El medio invisible de la ambientalidad

1.

La presencia invisible que toma a un cuerpo con violencia para agitarlo de un lado a otro de una habitación es un tropo clásico de las historias de terror. La acción de una presencia allí donde no debería haber nada, o donde nuestros sentidos nos dicen que no hay nada, puede provocar la sensación de lo espeluznante, Mark Fisher dixit. En estas situaciones, el enigma clave es quién o qué realiza la acción, cuáles son las fuerzas que rigen nuestro mundo, pues «debería quedar especialmente claro a aquellos que vivimos en un mundo capitalista globalmente interconectado que tales fuerzas no son del todo accesibles a nuestra aprehensión sensorial. Una fuerza como el capital no existe en ningún tipo de sentido sustancial, pero es capaz de provocar efectos de casi cualquier tipo.» Con este texto, quiero hablar del medio invisible de la ambientalidad contemporánea, de sus efectos y de cómo el diseño ha quedado integrado y automatizado en dicho medio, vaciando de sentido ideas fundacionales de nuestra disciplina con las que, pese a su desfondamiento, seguimos trabajando.

2.

El filósofo Michel Foucault planteó el término de ambientalidad (environmentalité) en una de sus clases sobre el nacimiento de la biopolítica (y el neoliberalismo). Corría el año 1979, y con esta palabra apuntaba a una nueva forma de poder en la que el control empezaba a ejercerse mediante el diseño y la modulación de un entorno mediado tecnológicamente con vistas a garantizar la circulación sin fricciones de los flujos abstractos y materiales del capital, desde mercancías y códigos hasta afectos, personas o derivados financieros. Este devenir ambiental del capital y la tecnología trae consigo un medio convertido en matriz logística y computacional a escala planetaria en el que todo debe ser integrado a través de una nueva mathesis universalis basada en la discretización de cualquier continuo, ya sea este físico, simbólico, afectivo…

Thierry Fournier, La Main invisible #1, 2020, a partir de una fotografía de Charly Triballeau, manifestación de los chalecos amarillos, Ruan 2019. Parte de una serie de 8 imágenes que transforma fotografías de prensa representando actos de violencia policial mediante el borrado de los policías que aparecen en la imagen. https://www.thierryfournier.net/la-main-invisible/

3.

Si bien el territorio y el medio habían sido instrumentos fundamentales en las formas de gobierno modernas, la ambientalidad trae consigo una diferencia radical para pensarla desde lo arquitectónico: ya no hablamos del espacio geométrico con el que el Estado moderno había construido su dominio, sino del espacio topológico del capital financiero y la computación. Sólo desde ahí podemos pensar el medio tecnosimbiótico en el corazón de la ambientalidad, un medio donde los media de la comunicación y la tecnología que se desarrollaron con la expansión global de los mercados económicos y su necesidad de una mejor gestión de la información y del espacio-tiempo, se han fundido con el entorno biofísico, el milieu definido por la física desde el siglo XVII.

Al igual que la mano invisible del mercado postulada por Adam Smith en el XVIII (con la que, no por casualidad, guarda relevantes ecos), la invisibilidad de este medio es problemática. Lejos de ser algo dado, en tanto ley eterna de la naturaleza, esta invisibilidad es una construcción histórica, técnica y discursiva, que busca naturalizar los mecanismos y operaciones del capital. Este medio posee unas arquitecturas y una arquitectónica—en tanto formas y diagramas—, así como una materialidad y unos efectos que si bien no siempre se pueden discretizar, sí se pueden representar e historizar con vistas a reclamarlo como el campo de confrontación política que es.

4.

La ambientalidad ha transformado radicalmente la forma en que se representa, diseña y percibe el espacio. Para entender esas arquitecturas y arquitectónicas de la ambientalidad, debemos ir más allá de los instrumentos de análisis tradicionales de nuestra disciplina—desde la fijación edificatoria hasta las proyecciones y dominios simbólicos—, para atender a toda una serie de semióticas infraestructurales como indicadores, normas, códigos, benchmarks o protocolos, así como innumerables ecologías de signos biológicos, sociales y técnicos responsables de organizar la materia y orientar a los cuerpos, configurando los espacios de posibilidad a su alrededor.

El mundo simbólico se disuelve en favor de un marco de operatividad donde los signos no significan, sino que actúan y suscitan acciones. Y las arquitecturas posibles son definidas a través de un amplio espectro de estas semióticas. Una muestra. Del código fuente de un software como Revit, donde se define lo que puede o no ser diseñado, a la norma ISO 19650-1:2018, integrada en su interior, que establece los estándares de organización y digitalización de información sobre edificios y obras de ingeniería civil, incluido el modelado de información de edificios (BIM), sin olvidar los sensores así como sus, a menudo obviados pares, los actuadores, que, en vida del edificio, harán de su interior un espacio responsivo, y por extensión, activo, capaz de modular ambientes y comportamientos. Este doble abstracto que atemoriza el mundo, en palabras de la teórica estadounidense Mckenzie Wark, no modela la realidad, la produce. Es ahí donde se juega la agencia arquitectónica y el diseño en nuestros días.

Esta integración y automatización del diseño como parte la ambientalidad, esa que fuerza nuestra mano con aparente gentileza sin dejar de ser espeluznante, tiene una genealogía que nos lleva, adelante y atrás, desde la Hochschule für Gestaltung Ulm (HfG Ulm) y su atención al entonces naciente campo del Operations Research hasta el trabajo de los methodologists británicos, de la estandarización del espacio en las normas ISO y su integración computacional hasta la aparición de los grandes conglomerados arquitectónicos como AECOM o la creciente sustitución del estudio por la consultoría como foco de (re)producción arquitectónica. Una historia que nos obliga a menudo, ni por casualidad ni por capricho, a alejarnos de los caminos de la oficialidad disciplinar y sus edificios.

5.

Quizá el medio invisible del mercado tiene más que ver con la violencia con la que el hombre invisible de H.G. Wells torturaba a sus próximos que con cualquier forma de oikodicea o sabiduría inmaterial del capital. Sin embargo, la realidad es tozuda y no hay voluntad integradora que todo lo pueda. Caben arquitecturas que trabajan en lo operativo desde premisas no circulatorias. Prácticas que se resisten a ser operadas. Diseños capaces de interferir en el imperativo de integración planetaria, actuando entre sus automatizaciones a partir de computaciones bastardas. Prácticas que fuerzan automatismos y hackean programas. Datos ambiguos y datasets corruptos. Hay apuntes. Comienzos. Además de cómplices, pasados y futuros. Sigámoslos, sigámonos. Dejamos el correo abierto.

Por:
Lucía Jalón es arquitecta e investigadora. Estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM), donde defendió su tesis doctoral Excepción y cuerpo rebelde en 2017. Actualmente es directora de investigación del laboratorio ALICE (Atelier de la Conception de l'Espace), en la EPFL, Suiza. Allí ha desarrollado numerosos proyectos sobre cartografía y métodos de co-diseño urbano, además de continuar su trabajo teórico e interdisciplinar sobre la relación entre lo político y lo arquitectónico, centrado actualmente en las arquitecturas de la ambientalidad y la relación entre cuerpo, medio, tecnología y capitalismo.

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