Empatía

Recuerdo del 75º aniversario de la liberación del campo de concentración y exterminio Auschwitz y de sus innumerables víctimas. (foto: J. Prokopljević)

 

Cada vez más, las obras arquitectónicas se explican mediante el concepto de la empatía. Un edificio empatiza con sus usuarios, especialmente si tienen necesidades especiales. También con su contexto físico y cultural siempre que incluya elementos protegidos del medio natural y del construido. Entender y atender a las necesidades del otro, escuchar activamente sus opiniones y saberse poner en su lugar para definir el proyecto como solución a la multiplicidad de cuestiones que plantea una obra de arquitectura, la convertiría en empática. Sin embargo empatía no funciona sólo en el plano operativo y programático, sino abarca un amplio campo de sentimientos y memorias. Además, la arquitectura se adelanta y trata de buscar respuestas a situaciones futuras, así que  tendríamos que considerar empatía en un sentido mucho más complejo y más duradero.

 

Según la neurociencia, empatía se refiere al mundo de los sentidos y de las reacciones neurológicas a diferentes estímulos o accidentes físicos y visuales. El descubrimiento de las llamadas células espejo que nos permiten vivir la acción o el sentimiento del otro como propio, fue la base neurológica para explicar qué es y cómo funciona una relación empática. En consecuencia, la evolución humana excede la evolución material, de control y conquista del medio natural, sino que es también afectiva e incluye la creciente sensibilidad hacia otros componentes del nuestro entorno. Para Jeremy Rifkin, la nuestra ya es una civilización empática donde las relaciones interhumanas tienden a guiarse por las emociones y acciones inducidas desde la afinidad y la empatía. Que la empatía por la biosfera prevalezca sobre el desarrollo material y utilitarismo económico, dependerá del nivel de desarrollo de la nuestra civilización.

 

En la misma línea se encuentra la reflexión de Juhani Pallasmaa sobre el carácter empático de la arquitectura entendida como cruce de imaginación formal y sensorial. La modernidad en el siglo XX estableció la racionalidad y funcionalidad como cualidades dominantes en la creación del nuestro entorno, dejando poco espacio para una reacción emocional y haciendo imposible justificar la construcción desde un punto de vista individual, de la experiencia, memoria o afinidad. Al diseñar un espacio el arquitecto apela a la inteligencia espacial para hacer entender su proyecto y para conectar con el imaginario y el mundo emocional de sus usuarios.

 

Son diferentes los niveles cognitivos de la obra arquitectónica en los que opera la empatía: individual o persona, donde la empatía se refiere a las necesidades y sensibilidades de cada uno; físico y medioambiental que tiene en cuenta el lugar real, sus trazas, fragilidades y memorias y el socio-cultural, donde la empatía dialoga con la memoria, significados y usos específicos.  Hablar de empatía en arquitectura significa entender en qué manera se relaciona con cada uno de estos niveles, las emociones que provoca y, en consecuencia, las actividades que nos inspira a realizar.

Autor:
(Belgrado 1972) Arquitecta por la universidad de Belgrado (1998) y Doctora por la UPC de Barcelona (2006) con la tesis sobe representación e ideología en la obra arquitectónica. Ha co-comisariado con Jaume Prat e Isaki Lacuesta el pabellón Catalán en la XV Bienal de Venecia, en la edición anterior participo en el pabellón de Corea ganador del León de Oro. Ha investigado la modernidad arquitectónica del mundo socialista, escrito y dado conferencias en diversas universidades europeas. Colabora con el departamento de Historia contemporánea de la UAB y es miembro del comité científico del Premio Europeo del Espacio Público.

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