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Miren León

El lado oscuro de la sostenibilidad II: El más allá.

Edificio Sócrates. PICHARCHITECTS (construido con principios de economía circular). Fotógrafo: Aldo Amoretti vía Plataforma Arquitectura

 

En el anterior post hablaba sobre los entresijos oscuros de la sostenibilidad, esa gran palabra que ahora está de moda. Y parece que di en el clavo, porque ha generado debate y al menos, cierta reflexión. Hoy vengo preparada para ir al más allá, porque no lo dudéis, existe (por lo menos en lo que a ese lado oscuro se refiere). Como decía Leonard Cohen, You want it darker? We kill the flame.

 

Una de las cuestiones importantes es la escala. Probablemente estemos cansados de leer estadísticas sobre emisiones de CO2, pero, ¿cuáles son los números que realmente importan? No es lo mismo dejarse la luz encendida que construir un edificio entero. En este gráfico de National Geographic se ve muy claramente que menos de un cuarto de las materias primas utilizadas en un año se quedan en edificios y productos de largo uso, mientras que dos tercios pasan al medio ambiente como polución (y las viviendas tienen mucha culpa) y solo un 10% se reinsertan en el sistema. Por eso hacen falta números claros para entender el problema y priorizar nuestras actuaciones, evitando acciones contraproducentes y favoreciendo la economía circular, como se deduce al revisar algunos casos de huella de carbono de las cosas que establece Mike Berners-Lee. Por ejemplo, con los paneles fotovoltaicos ahorramos emisiones de carbono pero tienen cadmio, el cual es tóxico y no se puede recuperar sin romper la placa, cuyo vidrio no puede reciclarse completamente por las impurezas.

 

Y cuando hablamos de escala, también hablamos de límites. No se trata solo de las emisiones de los edificios, sino de también de la producción de sus materiales, el transporte, etc.  Se habla de edificios “fossil-fuel free” (libres de combustibles fósiles), de edificios ECCN, pero generalmente están hechos de hormigón, acero y vidrio. Y en gran parte de la producción de estos materiales se suele utilizar energía no renovable. Utilizamos más hormigón que cualquier otra sustancia en el planeta (incluida el agua): el hormigón es el responsable del 8% del CO2 que emitimos a la atmosfera, incluso más que los aviones (2,5%). En general nos cuesta poner límites, pero en este caso deberíamos romperlos y empezar a considerar todas las fases de la cadena de construcción. Para ello, son útiles las certificaciones de sostenibilidad que obligan a considerar también la cadena de suministro, ya que es muy importante involucrar a todos los agentes.

 

Tampoco hay que olvidarse del uso. La obsolescencia programada es más clara en el caso de productos electrónicos, pero también es aplicable a la edificación. Diseñamos productos y edificios cuya vida útil puede llegar a ser inferior a la real, manejados por el mercado futuro, las tendencias estéticas y los cambios de tecnología. Sin embargo, un diseño flexible y desmontable que tenga en cuenta todo el ciclo de vida puede alargar la vida útil del material o edificio e incluso generar nuevas oportunidades de negocio futuras basadas en el mantenimiento y la recuperación de sus componentes. A este respecto, la nueva ley de consumidores es un paso adelante, ya que se podrán reparar los productos en los siguientes 10 años de su compra. Eso sí, aún nos queda un largo camino por recorrer, empezando por mejorar la trazabilidad de todos los materiales y componentes utilizados en los edificios para futuras reutilizaciones (BIM, pasaportes de materiales) y elaborar libros del edificio útiles que ayuden al usuario a optimizar su uso y mantenimiento.  Y en este avance la legislación juega un papel clave, porque ya se sabe que, a la hora de la verdad, es la que nos obliga a tomar decisiones en muchos casos.

 

Finalmente, ser sostenible no es solo una cuestión medioambiental, sino también social y económica. Es importante tener en cuenta las tres vertientes, porque no basta con soluciones eficientes y sostenibles si son muy caras y no están al alcance de todo el mundo. Tenemos tecnología y conocimientos suficientes para diseñar edificios completamente sostenibles y favorecer su circularidad, y debemos perseguir ese objetivo, de manera que las sombras en nuestros edificios se reduzcan únicamente a las producidas por la luz del sol.

Autor:
Arquitecta especializada en diseño sostenible, eficiencia energética y accesibilidad. Actualmente envuelta en los entresijos de la economía circular, pero también rodeada de diseño gráfico y web, fotografía y de mucho mundo. Combinando todo con ganas e ilusión para buscar nuevos retos profesionales. Como decía Einstein, no tengo ningún talento especial, solamente soy apasionadamente curiosa.

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