Chile tiene esta paradoja de que sobreproduce estas energías y que no las puede todavía como consumir, entonces al final está como esta idea de sumas y restas. Como produces tanto, quizás los centros de datos son las arquitecturas perfectas para suplir esta sobre oferta de energía. Entonces se ha encadenado este imaginario, que es que, obviamente, si tú tienes centros de datos vas a estar con el epicentro del desarrollo de lo digital y últimamente con lo de las inteligencias artificiales, todo el mundo quiere como tener una parte de la torta y tú puedes ver cómo es muy interesante como ver las primeras páginas de los planes nacionales de inteligencia artificial. Ves el estadounidense como “let’s win the race”, se juega como esta carrera de con quién se hace, quién se hace con esta tecnología. Bueno, Francia también con Macron sacó un plan y efectivamente Chile no se queda atrás. Entonces obviamente cuando uno empieza a ver la instalación de los centros de datos en Chile tiene esta idea como de fastrackearlos como infraestructura crítica. Pero, sin embargo, aunque en Chile hay un sistema de evaluación ambiental que les ha dado luz verde, son las mismas comunidades que han tenido que repasar estos documentos, estos informes y cuestionar de cierta manera el visto bueno de los técnicos que dieron como el aval y creo que eso es algo muy interesante. Porque Chile es uno de los pocos países o de los pocos casos que ha podido resistir los centros de datos, como la implementación de los centros de datos de las GAFAM y yo creo que ahí es un poco donde empieza la investigación desde el pabellón, empezar a entender o empezar a ver cómo estas personas tienen una preocupación por sus territorios y empiezan a reconocer las diferentes materialidades que habitan el territorio, el agua, los cerros y cómo empiezan a cuestionar este tecnoptimismo, estas tecnologías o estos diseños tech bro que efectivamente te prometen que con la implementación de inteligencia artificial vamos a controlar los incendios, pero ¿qué pasa si el desarrollo de esa inteligencia artificial te seca todos los ríos? ¿Cuál va a ser la baseline ética?

P.I: Hay un elemento arquitectónico dentro del pabellón sobre el que nos gustaría preguntaros, que es esa mesa central, que leíamos en el texto curatorial que buscaba como metafóricamente representar esa idea del acuerdo o de alguna forma como del consenso alrededor de esta cuestión.

Hay algo que está como muy presente en vuestra propuesta que es también las realidades de las comunidades afectadas por estos procesos. A veces vemos que en los discursos de los gurús tecnológicos de las grandes empresas que parece que esto es una tecnología totalmente fluida y que no tiene implicaciones más allá de su despliegue. Sin embargo, pues tienen lugar muchas violencias para comunidades tanto humanas como no humanas.

Queríamos preguntaros cómo habéis articulado esta búsqueda y cómo habéis traído esos discursos o esas posiciones de las comunidades al discurso curatorial.

S.D: Bueno, un poco para hacer un poco de retrospectiva histórica del trabajo de investigación que llevamos: este proyecto, o por lo menos como la primera aproximación a este tema que tuvimos, tiene que ver con una primera investigación que hicimos sobre el caso de Quilicura a través de una beca del Canadian Centre for Architecture que se llama Architecture as Public Concern. Ahí, junto con Nico y con Marina Otero empezamos a investigar el caso de Quilicura proponiendo un poco una lectura de este caso a través de los ojos de la comunidad. Nico y Marina ya llevaban un tiempo identificando cierto tipo de actores de la comunidad que estaban ya empezando a levantar este problema. Y ahí con esta primera beca empezamos a bajar esta idea con un taller de verano donde empezamos a mapear el tema y nos dimos cuenta que, en verdad, en Quilicura, como decía Nico, había un movimiento súper importante que básicamente fue el primero que levantó el tema a nivel público.

O sea, es un grupo que se llama Resistencia Socioambiental Quilicura formado por principalmente tres chicos y otra gente, Rodrigo Vallejos, Vicente Bardales y Alexandra Arancibia. Y ellos son chicos como de veinte, treinta, aproximadamente, que en el fondo, en un momento en que Chile había un estallido social, empezaron a interesarse más sobre el tema medioambiental y a levantarlo como tema de relevancia política.

