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Homenaje a la escala 1:12 y a la Casa de Ensueño de Barbie

En mi primera estancia académica en Reino Unido como estudiante de intercambio asistí con asombro a una conferencia en el departamento de arquitectura en la que el ponente defendía el sistema imperial de unidades —ya saben, pintas para volumen, pulgadas y pies para dimensiones, libras para peso, etc.— como el más adecuado para el diseño de objetos y edificios, puesto que estas unidades tienen como punto de referencia las dimensiones del cuerpo humano. Tales posiciones, que forman parte del ensamblaje intelectual que años más tarde nos regaló el Brexit, sonaban entonces a excentricidad y provocación. Quince años más tarde ese asombro se ha diluido después de usar la escala 1:12 de manera sistemática en mi trabajo de investigación en la escuela Bartlett de arquitectura, University College London.

La escala 1:12 hace referencia a la relación entre pies y pulgadas: una pulgada (25.40mm) en el dibujo o maqueta equivale a un pie (304.8 mm) en la realidad. Su uso era relativamente común en juguetes y miniaturas como casas de muñecas, pero la construcción de la casa de muñecas para la Reina María en 1921-24, obra del arquitecto Sir Edwin Lutyens, vinculado al movimiento Arts and Crafts, la consagró como la escala canónica de las casas de muñecas hasta hoy en día.

La casa de muñecas forma parte de las colecciones reales, se conserva en el castillo de Windsor, a las afueras de Londres y refleja con un nivel de detalle excepcional una visión edulcorada y nostálgica de la domesticidad victoriana. Pesa a que su descomunal tamaño la separa de la mayoría de casas de muñecas, este aspecto la incluye en una tradición de nostalgia por una esfera doméstica pasada que desde los primeros ejemplares que se conservan en Europa desde el siglo XVII es central al diseño de las casas de muñecas. Esto puede observarse en la mucho más reciente mansión Playmobil de 1989, escala 1:24, que refleja una visión idealizada de la domesticidad del cambio de siglo.

La poeta y crítica literaria Susan Stewart ha reflexionado de manera extensa sobre el significado y rol en nuestra cultura de las miniaturas en general y de las casas de muñecas en particular, poniendo énfasis en su carácter nostálgico y en su público adulto, pese a las apariencias. No obstante, existen ejemplos de casas de muñecas dirigidas a niñas desde el siglo XVIII. Éstas solían tener como intención principal no tanto el juego sino la instrucción de roles de género y estructuras de clase que servirían de andamiaje a la futura esfera doméstica centrada en torno a ellas. Una forma de instrucción y ensayo de la domesticidad futura.

Estas reflexiones encuadrarían las casas de muñecas como un dispositivo de valores conservadores, o incluso reaccionarios. No obstante, en mi trabajo defiendo que tal afirmación requiere de un matiz. Comparando las casas de muñecas con las maquetas de arquitectura al uso, la historiadora Paulette Singley cualifica las casas de muñecas como ‘objetos desobedientes’. En su opinión esa desobediencia se manifiesta en dar prioridad a la narración sobre la claridad espacial, y al ornamento, a menudo recargado, sobre la congruencia estructural.

Estas reflexiones corroboran mi experiencia usando casas de muñecas y maquetas a escalas 1:12 en la unidad docente que dirijo con Izaskun Chinchilla en la escuela Bartlett de arquitectura. Escalas como la 1:12, y enunciados como una casa de muñecas o un teatrillo de papel fuerzan a los estudiantes a tomar decisiones desde el punto de entrada de los acabados y la experiencia de los usuarios, aplanan las jerarquías técnicas que hemos heredado del movimiento moderno, e invitan al estudiante a anticipar la vida social de su edificio desde el inicio del proceso de diseño.(4)

