Entrevista con Upsilon, París y Bretaña, Francia
CY: Clémence Yon
En esta entrevista, New Generations conversa con Clémence Yon, fundadora de Upsilon, sobre su práctica centrada en la transformación, rehabilitación y reutilización de edificios existentes, que entiende la arquitectura como una herramienta para responder simultáneamente a desafíos sociales, ambientales y urbanos. El enfoque de Upsilon combina la formación en arquitectura e ingeniería de su fundadora, integrando desde las primeras fases un exhaustivo trabajo de diagnóstico, análisis de recursos y estrategias de reutilización que minimizan la demolición y priorizan el aprovechamiento de los materiales existentes. La oficina trabaja entre escalas y contextos diversos, desde rehabilitaciones privadas hasta proyectos públicos, explorando nuevas formas de habitar mediante la reutilización de edificios y materiales y el empleo de técnicas vernáculas y locales.
Hace siete años desde que comenzó la andadura de Upsilon, y esta ha estado profundamente marcada por el contexto parisino, ¿cómo ha influido en la práctica este entorno tan competitivo y a la vez tan vivo?
CY: En el dinámico y competitivo mundo de la arquitectura, me he percatado de la gran cantidad de estudios de arquitectura que trabajan en París, tanto a través de mis contactos personales como de las redes sociales. Me impresiona especialmente la madurez y la calidad del trabajo de la nueva generación de arquitectos. Es común ver estudios fundados hace menos de cinco años que ya tienen acceso a grandes proyectos y diseñan a un nivel excepcionalmente alto. Lo que me sorprende es lo impresionante que resulta esto, dado que la arquitectura requiere tiempo: a menudo pasan años entre el primer contacto con un cliente y la finalización de un proyecto. En mi caso, después de siete años de trabajo, apenas ahora empiezo a ver los primeros resultados.
París es una gran ciudad, pero en el mundo de la arquitectura, a menudo nuestros caminos se cruzan. Hay lugares como el Pavillon de l’Arsenal, una especie de hogar para la arquitectura, donde nos encontramos unos con otros en exposiciones o charlas. Oímos los nombres de los demás, aunque no nos conozcamos personalmente. Lo que también resulta inspirador es cómo estas nuevas oficinas abordan temas en los que yo también trabajo: la reutilización, la renovación, el uso de menos materiales y la prevención de la demolición. Algunas incluso están repensando la manera en la que se estructuran los estudios, con cuatro, cinco o seis socios en lugar del modelo tradicional, manteniendo una estructura flexible capaz de ofrecer soluciones inmediatas a problemas complejos. Esta diversidad de estudios crea un ecosistema dinámico, lo que hace que este sea uno de los momentos más apasionantes para ser arquitecto en París.
En los últimos siete años, nunca he tenido que preocuparme por la falta de trabajo. He trabajado muy duro para llegar hasta aquí, asistiendo a numerosas reuniones y creando una red de contactos, tanto en el sector público como en el privado, para estar al tanto de nuevos proyectos. Como resultado, nunca me he encontrado en la situación de tener que buscar trabajo desesperadamente. Dicho esto, sé que puede ser difícil para los estudios jóvenes acceder a proyectos de calidad. En el sector público, los clientes suelen pedir referencias antes de adjudicar un proyecto. Pero si estás empezando, debes ser innovador al contar tu historia: mostrar cómo tus proyectos más pequeños tenían complejidad y demostrar que tu experiencia es relevante. El primer proyecto es el más difícil de conseguir, pero una vez que lo tienes, se abren muchas oportunidades.
Además del entorno parisino, ¿dirías que tu formación como ingeniera y arquitecta ha tenido influencias que hoy en día se reflejen en los proyectos que lleva a cabo Upsilon?
CY: Mi formación combina dos tipos de educación muy diferentes. Primero estudié ingeniería, donde me enseñaron a empezar con un amplio conjunto de hipótesis e ir reduciéndolas hasta llegar a una solución. Luego, en la escuela de arquitectura, fue al revés: comenzamos con limitaciones estrictas y tuvimos que ampliar nuestro pensamiento, recurriendo a la memoria, el entorno y la intuición. Alternar entre estas dos mentalidades fue la parte más difícil de mi formación, pero también es lo que hace que mi práctica sea única. Siempre abordo los temas desde ambas perspectivas, lo que enriquece mi trabajo y fomenta el debate con mi equipo. Muchos de ellos también tienen formación tanto en ingeniería como en arquitectura, por lo que, naturalmente, exploramos múltiples ángulos antes de integrarlos en un enfoque final.