Y bueno, algo que no mencionamos tan veces es que especialmente este lugar, Quilicura, pero pasa también en otro lado del mundo, no es solamente objeto de ubicación de los data centers, sino que de muchas otras ciudades. Acá la llaman zona de sacrificio, o sea, es un lugar donde hay muchas actividades industriales que en el fondo comprometen no solo el medioambiente, sino la vida de las personas. Hay muchas otras actividades que son incluso mucho más dañinas, pero en el fondo hay una población que está súper receptiva a que siempre se le pone como lo peor de todas las actividades productivas en su casa.

Entonces es muy interesante entender que nosotros lo que hicimos básicamente es, junto con las comunidades, recepcionamos un poco esta demanda y la empezamos a analizar desde el punto de vista arquitectónico. Pero básicamente quien levantó el tema fueron las comunidades y gracias a ellos empezamos a entender en conjunto este tema. Todavía seguimos en contacto, pero el pabellón es un intento de llevar a Venecia, y desde la mirada arquitectónica, una especie de malestar o de reflexión que viene desde grupos comunitarios que empiezan a entender que hay algo con los data centers que se relaciona a cómo se están transformando sus territorios.

L.S: Sí, quizá me sumo a lo que comenta la Sere. De las representaciones nacionales, las representaciones chilenas en la Bienal de Arquitectura, esta es la primera que pone sobre la mesa un conflicto socioambiental. A propósito del pretexto del edificio, el data center, al cual el pabellón hace referencia, incluso llevándolo en formato físico: hay veinticinco modelos de data center que rodean esta mesa.

Lo que hace el pabellón es poner en discusión los espacios en donde se discuten estos conflictos socioambientales. El dispositivo de la mesa en el espacio del pabellón chileno articula una reflexión sobre a dónde deliberamos temas de conflictos o de controversias ambientales y lo hace a través de este vídeo que se proyecta sobre agua, que es una reflexión literal y metafórica sobre lo que está pasando con las comunidades que mencionan Serena y Nicolás en Chile. Y, de hecho, las voces de estas comunidades se hacen presentes a través de entrevistas.

Hay pequeñas cápsulas donde representantes de diferentes organizaciones hablan sobre cómo se han enterado del proyecto del data center, de qué manera se organizan. Y eso fue un trabajo bien delicado que hubo que realizar de manera bien rápida, porque desde que se decide la representación nacional hasta que se exhibe en Venecia, hubo solo dos meses de trabajo. Y que bueno, Nicolás ahí llevó a cabo en terreno, porque él es el que ha llevado de alguna manera el liderazgo de la relación con las comunidades.

N.D: También algo que ha sido interesante, por ejemplo, y yo creo que es algo bien bonito de Quilicura, es que los habitantes de Quilicura están también en una segunda lucha. No solo resisten la llegada del data center, sino que han buscado el reconocimiento de su cuerpo de agua como un humedal urbano, o sea, darle un estatus legal. Y yo creo que eso para el pabellón fue súper interesante, porque ellos también querían darle espacio, voz, a su cuerpo de agua. Un cuerpo de agua que ha sido olvidado, porque a diferencia, no sé, de un río, son napas freáticas. Son napas freáticas que florecen de vez en cuando, y nuestro imaginario de un humedal siempre es como, no sé, un lago, o un río, o una playa. Pero qué pasa con estas aguas que a veces florecen, o se esconden, o se repliegan.

Pero Quilicura tiene muchas memorias húmedas, como recuerdos de humedad, de zancudos y demás, pero efectivamente se volvió como esta zona de sacrificio, porque había abundancia de agua subterránea que se explota. Entonces, cómo le podemos dar voz también, o apoyar esta lucha de las comunidades de Quilicura. Y también hay otros testimonios que no solo son agua, como en Huechuraba, hay un centro de datos que quería implementar no sé cuántos kilómetros de torres de alta tensión, y una torre, y las torres de alta tensión afectaban como el ecosistema, la fauna y flora del cerro.

