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Zabalbeascoa, A. (2020) ‘Diferencia entre simple y sencillo’, en El País (versión digital), 28 de enero de 2020.

La sencillez es algo muy complejo

Fuente: pixabay

El mago argentino René Lavand solía decir que “hay que buscar la belleza de lo simple, y distinguir lo simple de la simpleza”.

 

Lavand, que quedó manco en un accidente de tráfico cuando tenía nueve años, aprendió a hacer ilusionismo con una mano hasta convertirse en uno de los mejores cartomagos del mundo. Frente a la prestidigitación, acuñó el término lentidigitación, haciendo trucos que además de su aparente sencillez, ejecutaba a un ritmo tan pausado que parecía desafiar al público a descubrirle, incitándoles con su popular frase: “No se puede hacer más lento”.

 

Esa distinción entre lo simple y la simpleza que pedía Lavand era precisada por Anatxu Zabalbeascoa, distinguiendo en realidad entre lo simple y lo sencillo:

 

“A diferencia de muchas lenguas, el castellano permite diferenciar entre lo simple y lo sencillo. Recordemos: lo simple es llano, fácil, falto de profundidad. Lo sencillo es certero, esencial, preciso, sobrio, escueto, claro y puede también ser modesto. Es justamente la modestia, la falta de pretensión, lo que une lo simple con lo sencillo. Pero en lo primero modestia se traduce por humildad y, a veces, en cierta falta de ambición. En lo sencillo, la falta de pretensión es consecuencia de un esfuerzo, de la voluntad de reducir a lo irreductible sin renunciar a la ambición.” 1

 

 

En arquitectura, esa presencia de la belleza en la simplicidad -conocida en la cultura japonesa con el término Wabi- nada tiene que ver con el minimalismo como pretensión de reducir al mínimo los elementos, sino con el empleo preciso y certero de los elementos necesarios y nada más que los necesarios.

 

Ése es el esencialismo que enarbolan maestros como Pawson o Campo Baeza, quien rehúsa la etiqueta de minimalista para definir su obra como intensa y destilada de lo accesorio, análogamente a la precisión poética a la hora de seleccionar las palabras adecuadas.

 

La belleza de la arquitectura sencilla no va, por tanto, de hacer cajas blancas de líneas rectas y creernos con ello un adalid del minimalismo.

 

La belleza de la arquitectura sencilla va de lo que está pero, por encima de todo, de lo que no está. Porque detrás de cada elemento eludido hay una profunda reflexión en torno a su (no) necesidad, en torno a su carácter esencial para el conjunto.

Porque si una caja es blanca debe serlo por su esencia, no por el capricho de serlo. Porque si una recta es recta, es porque debe ser así y de ningún otro modo.

 

Porque una caja blanca de líneas rectas puede ser algo muy simple. Pero cuando somos capaces de destilar lo superfluo y quedarnos con lo esencial, lo banal desaparece y lo que se nos muestra como simple presenta en realidad una delicada belleza oculta en su sencillez.  Ése es el mayor truco de ilusionismo al que la arquitectura –y cualquier arte- puede aspirar: conseguir que algo realmente complejo se nos muestre como descaradamente sencillo.

 

No se puede hacer más lento…

Notas de página
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Zabalbeascoa, A. (2020) ‘Diferencia entre simple y sencillo’, en El País (versión digital), 28 de enero de 2020.

Autor:
Arquitecto por la U. Europea de Madrid y la New School of Architecture and Design de San Diego (California, USA). | MArch bajo la docencia de Álvaro Siza, E. Souto de Moura, Aires Mateus, Carlos Ferrater o Fran Silvestre entre otros. | Doctor Sobresaliente Cum Laude por la U. Politécnica de Valencia. Actualmente compagina la actividad investigadora con el trabajo del estudio (www.raulgarcia-studio.com)

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