Siza: lo complejo en la simplicidad

Tierra, agua, aire y fuego. Estos eran los cuatro elementos básicos de la Grecia Antigua que explicaban una serie de fenómenos complejos y servían de base para la elaboración de ciertas teorías. En Japón, la tierra representaba lo que era sólido, el agua la materia liquida y el aire las cosas que se movían.

Shihlien Chemical Industrial Park Office, Siza y Carlos Castanheira, (2014 Fernando Guerra). Observando la extensa obra de Álvaro Siza, que atraviesa diversas épocas y movimientos, y que transita desde lo habitacional a lo cultural, pasando por lo religioso, conseguimos identificar una pureza formal exquisita, ejecutada con un gesto singular que poéticamente nos llena los sentidos. Con influencia de grandes maestros como Le Corbusier, Aalto, F.L Wright, Mies Van der Rohe o Loos. Siza crea un lenguaje manierista en el que la geometría parece nacer del lugar y donde las formas arquitectónicas se centran naturalmente en el paisaje. La arquitectura de Siza está hecha de una mezcla de gestos genuinos que son a la vez amplios, pero sensibles a nuestra dimensión, al cual se une el respeto por la tradición y lo local, rechazando una arquitectura internacional genérica y exuberante.

Desde sus inicios, en algunas de las casas que proyectó en el norte de Portugal, como es el caso de la casa Alcino Cardoso o la Casa Beires, Siza revela los principios sólidos de su disciplina, como el frecuente uso de la madera en cerramientos y carpinterías, al modo de Aalto y Távora. En la Casa Beires parece haber una “explosión” de la forma cubica de la casa, que origina un patio alrededor del cual esta se organiza. En una implantación de inicio poco interesante, Siza logra crear en este proyecto una casi escultura habitable que, con un trazo de autor, escapa a la rigidez de lo moderno. En el campo de la habitación colectiva, Siza ha sido capaz de aunar la sensibilidad y la funcionalidad exigida, en un diálogo permanente con la población.

En varias de sus obras la relación telúrica es evidente, pero es en las piscinas de Leça que la arquitectura se disuelve en la naturaleza, construyendo el mise-en-scène hasta el mar. Esta puede muy bien ser, de todas las obras del arquitecto, aquella que mejor demuestra que, combinando pocos elementos, se consigue crear una experiencia arquitectónica de excelencia.

En el Centro Gallego de arte Contemporáneo se siente el peso de la pared exterior que casi toca el suelo, o, en el Pabellón de Portugal, la tensión creada por la estructura de hormigón sujetada por cables de acero, que aparenta la ligereza de una hoja de papel. En el más reciente Museo de Arte Contemporáneo Nadir Afonso, el juego de volúmenes del arquitecto se orquesta de la mejor manera para cumplir con las obligaciones del programa, en un proyecto con muchas similitudes con la Fundação Serralves o la Biblioteca de Viana do Castelo. En estos últimos, observamos un sublime rigor geométrico y una similar preocupación por el detalle y la luz, ya sea a través de largas, pero sensibles, ventanas o las cajas de iluminación cenital.

Pabellón de Portugal, Álvaro Siza, 1998 (Fernando Guerra)

Siza es maestro porque logra ser artista, ingeniero, poeta, pero, sobre todo, humano. Una gran parte de su arquitectura no ha sido exhaustivamente racionalizada, sino resultado de un dibujo que, en pocas líneas, se explica, a menudo inspirado en el cuerpo humano, de volúmenes que se entrecruzan, de estructuras, de curvas, de luz, de sombra, del vacío y de su revés, de piedra, de madera y de muchas de esas cosas innatas a la Naturaleza, en una arquitectura serena como el rio e imponente como la montaña.


Texto traduzido por Inês Veiga

 

Autor:
(Coimbra, 1991) Arquiteto recém-graduado pela Universidade de Coimbra, estando um ano de Erasmus na HCU em Hamburgo, cidade onde também realizei um estágio pelo mesmo programa. Considero a viagem das coisas mais importantes na formação do arquiteto e interesso-me particularmente pelo urbanismo e modo de habitar a cidade.

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