Y para ellos el cerro era lugar de encuentro, un patio, porque son unas viviendas muy precarias, donde era el punto de encuentro para ellos. Entonces ahí nos empezamos a dar cuenta que a través de los testimonios empezaba como a salir, de cierta manera, lo más-que-humano, como el territorio empezaba a hablar a través de ellos. Y efectivamente para Chile, que es un país con estrés hídrico, teníamos este juego doble de reflexionar, pero el agua tiene esta cualidad material del reflejo.

Entonces, cuando te vas acercando como a esta mesa de agua, ves tu reflejo, pero es el reflejo de un video donde están los testimonios del agua, de las comunidades, y también el reflejo político del fenómeno chileno de la mesa de trabajo. Y que por eso también nos inspiramos en la mesa, que es una metodología institucional, donde cada vez que hay una controversia, se genera una mesa de trabajo donde se invitan a diferentes actores para hablar sobre dicha problemática, como un fast tracking en apagar una controversia, de cierta manera. Y nosotros también nos preguntábamos, ¿se podría hacer una mesa de trabajo donde se convoque como a las comunidades y a lo no humano? Entonces, ¿cómo te sientas con un humedal, con un cuerpo de agua, con un cerro, con la materialidad o con los sedimentos que hacen parte de todo este desarrollo? Y de cierta manera, este título de Reflective Intelligences, también era una respuesta crítica quizás a Ratti, donde no éramos solamente Intelligence: Natural, Artificial, Collective, sino quizás éramos las tres, pero tampoco queríamos caer en una de las tres, sino inventarnos otra categoría.

Y esta idea de Reflective Intelligence buscaba como invitar a cada visitante a reflexionar sobre cómo, desde el caso de Chile, cada persona de cualquier país que visitara el pabellón podría preguntarse cómo quiere o cómo debiese ser la implementación de estas tecnologías en su país. Porque al final, no es que solo sea Chile, cualquier país se tiene que hacer esta pregunta. Por ejemplo, en España, en el sector de Aragón hay sequía y están llegando centros de datos, entonces uno podría ir y reflexionar cómo es que España quiere llegar, cómo quiere implementar esta tecnología, como que atañe a cada país.

L.S: Y independiente también de cuánto ímpetu haya de poder como llevar adelante estas discusiones en diferentes lugares en donde estas infraestructuras se están armando. El proyecto del pabellón también pone (vuelvo a utilizar la figura) sobre la mesa la dificultad de relacionarse con la institucionalidad ambiental y las diferentes formas en las que las comunidades resisten tienen que ver con institucionalidad, pero también otros modos de resistir, otros modos de llevar adelante una discusión que informe a la opinión pública. De alguna manera, el pabellón de Chile y el video que ahí se exhibe muestra la complejidad del sistema de evaluación ambiental y de protocolos ambientales como los estudios de impacto ambiental, que es el primer punto en el cual una comunidad puede empezar a recibir información sobre el proyecto de forma oficial, en donde puede entregar de alguna manera los testimonios o preguntas que tiene o consulta respecto del proyecto.

Y es la primera instancia para poder frenar ese tipo de proyectos y muchas veces, como nos hemos dado cuenta en el caso chileno, son protocolos que se llevan a cabo simplemente para cumplir con el due diligence, pero parecen no acoger los comentarios de las comunidades o incluso a veces no seguir las mismas reglas del reglamento del sistema de evaluación de impacto ambiental.

Por ejemplo, durante la investigación para el pabellón nos dimos cuenta de que dos proyectos que habían sido presentados luego del 2024 que estaban obligados a presentar planes de monitoreo participativo declaraban que no los iban a presentar y fueron aprobados, independiente de que no cumplían con todos los requisitos. Entonces es interesante ver que estos temas, si bien son complejos, también activan un aparato estatal de burocracias y de protocolos que también hacen complejo que las comunidades se involucren o también a veces el resistirlo.