Antes de empezar mi propio estudio, hubo cuatro experiencias clave que me marcaron. En primer lugar, mi doble formación académica en ingeniería y arquitectura. Estudié ingeniería en L’École Centrale-Supélec de París, y luego me trasladé a Londres, donde me especialicé en Diseño e Ingeniería Ambiental en la Bartlett School. Después, regresé a París para continuar mis estudios en la Escuela de Arquitectura de París-Belleville. Fue inspirador ver cómo, en otros países, la ingeniería y la arquitectura están más profundamente integradas. Allí aprendí la importancia de diagnosticar las condiciones existentes antes de empezar cualquier estudio, algo que aún influye en mi enfoque hoy en día. Luego, trabajé para el estudio de Alejandro Aravena en Chile. Inicialmente, me contrataron como ingeniera para ayudar a desarrollar detalles constructivos para proyectos de vivienda incremental, donde las propias familias construyen la mitad de sus casas. El reto era hacer que la construcción fuera lo más sencilla posible para los futuros residentes, manteniendo la calidad. Con el tiempo, tuve que integrar tanto los aspectos de ingeniería como los de arquitectura, centrándome no solo en soluciones técnicas, sino también en cómo las personas usarían y completarían sus hogares. Esta experiencia me enseñó que un buen diseño de detalle no trata solo de precisión, sino de hacer las cosas simples y funcionales.
Este enfoque sencillo y funcional puede observarse a lo largo de toda la obra de Upsilon, ¿qué otras experiencias han marcado tu trayectoria?
Después de esta experiencia, me uní al estudio de Anne Démians en París, que trabaja en proyectos a gran escala como campus de oficinas y rascacielos, muy diferente de lo que hago ahora. Pasé tres años y medio siguiendo una obra de construcción de principio a fin, lo que me dio un profundo conocimiento de cómo se construyen realmente los proyectos. Esa experiencia afianzó mi convicción de que, como arquitectos, debemos mantenernos involucrados durante todo el proceso de construcción para asegurar que nuestros diseños se lleven a cabo según lo previsto.
Finalmente, el punto de inflexión llegó en 2018. Estaba visitando a mi familia en Bretaña cuando el ciclón Carmen azotó la zona, devastando la costa y el puerto de mi ciudad natal, Crozon. En aquel momento, aún no era completamente independiente, todavía trabajaba para una empresa, pero me dirigí a las autoridades locales y sugerí que empezáramos a dialogar sobre cómo reconstruir. Incluso esbocé algunas ideas iniciales para dar comienzo a la conversación. Durante el año siguiente, colaboramos con arquitectos y equipos técnicos locales, desarrollando una visión para la reconstrucción. Al principio, mi motivación principal era la preocupación por mi ciudad, pero con el tiempo me di cuenta de que quería participar directamente en el proceso. Fue entonces cuando decidí fundar mi propio estudio. El municipio finalmente convocó un concurso público para la reconstrucción y, gracias al trabajo preliminar que había realizado, mi estudio ganó una parte del proyecto. Ese se convirtió en el primer encargo de Upsilon. Echando la vista atrás, no fue algo que hubiera planeado. No buscaba activamente la manera de abrir mi propio despacho; simplemente surgió de forma natural. Pero la oportunidad en Crozon me impulsó a emprender algo por mi cuenta. Recuerdo hablar con el alcalde, que me explicó que la reconstrucción se dividiría en tres fases. Fue entonces cuando supe que tenía que organizar mi despacho para poder optar al menos a una de ellas.
Cuéntanos más sobre estos primeros proyectos, y cómo la práctica de Upsilon se nutre de dos contextos tan diferentes como lo son París y Bretaña.
CY: Mi primer proyecto fue en Crozon. Me llevó mucho tiempo conectar con la gente y desarrollar la idea, y al final solo conseguí un pequeño proyecto de renovación para las oficinas del puerto y el centro náutico. En términos de tiempo y dinero, no fue particularmente eficiente, pero fue increíblemente gratificante y fascinante estar en la fase inicial del proceso. Mientras tanto, desarrollé mis propias actividades en París para mantenerme. Después de uno o dos años, cuando el proyecto en Bretaña tomó forma, me di cuenta de que podría ser valioso mantener ambos. Existe una tendencia creciente entre los estudios emergentes como el mío a posicionarse entre la ciudad y las zonas rurales, donde han surgido nuevas oportunidades a raíz de la pandemia.
