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La vida oculta del arquitecto

Autora del post: Nuria Heras Diez

Inmersa en una reunión de coordinación, me sorprendo reflexionando sobre cuántas horas al día invierto en tareas que no tienen ningún tipo de relación con la imagen estereotipada de la vida del arquitecto.

 

Como acto reflejo a una reflexión conocida, viene a mi mente la imagen de un Catedrático en la charla del primer día de universidad. Subido a la tarima de una de sus aulas, con aire autoritario camina de un lado al otro del podio y espeta sin acritud, “más de la mitad de vosotros no trabajaréis nunca de arquitectos”.

 

Los años peleando por continuar haciendo lo que me apasiona me hacen mover afirmativamente la cabeza al recordar al maestro y preguntarme, ¿es ésto también ser arquitecto? 

 

La imagen que habitualmente se proyecta de nosotros es una imagen sesgada, nos retratan como personas creativas, con dotes artísticas y de aire bohemio o desenfadado. Lejos de negar que somos muchos los que encajaríamos con esa definición, hay que empezar a visibilizar la gran variedad de ángulos que nuestra profesión aborda y enfatizar la importancia de la visión transversal que nuestro trabajo requiere.

 

Analizo mis primeros proyectos y la manera en la que exprimía mi tiempo al máximo para darle una vuelta más de tuerca al diseño. Al ganar experiencia y responsabilidades, el porcentaje de horas se invierte, tomando importancia tareas relacionadas con mundos tan dispares como la economía, la psicología o el marketing.

 

Disfruto frente a una parcela vacía; viendo el sol iluminando el espacio y a la sombra ganarle camino. Me gusta el papel en blanco, la tabula rasa, el vértigo al hacer la primera línea antes incluso de entender por completo las necesidades del programa. Y disfruto dedicándole tiempo a eso; diseñando con mimo pero sobretodo con responsabilidad.

 

Lamentablemente en mi día a día, puedo decir que sólo un 30% de mi tiempo lo invierto a esa primera fase del diseño. A diario, coordino a mi equipo para dar lo máximo; diseño con ellos pero más en la distancia, también escucho sus problemas imprescindible para entender adecuadamente su rendimiento y compromiso con la empresa. Hablamos con consultores para discutir problemas específicos de nuestros diseños, intentando ser ingenieros, expertos en acústica o paisajistas. También negociamos honorarios con nuestros clientes, no sin antes haber hecho un profundo estudio de lo que nos costaría desarrollar el proyecto y confirmando disponibilidad de equipo.

 

En las visitas de obra subimos escaleras imposibles, ataviados con cascos, botas y demás, pero sobretodo portando el último sketch diseñado de madrugada para solucionar ese pequeño desvío de obra.

 

Y al volver a la oficina tenemos un encargo nuevo….una sinagoga…. ¡habrá que investigar sobre tipos de cultos y sus programas básicos!

 

En el artículo “la distancia justa”, Santiago de Molina reflexionaba sobre la importancia de explicar al alumno en su primer día de clase la “biología del límite”, los límites físicos que impiden ver lo que las computadoras permiten. En esa misma clase deberíamos explicarles la faceta poliédrica de nuestra profesión, la vida oculta que tendrán que adoptar aquellos que consigan finalmente ejercer la arquitectura a sabiendas que su pasión tendrá que estar disputándose las horas con otros quehaceres. Dichas tareas enriquecerán en ocasiones nuestro trabajo relacionándonos con otros campos ajenos a la arquitectura y en otras, serán la herramienta necesaria para hacer viable el éxito de la compañía.

Autor:
La Fundación Caja de Arquitectos se constituye como Fundación cultural privada el 23 de Mayo de 1990, con el objetivo de promover y fomentar fines de carácter cultural, social, asistencial, profesional y formativo en el campo de la arquitectura, la construcción, el diseño, el urbanismo y, en general, de todo aquello relacionado con la actividad de los arquitectos.

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