P.I: Comentabais que era la primera vez que un conflicto socioambiental se presentaba en el marco de la representación de Chile en esta bienal. Imaginamos que será un proceso o será una mesa llena de aristas, porque entrarán en conflicto intereses que pueda tener la administración, intereses particulares que puedan tener empresas o sensibilidades que puedan tener comunidades concretas. ¿Cómo se ha leído también este pabellón desde fuera? ¿Cómo habéis traído toda esta complejidad al tablero? ¿Y cómo ha resultado? ¿Cómo ha sido la respuesta a este choque de intereses o a esta propuesta de polemizar o poner en fricción todas estas cuestiones en un plano representativo como puede ser el de una binal y una representación nacional?

L.S: La recepción del pabellón ha sido en diferentes etapas. En la primera apertura y en las primeras semanas estaba la prensa que de alguna manera reseñaba al pabellón chileno como una de las pocas voces críticas en esta bienal bien tecnooptimista de Carlo Ratti. Y luego vinieron algunas coberturas de prensa nacional que de alguna manera empezaban a… no quiero decir darse cuenta, pero a reflexionar sobre que lo que se presentaba en el pabellón chileno era la complejidad que existe en torno a la infraestructura de datos y con una voz bastante crítica. O sea, fue de alguna manera también una decisión política presentar esto a través del edificio del data center y explicar que está la mesa como dispositivo, que activa una discusión y que la arquitectura de alguna manera hace eso.

Y luego entrar a criticar las formas en las cuales el gobierno estaba llevando a cabo estas mesas de trabajo con comunidades para, como mencionaba el Nico, fast-track este tipo de proyectos. Bueno, de a poco van… ¿A cuántos meses estamos de la apertura? Quizás ya estamos a cinco de la apertura y a un mes del cierre, y las conversaciones que empiezan a aparecer en torno al tema que levanta el pabellón ya empiezan a ser un poco más críticas y empiezan a levantar estas … sutilezas sobre los actores humanos y no humanos, el agua, que está en la mesa. Ya no aparece solo en prensa, sino que en artículos peer-reviewed ha tenido diferentes olas de recepción.

S.D: Sí. O sea, yo creo que un poco hay dos… Yo diría que hay como dos aristas de los efectos que este pabellón está produciendo. Una que tiene que ver con lo que mencionaba Linda y que creo que tiene que ver con haber llevado este tema a una audiencia, digamos, más bien arquitectónica. Y que de fondo si bien en otros países y en otros lados ya hay muchos investigadores que están hablando de este tema, desde este lente, en Chile todavía había como una cierta resistencia a entender que los data centers o la infraestructura digital pueden ser objeto de un estudio que interesa a los arquitectos porque en el fondo está esta idea de que no podemos aportar nada ahí. O nuestra relevancia o presencia en las decisiones que tienen que ver esta infraestructura no puede ser útil o digamos recepcionada de alguna manera.

Y yo creo que el pabellón muestra cómo un lente arquitectónico puede interpretar y representar incluso material tan árido como lo de los informes de impacto medioambiental y mostrarlo de una manera visualmente mucho más “engaging with the audience”, cómo puede de cierta manera hacer entender a la audiencia aspectos que son súper opacos en estos tipos de documentos que siempre se muestran con números gráficos, planos bien áridos. Entonces ahí yo creo que hay un reto desde hacer entender que la arquitectura tiene algo que decir y tiene algo que hacer en entender esta infraestructura de otra manera, comunicarla y también repensarla, que es un poco nuestra ambición tal vez para algunos futuros de estos proyectos. Pero, por el otro lado, algo que tal vez no mencionamos es que esta idea de la mesa y cómo esta idea de la crítica de la mesa tiene que ver con que nosotros participamos en ciertos procesos de conformación de estas mesas de trabajo para la implementación del Plan Nacional de Data Center en Chile.

