“COLECTIVOS”. DICES MUCHO ESA PALABRA. 1 DE 2

Meme Colectivos_V2-zuloark-arquia-fundacion

Por Zuloark

<< Como cada uno de nosotros era varios, en total ya éramos muchos. >>

Deleuze-Guattari

 

El problema de los ‘colectivos’ es que los llamemos ‘colectivos’.

 

Al principio al hecho de compartir el trabajo y a la búsqueda de “hiperespacios” no lo llamábamos de ninguna manera, felices en la indefinición a mediados de la década pasada, “Colectivo” se hizo trending topic. Aunque corto, insulso y cursi, no se pudo escapar de él, se hizo necesario como concepto generalizador y en cada conversación un “colectivos” como un “para entendernos” se te caía encima como un primo borracho.

¿Podríamos decir pues que el problema de la Arquitectura española es, antes que nada, semántico?

 

Os linkeamos una loncha temporal de algunos artículos que aparecieron a raíz de un par de globos sonda lanzados hace tiempo desde esta casa, Fundación Arquia, y la revista Arquitectura Viva. Con desiguales intereses (visibles y ocultos), abundaban en la necesidad de arrojar luz sobre el tema, reclamando todos, nuevos marcos profesionales y legales para nuestra profesión.
Arquitecturaviva_145 / Hace justo dos años que se publicó el polémico número dedicado al “fenómeno”. Sólo con leer la editorial la edición impresa se convierte en objeto de coleccionista.

Es enternecedor que nos recuerden que todo está inventado, mínimo desde los años 60. Aunque hay que reconocer que de tener hoy la densidad de arquitectos, el número de potenciales encargos privados y las tarifas mínimas fijadas por ley de entonces, muchos “colectivos de arquitectura” también se habrían mudado a un triplex en Gran Via.

 

A los pocos días del sismo llegan las reacciones desde los blogs más seguidos.

Más centrado críticamente, que otros blogs, pero aún demasiado simplificador. Olvida, por poner un ejemplo, que muchos “colectivos” ya existían y eran muy prolíficos, antes y durante la burbuja inmobiliaria que terminó asolando este país.

Poco tiempo después, el catedrático de la ESTAB para el El País arroja más sombra que luz sobre el tema.

Aún más triste que el victimismo acomplejado, es comprobar que el debate se quiera centrar en etiquetar a una generación de jóvenes arquitectos de “antisistema”, ya que maliciosamente se podría entender que lo que se intenta es encasillar a una generación para eliminar posibles competidores de los circuitos donde se encarga la construcción de arquitectura “tradicional”.

 

Con el título “Colectivos oportunidad real o ficción deseada” Carlos Camara lo intenta

El error es querer intentar “definir” qué es un “colectivo de arquitectura”. – Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.-  Cuando el interés del artículo lo tenía al alcance de la mano al plantear algo por lo que muchos trabajamos, que es cómo hacer económicamente sostenible este tipo de asociatividad y que se convierta en una opción profesional más. Si es a través de subvenciones, del establecimiento de un negocio de emprendeduría clásico o mediante el patrocinio del tío Gilito, es lo de menos.

Strabic.fr / Arquitectura-Social. En Europa hace tiempo que se habla de ello.

También los vecinos del norte se apuntaban al carro. Por cierto, allí también hay ejemplos maravillosos de “Collectifs”.

Dome desde Urbanohumano.org añade colores y complejidad al debate

Sin duda, el que mejor lo expone. Lo que más nos interesa: ¿cómo continuar generando y evolucionando entornos de trabajo en redes horizontales, distribuidos, que capitalicen la potencia de ser un grupo pero que además permita que la singularidad individual (de un miembro estable o uno eventual) pueda emerger y aportar al conjunto? Y todo esto en un marco legal que contemple su constante evolución y una organización económica que lo sitúe, por fin, lejos de la precariedad ¡Casi nada!

Simplificamos al decir “colectivos”, se extienden mitos y es seguir sin asumir la complejidad del estado de la cuestión. Y en el fondo, es inventar un debate estéril que aparta ‘al nuevo’, sin y con alevosía.
Los “colectivos”, que son o fueron, sus peculiaridades, sus secretos íntimos y todas las cosas inconfesables que albergan, sólo se saben desde dentro. Por tanto, la tarea de definirlos como “un todo” será,  además de ímproba y fútil, algo basado tan sólo en apariencias u oídas.

 

El autor: Zuloark

Zulo_ark como plataforma de trabajo se define como una ‘zona de desarrollo próximo’, como el espacio intersticial que existe entre saber hacer algo y no saber hacerlo; es el entorno donde se produce el aprendizaje, el saber hacer algo con ayuda. Esta propuesta metodológica para el desarrollo de nuevas arquitecturas necesita de la participación del individuo que altera figurativa y programáticamente el entorno pedagógico, y este a su vez reconfigura el grupo. Este último se redefine mediante jerarquías fluidas en cada proyecto.

 


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8 Comentarios

  1. Carlos Cámara - 29 octubre, 2014, 19:19 Responde a este comentario

    Respondo por alusiones, ya que no acabo de compartir la manera en la que se me cita, pues lo que dice el artículo al que os referís es precisamente lo mismo que vosotros: que la palabra “colectivo” se usa a la ligera sin que se tenga claro qué significa.
    Y que quede claro: lo denunciaba no por una cuestión semántica, sino porque considero que meter cosas muy distintas en un mismo saco y además pintarlas como la panacea o como el camino que tenemos que seguir todos los arquitectos jóvenes (no sé si para apartarnos del campo de juego de “los mayores” o no, ese es un tema interesante que dejo para vosotros y en el que participaré encantado siempre que surja) es crear falsas expectativas, sobretodo cuando viene de medios serios que parecen dar legitimidad a supuestos expertos (entonces me refería a Arquitectura Viva y a Josep Maria Montaner). Algo así como lo que hacen programas como Españoles en el mundo, las palabras de Fátima Báñez cuando equiparaba la emigración juvenil con irse de erasmus… que endulzan la realidad contando uno o dos casos de éxito y ocultando los muchos de fracasos con no sé muy bien qué objetivo (¿sacársenos de encima?).