En París, trabajé en el sector privado, lo cual fue fascinante porque muchos de los edificios más bonitos de la ciudad pertenecen a bancos, compañías de seguros y administradores de propiedades. Estos clientes operan bajo regulaciones estrictas, pero también priorizan la calidad, ya que son propietarios de sus edificios a largo plazo. Sus objetivos a menudo coinciden con los nuestros al buscar proyectos sostenibles y de alta calidad. En Bretaña, trabajar con el sector público me expuso a proyectos de muy diversa índole y escala, dando lugar a un contraste muy interesante. Al cabo de tres o cuatro años, mi práctica profesional estaba dividida equitativamente: pasaba una semana en Bretaña y otra en París. Fue interesante, pero agotador, sobre todo después del nacimiento de mi primer hijo. Tuve que volver a centrar mi actividad en París y, al mismo tiempo, estructurar mi equipo, creando una base sólida.
En cuanto a la diversidad de proyectos, me gusta renovarme y retarme a mí misma cada año, trabajando con diferentes tipos de clientes y escalas. Empece con rehabilitaciones en el sector privado en París, y luego pasé a proyectos públicos en Bretaña. Experimente con obra nueva, utilizando materiales reciclados como contenedores marítimos, como en el proyecto Saint Jacques para viviendas de emergencia en Saint Jacques de la Lande, y tierra local, como en el proyecto Kerlinou de viviendas sociales en Brest. Pero cuestioné el impacto de las nuevas construcciones, así que volví a la rehabilitación, esta vez centrándome en la conservación y la reutilización del edificio y los materiales existentes. Recientemente he empezado a trabajar en un nuevo tema: la reconversión de oficinas. Tras el abandono de muchos edificios grandes a raíz de la pandemia, nos dedicamos a transformarlos en viviendas y espacios comunitarios. Este ha sido un reto nuevo y apasionante.
¿De qué manera enfrentáis este reto de trabajar con edificios existentes y potencialmente abandonados? ¿Y con qué objetivo emprendéis este camino?
CY: Nuestro enfoque principal reside en la transformación de edificios existentes. A veces construimos obra nueva, pero casi siempre en relación con una estructura existente. Abordo esta urgencia desde tres perspectivas: social, ecológica y estética. Socialmente, la rehabilitación ayuda a adaptarse a los cambios demográficos, evitando la disrupción en los centros urbanos y creando vivienda asequible. Ecológicamente, reduce la demolición y el desperdicio de materiales. Estéticamente, los edificios históricos suelen tener cualidades difíciles de replicar en la nueva construcción, lo que convierte la conservación en una opción evidente. Nuestro trabajo se centra principalmente en la transformación, la conversión, la rehabilitación y las ampliaciones; en esencia, la regeneración. Cuando trabajamos en nueva construcción, incorporamos la reutilización como idea central del diseño, como la unidad de vivienda de emergencia construida íntegramente con contenedores de transporte reutilizados o el proyecto de vivienda social donde utilizamos tierra extraída del propio solar para las paredes.
Para respaldar este enfoque, desarrollamos una metodología precisa. Cada proyecto comienza con una fase de diagnóstico exhaustiva, en la que negociamos con los clientes para dedicar el tiempo necesario a estudiar las condiciones existentes y los recursos del lugar. El objetivo es preservar al máximo y demoler solo cuando sea absolutamente necesario. Cuando la demolición es inevitable, priorizamos la reutilización de materiales dentro del proyecto. Esto requiere educar al cliente, explicándole por qué conservamos ciertos elementos y cómo se reutilizarán los materiales retirados. Cuento con un miembro del equipo especializado en este campo: un ingeniero con un rol de consultor en todos los proyectos. Él se asegura de que integremos estrategias de reutilización desde el principio, ya que si consideramos la reutilización demasiado tarde, resulta imposible implementarla eficazmente. Otra integrante clave del equipo se centra en la búsqueda de materiales. Colabora con empresas, productores y proveedores para encontrar materiales ecológicos y de alta calidad que se ajusten a las limitaciones y objetivos de cada proyecto. Trabajar con edificios existentes implica que cada proyecto tiene detalles únicos que deben considerarse cuidadosamente. Priorizamos soluciones inteligentes que minimicen el uso de materiales y eviten enfoques demasiado complejos o que requieran muchos recursos.
