1

Fragmento extraído de AALTO, A. (1970) y publicado en «Palabra y por escrito», Editorial El Croquis, Madrid, 2000.

2

BACHELARD, G., «La tierra y las ensoñaciones del reposo» en México D.F.: Fondo de cultura económica, p.211 (2006) y citado por DE BENITO, A. «La casa como escenario lúdico los objetos subvertidos. El jugar como acción creativa y experimental en el entorno cotidiano» en REIA #07-08, 2017.

3

Concepto generado a partir del término espacio umbral de CABANELLAS, I. / ESLAVA, C. (2005) «Territorios de la infancia. Diálogos entre arquitectura pedagogía», Editorial Gráo, Barcelona.

Habitar (I): debajo de los objetos domésticos

Dibujo: Niños jugando bajo una mesa “tudor”, dibujo de Xavier Monteys.

«La mesa blanca es enorme, posiblemente la más grande del mundo, al menos del mundo y de las mesas que conozco. De sólida construcción, con un tablero de más de siete centímetros de grosor, la mesa domina la sala más amplia de la casa familiar. (…)

Tal es su dimensión que se sientan alrededor doce ayudantes de mi padre (…) La gran mesa tenía dos niveles. En el centro se esparcían los instrumentos de precisión: una regla de acero de hasta tres metros, un compás, un escalímetro y otras cosas por el estilo. (…)

Aquél era el centro del trabajo; pero, como ya he dicho, la mesa tenía dos niveles.

Yo fui el habitante del nivel inferior desde que comencé a gatear a cuatro patas. Parecía una espaciosa plaza, tan sólo dominada por mí. Después alcancé la madurez suficiente para mudarme al nivel superior, al mismo tablero de la Mesa Blanca. (…)

La Mesa Blanca de mi niñez era grande; ha continuado creciendo y sobre ella he realizado el trabajo de mi vida.»1

 

Seguramente Alvar Aalto a la corta edad de cuatro años, no sabía que, al jugar debajo de la mesa estaría subvirtiendo un objeto. Que lo que su padre y sus ayudantes de trabajo entendían, quizás, como un espacio residual, para él se antojaba como un lugar hecho a su medida. Que aquella Mesa era un refugio a escala 1:1, en el que su línea de visión horizontal –ochenta y cinco centímetros– establecía una relación de su propio cuerpo con el espacio que habitaba. La Mesa Blanca configuraba una cabaña: la casa dentro de la casa, como lo definió Gastón Bachelard:2 «un refugio que nos sugiere la toma de posesión de un mundo. Por precario que sea, brinda todos los sueños de la seguridad». Y, sin ser consciente, aquel objeto doméstico formó parte en la construcción de su imaginario infantil, llegando a expresar, en 1970, su experiencia espacial que vivió en su niñez alrededor de la Mesa Blanca de su padre.

 

Aalto expresó cómo la sala principal del espacio doméstico se transformó a través de la Mesa –que  fue adaptándose a las necesidades que en sus distintas etapas demandaba–  un lugar donde refugiarse, un espacio donde trabajar… La transformación del objeto doméstico estuvo determinada por la evolución de Aalto como usuario y por el empleo que éste hizo del propio objeto, y no por el espacio doméstico en el que se encontraba la Mesa.

 

Para el padre de Aalto, la mesa constituía un soporte donde trabajar y reunirse con sus ayudantes. Para Aalto, la Mesa se convirtió en el objeto-umbral3 que separaba su mundo del mundo de los adultos, dentro del inmenso espacio doméstico en el que todos habitaban. La Mesa Blanca como objeto-umbral lúdico posibilitó la transición de un espacio a otro, y su cualidad de espacio dual permitió la diferenciación de lugares adyacentes –el mundo de los adultos y el mundo de los niños– y al mismo tiempo la configuración de un único ámbito: el espacio doméstico donde creció Aalto.

 

Durante los primeros años de infancia, Aalto convirtió la Mesa Blanca en su refugio, un espacio «no visible» para los adultos y que seguramente se convertiría en numerosas ocasiones en lugar de reunión para él y otros niños. Unos años más tarde abandonaría «esa cueva» y construiría su propio refugio sirviéndose de otros objetos del espacio doméstico: sillas, alfombras, mantas y cojines. Con el paso de los años Aalto creció, y la construcción de esos espacios determinó, de una forma u otra, su vida.

 

 

 

Notas de página
1

Fragmento extraído de AALTO, A. (1970) y publicado en «Palabra y por escrito», Editorial El Croquis, Madrid, 2000.

2

BACHELARD, G., «La tierra y las ensoñaciones del reposo» en México D.F.: Fondo de cultura económica, p.211 (2006) y citado por DE BENITO, A. «La casa como escenario lúdico los objetos subvertidos. El jugar como acción creativa y experimental en el entorno cotidiano» en REIA #07-08, 2017.

3

Concepto generado a partir del término espacio umbral de CABANELLAS, I. / ESLAVA, C. (2005) «Territorios de la infancia. Diálogos entre arquitectura pedagogía», Editorial Gráo, Barcelona.

Autor:
Arquitecta por la ETSAS (2017). Su proyecto final de carrera Paisajes Domésticos: sobre la arquitectura, lo social y el juego ha sido seleccionado en la Bienal de Venecia 2018. Creatividad, ganas e ilusión por mejorar cada día son características que la definen. Actualmente estudia el Máster de Diseño de Instalaciones en Arquitectura y Eficiencia Energética.

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