Fue muy curioso porque nosotros estamos participando también junto a otras personas, como Marín Gutiérrez, que también viene del contexto de la arquitectura, pero estamos participando acompañando a las comunidades. Entonces no nos están convocando como expertos, sino nos están convocando desde la mirada de la sociedad civil, lo cual nos parece también súper importante y estamos muy contentos de poder acompañar a las comunidades, pero en el fondo la idea de hablar o de centrar el pabellón sobre esta reflexión de la mesa viene de una especie de frustración de haber participado en esos procesos y entender que de cierta manera estaban siendo bien retóricos en cómo trataban de convocar actores, pero también en cómo trataban de separarlos. Entonces ahí está nuestra ambición: decir, bueno, queremos traer a la mesa actores que no están siendo convocados y los territorios no están siendo convocados. Y también, por ejemplo, las comunidades están siendo convocadas a una mesa donde no pueden ni siquiera tener un tipo de interacción con otros actores.

Y yo creo que (tal vez soy un poco optimista) ha habido cierto tipo de mejora de estos procesos, en el sentido de que estamos empezando a ver que hay siempre más discusión pública. No quiero absolutamente decir que sea por el pabellón, creo que hay otras, pero creo que el pabellón ha contribuido. Creo que hay otros intereses, otro tipo de conversaciones que se están dando. Pero encuentro curioso y también muy bonito que, de cierta manera, y lo dicen también las comunidades, los arquitectos son como los únicos que han sido críticos. Sí, como que han levantado una voz crítica en un tipo de proceso que tal vez no los involucra tanto. Entonces eso lo encuentro interesante.

N.D: Y un poco lo que dice Sere, como que el pabellón literalmente se asienta en el ojo del huracán, porque la conversación está teniendo lugar en este momento, no es que fue hace dos años, hace tres años, sino que, por ejemplo, esta mesa se sigue reuniendo. Entonces ha  habido artículos que han hablado, de cierta manera, como esta paradoja de que mientras el Ministerio de Medio Ambiente y Ciencia y Tecnología han buscado empujar este fast-tracking del plan nacional, pues el pabellón está financiado por el Ministerio de Cultura y la AIRAC. Entonces, dentro de todo el mismo gobierno hay esta esquizofrenia, no sé cómo decirlo. De cierta manera, mientras unos ministerios están en pro del tech, como este fast-tracking, como que está la representación nacional que empieza a criticar.

Y también es algo de lo que estamos a la expectativa es que el pabellón se va a rehacer el próximo año en Chile, y yo creo que ahí es donde va a tener más potencia. Porque, claro, muy bonito presentarlo en Venecia, pero ¿y las comunidades cómo van a poder aprovecharlo desde Venecia? Como que igual también era algo lejano, en la inauguración hicimos un live streaming para que ellos se fueran partícipes, pero igual a distancia, pues, como que es difícil activarlo para ellos. Entonces también yo creo que el próximo año es la prueba de fuego, donde la idea es invitar a todos nuevamente a esta mesa y tener conversaciones mucho más atingentes. Hay un cambio de gobierno que a parecer va a inclinarse más a la derecha, es decir, va a empezar a acelerar más esta alfombra roja para los centros de datos, entonces vamos a ver cómo navegar esta realidad.

L.S: Sí, la recepción más crítica va a ser la que el pabellón de Chile tenga a su regreso a Chile el próximo año, y el desafío para nosotros ahora no solo está en reconstruirla, sino en trabajar esa programación para incluir a las comunidades en discusiones para atraer gente del gobierno, porque, como mencionan, efectivamente, esta coyuntura política del cambio de gobierno, de que el tema está siendo discutido, va a ser a lo que vaya a pasar el próximo año un buen articulador para seguir levantando una voz crítica respecto de este tema de la infraestructura de datos en Chile.

P.I: Nos alegramos de que la arquitectura haya llegado por fin pronto a una discusión. Siempre somos un poco críticos con que llegamos tarde, así que nos alegramos que esta vez haya estado al pie del huracán. Para ir terminando ya y para tener alguna nota positiva o constructiva, me gustaría preguntaros o consultaros de qué forma creéis que la arquitectura, el diseño, puede comprometerse con otras realidades distintas, alternativas vinculadas a la acumulación de información, a la arquitectura de los datos. ¿Estamos condenados a esta idea del data center, de la gran infraestructura liderada por una gran empresa con todo su consumo energético de agua, con toda esa posición que puede tener de las comunidades? ¿O podemos pensar en otras redes más distribuidas, de otra escala, con las que enfrentarnos a este paradigma de la redundancia, de la acumulación? ¿De qué forma la arquitectura, las prácticas de diseño, como la arquitectura, pueden construir otras redes, otros imaginarios, otros escenarios?

