Últimos posts
Tema - Arquitecto y sociedad
Tema - Compromiso social

Un fuerte.

Fuerte de sillas y mantas. Autora Jimena Echarte (Imagen del autor)

Las niñas hacen fuertes. Pequeños refugios construidos con telas, sillas, pashminas y pinzas. Llenos de mantas, luces y libros.

Las niñas —y no tan niñas— construyen pequeñas burbujas dentro de habitaciones; espacios que contienen juegos hasta el extremo de ser un juego en sí mismos. Refugios de solidez imaginaria impenetrable y de fragilidad material delicada.

No es necesario remontarnos a Bachelard y su espacio nido. No, es más sencillo: Las niñas hacen fuertes. Refugios.

Tendemos a olvidar que para muchas niñas el colegio es ese refugio. Un lugar en el que se les escucha, ordenado, caliente (o fresco), donde existe un cierto grado de protección. Esa mezcla de espacio, programa y usuarios que hace de algunos lugares arquitectura que civiliza, en los términos de Antonio Miranda.

La urgencia del curso pasado obligó a los docentes a resolver problemas casi al tiempo que aparecían. Con pocos medios, aumentando la carga de trabajo prácticamente al doble e intentando no dejar a nadie atrás el resultado general ha sido encomiable (gracias).

Y sin embargo, las teleclases no son la solución. La socialización es tan importante como el contenido y se hace complicada a través de una pantalla. Las teleclases suponen además un esfuerzo extra que asumen, en un alto porcentaje de los casos mujeres, sobrecargando su jornada laboral o, directamente, imposibilitándola.

Se tiende a ejemplificar esta cuestión a través de hogares equipados con wifi y ordenadores para cada miembro de la familia. Con espacios, mejores o peores, en los que poder desarrollar una cierta privacidad. Lugares refugio.

¿Qué ocurre cuando esa casa refugio no existe porque, como diría Banham, no es lo mismo casa que hogar?. Que pasa cuando no hay wifi. No hay libros. No hay privacidad. Cuando el espacio, literalmente, no está.

¿Qué ocurre cuando ese refugio, decíamos, es el Colegio?. Cuando no es una ampliación del fuerte de almohadas que hicimos anoche en el salón sino que es El Álamo. La raya en la arena. Es el lugar que nos protege. El único lugar que lo hace.

Volver a ese refugio parece cada vez más necesario. En algunos casos, imprescindible.

Por supuesto, la arquitectura tiene mucho que hacer. Habrá tiempo para hablar de la especulación de suelo, de las plagas del alquiler turístico y la gentrificación. De las tonterías que se dijeron en cierta prensa cuando se publicó el decreto vasco sobre vivienda que no parece ahora tan descabellado.

Hablar de los colegios. De que podemos hacerlo mejor. De van Eyck. De aulas que se abren al exterior, de luz, de ventilación.

Pero me van a permitir que rememore los errores de la modernidad heroica. Frente a discursos impostados en los que la palabra ‘política’ aparece casi tanto como la palabra ‘mecanismo’ es bueno asumir que la arquitectura no lo soluciona todo y quizá sea conveniente recordar que, si hablamos de colegios, las ratios deberían ser menores. Que los profesores deberían cobrar mucho más. Que deberían dárseles medios y claridad. Todos los posibles.

Que la auténtica conciliación no es trasladar todo a teleclases sino proveer los mecanismos laborales y de inspección que eviten que una niña con febrícula acabe pasando la mañana en clase con un antipirético porque sus padres (su madre, las más de las veces) temen perder su trabajo o porque la conciliación es imposible.

Porque eso, todo eso, también son fuertes.

Son los refugios de todos.

Autor:
(Almería, 1973) Arquitecto por la ETSAM (2000) y como tal ha trabajado en su propio estudio en concursos nacionales e internacionales, en obras publicas y en la administración. Desde 2008 es coeditor junto a María Granados y Juan Pablo Yakubiuk del blog n+1.

Deja un comentario

Tu correo no se va a publicar.

*

Últimos posts