Una fachada hacia el cielo

Madera, cemento, vidrio, arcilla… Prometo que no falté a ninguna clase de la asignatura de Materiales durante mis años en la Escuela de Arquitectura.

Porcelana, metales, textiles, todo tipo de plásticos… Incluso podría decir que era un alumno más o menos aplicado.

Hormigón, agua… repaso mentalmente todos los que en su día estudié, y todos los que he visto alguna vez colocados en algún edificio, pero no está.

Estoy seguro de que no está. Cuando uno está de pie, en medio de la plaza del Salk Institute que Louis I. Kahn proyectó en La Jolla, tiene la sensación de haber descubierto un material constructivo desconocido hasta entonces.

Dos volúmenes, ubicados en perpendicular al mar y materializados en hormigón visto y madera, enmarcan el mar y el horizonte en un patio central de travertino que es, sin duda, lo principal del proyecto a nivel estético y compositivo. Sencillo, que no simple. En principio, Kahn proyectó árboles para ese patio, pero buscando la colaboración de Luis Barragán, reconocido por sus jardines, éste le aconsejó: “Ni un árbol. Ésta debería ser una plaza de piedra, no un jardín. Así ganarás una fachada… Una fachada hacia el cielo.”

 

El hilo de agua que recorre la plaza ayuda a romper con la dureza de la misma. Parte en una fuente de travertino que cruza la plaza por una canaleta de apenas un palmo de amplitud, que vierte en una piscina a un nivel ligeramente inferior pareciendo derramarse directamente al océano Pacífico.

Los edificios, materializados en hormigón visto con los pasadores expuestos y una modulación minuciosa, contienen puzolana y están tintados de color lavanda, lo que los torna rosados al atardecer. Dos volúmenes dentados materializados en madera parecen insertarse en el hormigón en una macla perfecta, volcados a la plaza.

Paradójicamente, Louis I. Kahn, por lo general autor de una arquitectura de líneas primarias y volúmenes monumentales, acudía a Luis Barragán como renombrado paisajista para dar forma al espacio verde de su proyecto, y el resultado de esta colaboración es la (no) construcción de un espacio que es eso y nada más que eso: espacio.

 

Hormigón, madera, travertino, agua… y HORIZONTE. Nunca había oído hablar de este material, pero es una realidad que la plaza tiene una fachada entera construida de horizonte. Una fachada que además es portante, pues sobre ella apoya una cúpula de las mismas dimensiones que la magnitud del cielo.

Tiempo atrás, leyendo la definición que de arquitectura hacían varios reconocidos arquitectos, me impactó precisamente la del propio Luis Barragán:

 

“El espacio ideal debe contener en sí elementos de magia, serenidad, embrujo y misterio. La arquitectura es arte cuando consciente o inconscientemente se crea una atmósfera de emoción estética y cuando el ambiente suscita una sensación de bienestar”.

Sin duda, conceptos como “elementos de magia” o “emoción estética” cobran sentido en este lugar. El diálogo entre la robustez contundente de los volúmenes ortoédricos de hormigón, la naturaleza salvaje del acantilado y la puesta de sol, trenzados con el filamento de agua que cruza la plaza, confiere un entorno completamente mágico… En buena parte gracias a la (no) fachada construida únicamente de horizonte y de infinito. Una fachada que, como decía Barragán, resulta ser ‘una fachada hacia el cielo’. La que convierte la plaza en una especie de reloj de Sol al mismo tiempo que la hace intemporal. La que delimita la plaza por la parte oeste… La que termina de cerrarla junto con las laterales de hormigón convirtiéndola en un elemento definido. La que al mismo tiempo la abre a la inmensidad del Pacífico y desdibuja por completo ese límite difuso… Y eso, sin duda, es mágico.

Autor:
Arquitecto formado en la U. Europea de Madrid y la New School of Architecture and Design de San Diego (California, USA). | MArch bajo la docencia de Álvaro Siza, E. Souto de Moura, Aires Mateus, Carlos Ferrater o Fran Silvestre (con quien ha colaborado) entre otros. | Actualmente desarrolla su Tesis Doctoral sobre la materialidad de la luz natural y su carácter cinético en la obra de Siza, lo cual compagina con el trabajo del estudio (www.raulgarcia-studio.com)
  • Clara - 19 julio, 2018, 16:23

    He conseguido ver e imaginar esa maravillosa fachada hacia el cielo, gracias a la precisa descripción realizada.
    Qué belleza cuando es el horizonte el material que utilizamos!!!.
    Me encanta leer artículos como este pues me acercan a un mundo tan mágico y complicado como es la arquitectura.

  • JAVIER - 20 julio, 2018, 9:50

    Incluso, siendo ya conocedor de este magnífico espacio arquitectónico, parece que lo acabo de “redescubrir” con la lectura de este magnífico artículo que aporta , también de manera sencilla, que no simple, como señala el autor al analizar la obra, un análisis conceptual profundo y preciso de lo que es fácil de percibir, pero extremadamente difícil de explicar, y menos aún en un artículo de tan reducido tamaño.
    Al terminar de leer, parece que está todo dicho sobre la grandeza de la Obra, pero nos quedamos con ganas de seguir disfrutando de la lectura.

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