N.D: Bueno, yo creo que hemos tenido varias conversaciones con Marina al respecto, por ejemplo. Y por eso siempre me gusta traer la idea de la Biblioteca Nacional, que al final la Biblioteca Nacional es una institución-país que busca conservar la memoria. Y en ese sentido, ¿qué pasa si los data centers los podemos empezar a pensar en clave de almacenamiento de la memoria comunitaria? Entonces ahí empieza a haber como una curaduría, una selección de los contenidos, y no este acervo de recolección de datos para alimentar un algoritmo con ánimo de lucro. Porque una Biblioteca Nacional no quiere lucrar. Simplemente tiene esta tarea de almacenar nuestra memoria o nuestra identidad, o qué sé yo.

Entonces puedes tener como esta arista de la memoria como quizás, ¿qué pasa si el internet funciona solo tres días a la semana? Así como cuando tú llegas tarde a una tienda y está cerrada, pues te tienes que esperar. Pero esta necesidad o este gusto adquirido de que el internet es 24-7, que está siempre, que cada vez es más rápido, mayor resolución y demás, es algo que nos han consentido, como que nos han creado esta necesidad. Pero también quizás no abre los lunes, no abre los martes, y quizás vamos a empezar a consumir menos energía, vamos a necesitar menos, o quizás las páginas puedan ser más lentas. Entonces siempre hay maneras de imaginar. Y yo creo que hay muchos colectivos feministas que reimaginan la recolección de datos como algo más local, no tiene que ser siempre como global, como esta necesidad universalista de tener acceso a toda la información. Entonces eso, yo creo que la invitación es siempre a reimaginar esta relación con la información.

Y nuevamente esto ocupa un lugar. Así como cuidamos nuestras bibliotecas y curamos nuestros libros favoritos, ¿cuál es nuestra contraparte digital? Quizás no tomar tantas fotos, o quizás tomar unas buenas fotos, pero no todas subirlas. Justamente estuvimos acá en Marsella con Marina y encontramos una portada de un diario que hablaba sobre un cable de internet. Y Marina dijo “no, solo yo tomo la foto y se las comparto a ustedes. No todos toman la misma foto porque estamos duplicando la información y no todos se comparten. Yo solo la comparto”. Entonces, empezar con esas prácticas, no sé, igual lo encuentro bien bonito de empezar a ser conscientes de esta relación con la información.

S.D: Y yo creo que, claro, por un lado está esta idea de que tal vez tenemos que empezar a relacionarnos de otra manera con nuestros propios datos. Sin embargo, yo también creo que el futuro de este tipo de infraestructura no solamente tiene que ver, tal vez, con los usuarios. O sea, yo creo que sí es súper importante pensar que esta infraestructura tiene que tener una relevancia pública ya. Porque en el fondo, la mayoría de los casos están siendo realizados o impulsados por compañías privadas, y ahí está un punto súper crucial, que en el fondo estamos hablando de compañías que muchas veces tienen, no sé, como más poder que países enteros. Y hay una relación de dependencia con esto súper fuerte.

Yo creo que hasta que no entendamos que tiene que haber una especie de reflexión desde lo público, desde lo colectivo, sobre cómo queremos realizar este tipo de infraestructura y cómo queremos guardar nuestras informaciones futuras, el comportamiento del usuario puede cambiar esto hasta ciertos puntos, digamos. Y también creo que, de cierta manera, todo lo que nos están vendiendo sobre este futuro en que todo será automatizado y llevado por algoritmos y automatizaciones y qué sé yo, es un poco marketing que no está dando cuenta de que hay un límite que es un límite material que tiene que ver con los recursos que vamos a tener para que esta máquina funcione. Entonces mi visión futura tal vez no es tan proyectiva, pero es un poco más, no sé, entre comillas distópica o un poco menos optimista, pero sí tiene que ver con que probablemente este crecimiento exponencial de este tipo de infraestructura va a enfrentarse con una escasez de recursos.

