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Miren León

El lado oscuro de la sostenibilidad

CopenHill. BIG. Fotogro: Rasmus Hjortshoj fía. via Plataforma Arquitectura

Según la RAE, ser sostenible implica mantenerse durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente. Por lo tanto, tendemos a pensar que todo lo sostenible es bueno para el planeta, pero no siempre es así. La sostenibilidad también tiene su lado oscuro. Y sobre lados oscuros han hablado mucho Pink Floyd o Yoda, pero sobre este caso no hay tanta información.

Llevamos años trabajando por una arquitectura más sostenible, abanderada por la eficiencia energética de nuestros edificios: mejoras de envolvente térmica e instalaciones de climatización, Edificios de Consumo Casi Nulo (ECCN), estándar Passivhaus, etc.  Actualmente, y debido a la pandemia, debemos también mejorar ciertos aspectos como la calidad del aire y de los materiales y la flexibilidad y adaptabilidad de los espacios. Durante todo este tiempo hemos conseguido grandes avances, medidos generalmente por su repercusión económica (ahorros en calefacción y climatización) pero también por su confort (control de la temperatura interior, calidad del aire). Pero son muchos los aspectos a considerar y frecuentemente hay que hacer malabarismos para que encajen todas las piezas, olvidando (consciente o inconscientemente) algunos de estos temas en favor de otros. Y es ahí cuando la sostenibilidad muestra su lado oscuro.

A pesar de nuestro esfuerzo por rebajar la demanda energética, un reciente informe de la ONU indica que las emisiones de CO2 procedentes del funcionamiento de los edificios alcanzaron su nivel más alto en 2019, y nos alerta de la urgencia de descarbonizar el sector de la construcción. Proyectos como #Building Life ya están trabajando en ello, pero ¿esto cómo se explica si estamos reduciendo el consumo y con ello las emisiones?

Uno de los principales problemas, además del CO2 producido en el uso de los edificios, es el carbono incorporado. Cuando demolemos un edificio y construimos otro en su lugar, el carbono embebido en el edificio original se desperdicia, y la producción de los nuevos materiales y la construcción del nuevo edificio crean nuevas emisiones a la atmósfera, que incluso en edificios tipo ECCN o Passivhaus puede llevar décadas compensar. Según The Royal Institute of Chartered Surveyors, el 51% del carbono que emite un edificio residencial (el 35% en el caso de uso administrativo) es liberado antes de que el inmueble esté operativo. Por lo tanto, al demoler pueden no salirnos las cuentas, por lo que es muy importante considerar la rehabilitación energética como la opción principal, siempre que sea posible.

El carbono incorporado entra en la ecuación cuando tenemos en cuenta todo el ciclo de vida del edificio, algo a lo que todavía no estamos acostumbrados. Para hacerlo, herramientas como el Análisis del Ciclo de Vida (ACV) y las Declaraciones Ambientales de Producto son útiles para tener una estimación del coste energético de los materiales. Esta claro que no podemos basar nuestra elección solamente en el carbono embebido, pero tampoco podemos obviarlo. Porque si para ahorrar emisiones en 2050 aumentamos las de 2021 es posible que no lleguemos a cumplir nuestro objetivo. Tampoco parece justo esperar a que el problema actual lo resuelvan nuestros yos futuros ¿no?

Por otro lado, el comportamiento erróneo (consciente o no) del usuario también tiene que ver con el aumento de emisiones. Seguro que muchos hemos visto en alguna ocasión ventanas abiertas en invierno con la calefacción a su máxima potencia, microventilaciones de ventanas taponadas, rejillas anuladas, etc. Estas pequeñas acciones afectan al comportamiento global del edificio, por lo que es importante que los usuarios conozcan como funciona para evitar pérdidas energéticas.

Finalmente, el greenwashing también ha contribuido a crear este lado oscuro de la sostenibilidad arquitectónica, utilizando el nombre “eco” en vano y añadiéndolo a algunos materiales que no lo son tanto. O colocando vegetación sin medida y porque sí. O con certificaciones ambientales diversas, cuyos sistemas de puntuación no nos indican el grado de sostenibilidad real si no se analizan en conjunto.

La sostenibilidad es un todo, y es importante considerar todos los aspectos en conjunto, para obtener un equilibrio y un buen resultado global. Si solo nos ocupamos de las luces, las sombras aparecerán cuando menos lo esperemos.

Autor:
Arquitecta especializada en diseño sostenible, eficiencia energética y accesibilidad. Actualmente envuelta en los entresijos de la economía circular, pero también rodeada de diseño gráfico y web, fotografía y de mucho mundo. Combinando todo con ganas e ilusión para buscar nuevos retos profesionales. Como decía Einstein, no tengo ningún talento especial, solamente soy apasionadamente curiosa.
  • Fredes - 6 marzo, 2021, 23:18

    Sostenibilidad es el Panteón de Agripa

  • Manuel Persa - 7 marzo, 2021, 2:11

    Quizás te interese nuestra investigación en la tesis “Envolventes arquitectónicas vivas que interactúan con su entorno. Naturalizando el diseño” donde trasladamos los comportamientos de los estomas de las hojas a las fachadas de los edificios.
    https://laboratoriobiomimetico.com/

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