Entender las casas de muñecas como objetos desobedientes nos ayuda a repensar sus características. La avidez por la nostalgia de una esfera doméstica pasada y edulcorada es también el potencial para explorar utopías domésticas futuras, mientras que su rol en la instrucción y reproducción de estructuras de género nos permite distorsionarlas en herramientas para la crítica de dichas estructuras. Estas distorsiones, enlazan la desobediencia disciplinar que Singley identifica en las casas de muñecas con la desobediencia biopolítica que el filósofo Paul Preciado invita a que abracemos los arquitectos. (5)

En sus múltiples reencarnaciones, la Casa de Ensueño de Barbie (escala 1:6) demuestra el potencial de las casas de muñecas y sus escalas para pervertir las normas de género y proyectar hacia el futuro utopías domésticas. Desde la circulación por tobogán entre dormitorio y terraza, provista de piscina de burbujas en las ediciones de los 2000, al idílico retiro campestre de las casas A-frame de las ediciones de los años 1970. Pero ninguna de ellas demuestra el potencial para la utopía doméstica y la crítica de la espacialización del género en el hogar que las casas de la película Barbie escrita y dirigida por Greta Gerwig (2023). En plena guerra cultural sobre los derechos de las personas transgénero a ambos lados del atlántico, con especial énfasis en su acceso a un espacio u otro, el film argumenta de manera explícita que la decoración de interiores asume un rol protagonista en la construcción del género, un rol del que carecen los genitales – ‘no tenemos de eso’ responde Barbie a un agente de policía recién llegada al mundo real.

En suma, mi trabajo reconoce el bagaje reaccionario de las casas de muñecas y su uso generalizado en la perpetuación de valores conservadores. No obstante, mi propia práctica de construcción de casas de muñecas a escala 1:12 demuestra su potencial para el pensamiento crítico, a través de herramientas espaciales y visuales, sobre la intersección del espacio doméstico con el sistema sexo-género. Mis casas de muñecas exploran disidencias de ese sistema sex-género tanto pasadas como futuras e intenta, como objetivo último, expandir la imaginación de los arquitectos no solo en cuanto a las escalas, sus usos y potenciales, pero también en cuanto al andamiaje político que construimos, casi siempre de manera inconsciente, cada vez que proyectamos una vivienda.

  1. Susan Stewart, On Longing: Narratives of the Miniature, the Gigantic, the Souvenir, the Collection (Duke University Press, 1993), https://doi.org/10.1215/9780822378563.
  2. En su trabajo de investigación sobre los hoteles de miel en las montañas Pocono del estado de Nueva York, la historiadora de la arquitectura Barbara Penner, defiende que estos espacios no tienen solo una función de ocio, sino que actúan como un lugar de ensayo de la domesticidad futura de la pareja de recién casados.
  3. Barbara Penner, Newlyweds on Tour: Honeymooning in Nineteenth-Century America, Becoming Modern: New Nineteenth-Century Studies (Durham, N.H. : Hanover [N.H.]: University of New Hampshire Press ; Published by University Press of New England, 2009).
  4. Paulette Singley, ‘Dollhouses and Other Bad Objects’, Log, no. 50 (2020): 75–89.Izaskun Chinchilla Moreno, ‘La Estructura de la Revolución Ecológica en Architectura’ (Madrid, Universidad Politécnica de Madrid, 2015).
  5. Paul B. Preciado, ‘Architecture as a Practice of Biopolitical Disobedience’, Log 25, no. Summer 2012 (2021): 121–34, http://www.jstor.com/stable/41765746.
Por:
Daniel Ovalle Costal es Arquitecto por la ETSA de Madrid y ejerce en Londres por cuenta propia, después de haber trabajado en estudios como ACME y Wilkinson Eyre. Actualmente es profesor titular en la escuela Bartlett de arquitectura, donde es director de admisiones y co-dirige la unidad docente PG22 con Izaskun Chinchilla. Como investigador, Daniel se centra en la intersección del diseño arquitectónico con el estudio del espacio doméstico y los estudios queer. Su metodología de investigación se basa en la construcción de maquetas y prototipos y está especialmente interesado en formas de construir provenientes de la cultura popular, como casas de muñecas, miniaturas, y libros pop-up.

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