Nuestro equipo se estructura en dos grupos principales. Uno se centra en el diagnóstico, el análisis de recursos y las estrategias de sostenibilidad, asegurando que cada proyecto se adhiera a nuestra metodología. El otro gestiona la interacción con el cliente y supervisa la ejecución diaria del proyecto. Mantener un equipo estable es difícil, pero hemos construido una base sólida. Como mínimo, los tres que trabajamos en diagnóstico, reutilización y búsqueda de materiales estamos comprometidos a largo plazo. Mi rol es más transversal: superviso el panorama general, asegurando que los edificios rehabilitados cumplan con los estándares actuales de confort y las normativas vigentes. Esto es particularmente complejo sin recurrir a soluciones estándar de aislamiento o calefacción que podrían no ser adecuadas para los materiales del edificio, ya sean madera, piedra o metal. Mi formación en ingeniería me ayuda a navegar estos retos y a seleccionar los materiales apropiados para obtener resultados duraderos, de alto rendimiento y rentables.
Recientemente os habéis movido a vuestro propio espacio, diseñado por Upsilon, ¿de qué manera este cambio ha supuesto una nueva etapa para el estudio? ¿Cómo influye la arquitectura y el diseño de la oficina en vuestra manera de trabajar?
CY: Hace unos meses nos mudamos a nuestra nueva oficina y estoy muy ilusionada con esta nueva etapa. Diseñamos el espacio nosotros mismos para un cliente al que conocemos desde hace mucho tiempo; de hecho, fue uno de los primeros clientes con los que trabajé. Por casualidad, pudieron comprar el edificio, lo que hizo que el proyecto fuera aún más especial. Existe una gran confianza entre nosotros y, como se trata de un proyecto tan personal para ellos, nos dieron la oportunidad de diseñar algo en lo que realmente creemos, incluyendo nuestro propio espacio de oficina, lo que supone un cambio significativo para nosotros.
Además, está ubicado en una zona que refleja a la perfección el tipo de proyectos en los que trabajamos. La mudanza ha sido un verdadero punto de inflexión para nosotros, ya que me permitió experimentar con ideas que a menudo no podemos explorar por completo en otros proyectos debido a limitaciones presupuestarias, complejidad técnica o preferencias del cliente. Al ser también nuestro propio espacio de trabajo, tuve la oportunidad de introducir soluciones de diseño que quizás no habría podido implementar en otro lugar. Tuvimos mucha más libertad y el cliente está profundamente comprometido con la sostenibilidad y la eficiencia energética, lo que nos dio la oportunidad de profundizar en estos aspectos. Diseñar un espacio donde trabajamos a diario es especialmente emocionante. Es una oportunidad para impulsar aún más los valores que ya priorizamos en nuestra práctica, como la reutilización de materiales existentes, el uso de materiales naturales y las estrategias de diseño para la eficiencia energética. La oficina se organiza en torno a tres espacios particularmente importantes. En primer lugar, está la sala de reuniones, que desempeña un papel central en nuestras actividades diarias. Dado que paso mucho tiempo reuniéndome con clientes y colaborando con el equipo, queríamos crear un ambiente cómodo donde la gente pudiera pasar largos periodos a lo largo del día. Luego está la biblioteca de materiales, que reúne todos los materiales con los que trabajamos. Se trata de una gran pared con un importante impacto visual y una fuerte presencia en el espacio. Más allá de simplemente exhibir materiales, también se ha convertido en un lugar donde solemos ir para concentrarnos o incluso reunirnos con clientes. Finalmente, está el patio, que ofrece un espacio exterior muy agradable y nos permite mantenernos conectados constantemente con el exterior.
Entrevista realizada en inglés por Gianpiero Venturini
Edición y adaptación al español: Marta Hervás Oroza
Retrato autora: Alexandre Onimus
EDICIÓN
Fundación Arquia
Barquillo, 6, 28004 Madrid
fundacion.arquia.com
DISEÑO GRÁFICO
FOLCH
ISSN 2605-3284
© de esta edición,
Fundación Arquia, 2018 © del texto e imágenes, su autor
La edición de esta publicación ha sido patrocinada por Arquia Banca.
PATRONATO
FUNDACIÓN ARQUIA
Presidente
Javier Navarro Martínez
Vicepresidente 1º
Alberto Alonso Saezmiera
Vicepresidente 2º
José Antonio Martínez Llabrés
Patronos
Carlos Gómez Agustí
Fernando Díaz-Pinés Mateo
Daniel Rincón de la Vega
Javier Ventura González
María Villar San Pío
Montserrat Nogués Teixidor
Naiara Montero Viar
Directora Fundación Arquia
Sol Candela Alcover