Es como cuando, no sé, se descubre o se inventa el auto y, no sé, boom del mercado del auto, digamos, todos venden autos, todos construyen autos y luego nos damos cuenta que, bueno, el petróleo no es infinito, el auto contamina y, bueno, ya autos… O sea, obvio que hay como también una especie como de greenwashing, como que estos tipos de infraestructuras mejoran. Pero yo creo que, en algún momento, no tan lejano tal vez, vamos a tener que hacernos de verdad esta pregunta sobre cuáles son los recursos que permiten que esta infraestructura funcione y tal vez no son infinitos. Entonces, ¿qué vamos a hacer cuando ya sean limitados o mucho más limitados que hoy?

L.S: Hay una frase de [Pedro] Lemebel que a veces he compartido con ustedes, que es que “hay que tratar de resistir a esa glotonería del tanto tener, tanta velocidad, tanto dato, tanto, tanto, tanto”. Lemebel la dijo en el caso del contexto del empresariado chileno, obviamente de derecha, pero me parece que aplica muy bien a estas multinacionales que siguen con este histórico de la extracción de minerales, de litio y ahora de otros recursos para poder implantar infraestructura de datos. Así que yo creo que hay una invitación a reflexionar, creemos en esa glotonería del tanto tener.

P.I: Bueno, pues por mi parte sería todo. Agradeceros de nuevo, Serena, Nico, Linda, la generosidad de abrirnos un poco la trastienda de esta investigación. También que para otras geografías globales como puede ser la nuestra, donde están apareciendo todas estas nuevas luchas y procesos, también aprender del caso chileno, que es bastante paradigmático de esta cuestión. Ha sido un auténtico placer. Agradeceros doblemente también, porque sabemos que no era fácil cuadrar fechas para hacer esta grabación, que además os pilla de viaje en diferentes horarios, etc.

Personalmente ha sido un gusto escucharos. También eso, la generosidad de contarnos todo este proceso con todas las complejidades que tiene. Y nada, muchas gracias y esperamos que sea de interés tanto para oyentes que puedan estar más familiarizados con este tema, como para quienes nos hayan preguntado cuál es la repercusión espacial de las redes que nos conectan, desde Internet, desde los datos, desde la nube, etc.

Así que nada, un placer y muchísimas gracias por estar ahí.

S.D, N.D, L.S: Muchas gracias a ti, Pablo. Gracias.

 

Por:
Bartlebooth es una plataforma de edición e investigación que examina la práctica espacial contemporánea, fundada en 2013 y desarrollada en la actualidad por Antonio Giráldez López y Pablo Ibáñez Ferrera. Bartlebooth ha sido expuesto y reconocido en diferentes espacios y contextos. Ha sido premiado en la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo BIAU (2019, 2022), en la Muestra de Investigación de la XIV Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo (2018), el Foro Arquia/Próxima “Prácticas Relevantes” (2018), con el Premio Arquia/Innova, y seleccionado en los Premis FAD de Pensamiento y Crítica (2016, 2019). Ha sido expuesto en espacios y contextos como el Pabellón Español en la 16ª Bienal de Venecia (2018), el Pabellón Portugués en la 17ª Bienal de Venecia (2021), el Het Nieuwe Instituut de Rotterdam y el Netherlands Institute for Sound and Vision de Hilversum (Países Bajos), la Porto Design Biennale (Portugal), la Bienal de Pensamiento de Barcelona, el Museo de Arquitectura y Diseño MAO de Ljubljana (Eslovenia), Museo Reina Sofía, Matadero (Madrid), la Architectural Association (Reino Unido) o The Berlage (Países Bajos), entre otros.

Deja un comentario

Tu correo no se va a publicar.

Últimos posts