    Siguiendo esta línea, esto es más grave cuando se presenta como algo viable económicamente cuando, como vosotros decís en el artículo, no resulta fácil poder vivir de ello (nadie mejor que vosotros lo sabrá). Y lo de las ayudas sí que me parece relevante, porque no se puede aspirar a depender de ayudas durante mucho tiempo (no, al menos en el sector de la arquitectura /construcción) porque estas se terminan. A fin de cuentas las ayudas son “incentivos”, es decir, motivaciones para que alguien haga lo que no haría normalmente. Y si esto es así es que, por el momento, no es viable económicamente (si lo fuese, eso sería suficiente incentivo para atraer a la gente).

    Hasta aquí, salvo este pequeño matiz, creo que coincidimos bastante, hasta el punto de que suscribo al 100% lo que decís “Simplificamos al decir “colectivos”, se extienden mitos y es seguir sin asumir la complejidad del estado de la cuestión. Y en el fondo, es inventar un debate estéril que aparta ‘al nuevo’, sin y con alevosía.”

    Sin embargo, las conclusiones que sacamos son bastante opuestas: vosotros parecéis decir que pese a que se usa la palabra “colectivo” a la ligera, no debemos tratar de definirla (¿significa eso que debemos dejar de usarla?), salvo si se forma parte de alguno porque es la única forma de conocer sus interioridades. Yo opino lo contrario, que debemos intentar definirlo, incluso cuando nos equivoquemos al intentarlo (aquí siento discrepar también con el maestro Yoda). No solo eso: estoy convencido de que al hacerlo, todos saldremos beneficiados, empezando por los colectivos como vosotros, pues solo entonces seremos capaces de distinguir los bluffs, seremos capaces de entender sus características y por tanto sus puntos fuertes para poder explotarlos al máximo y para tratar de corregir aquellos que sean mejorables. Seremos capaces de inferir respuestas a preguntas como las que presentaba Doménico… Y es que solo haciéndolo, seremos capaces de generar conocimiento, que es el padre de la inteligencia.

    • Miguel Villegas - 29 octubre, 2014, 21:06 Responde a este comentario

      Clarísimo, Carlos.
      Te planteo yo una pregunta-respuesta-pregunta.
      ¿Son colectivos todos los colectivos o solo los que se llaman colectivos?
      De Granada se sacaron muchas cosas en claro.

      • aurora zuloark - 29 octubre, 2014, 21:48 Responde a este comentario

        ¿Como cuales, Miguel?
        ¿Qué es para ti un colectivo?

        • Miguel Villegas - 29 octubre, 2014, 22:23 Responde a este comentario

          Ya contesté a esa pregunta con otra pregunta en el artículo que mencionáis. ¿Por qué arquitextonica no es un colectivo?¿O acaso lo somos?
          Ya lo dijo Guille:

          “What’s in a name? That which we call a rose
          By any other name would smell as sweet.”

  2. Miguel Villegas - 29 octubre, 2014, 19:42 Responde a este comentario

    Estimado(s) Zuloark.
    Gracias por la mención (indica interés) y por el que también tengo en el tema y por las alusiones, aquí voy sin esperar al 2 de 2.

    Lo de la necesidad o la contingencia del término ya es claro. Uno de vosotros, Manu creo, en nuestra web llegó a decir que vosotros ya no erais un colectivo con todo lo que eso implica.

    La enternecedora condescendencia de Galiano nos pone de acuerdo. Así lo reflejamos en el artículo que publicamos al respecto y que enlazáis, pero os falla la lectura. Escribimos en su momento que antes de la crisis no había tantos colectivos. Estudiamos muy cerca de La Casita o La Panadería y eso fue mucho antes de la crisis. Mucho.

    ¿Era una lectura simplista? No se si será por mis limitadas capacidades o quizás porque el fenómeno de los colectivos lleva años buscándole tres pies al gato.

    El texto de Montaner no se por qué lo calificas de potencialmente malicioso. Hay prácticas en otros circuitos que me resultan mucho más preocupantes.

    Pero voy ya al meollo.

    Cuando el interés del artículo lo tenía al alcance de la mano al plantear algo por lo que muchos trabajamos, que es cómo hacer económicamente sostenible este tipo de asociatividad y que se convierta en una opción profesional más. Si es a través de subvenciones, del establecimiento de un negocio de emprendeduría clásico o mediante el patrocinio del tío Gilito, es lo de menos.

    ¿Cómo se puede decir en la misma frase que el interés es la sostenibilidad económica y luego decir que de dónde venga el dinero (¿el de los honorarios?) es lo de menos?

    Sinceramente, a mi es lo único que me preocupa. Creo que estáis vendiendo, y lo que pasó en Granada es claro ejemplo, un modelo alternativo de ejercicio profesional, pero os guardáis los secretos de los magos.

    Ya no tengo pudor, pregunto a bocajarro y obtengo a veces evasivas a veces respuestas directas. Lo que se pone en duda no es de quién son las ideas, cual es la jerarquía profesional o la densidad (loable y notable casi siempre) del impacto social de vuestro/s trabajo/s.

    Mis preguntas son dos y son claras:

    ¿Quién paga los honorarios?
    Si el dinosaurio se cae y pilla a un tipo en la cabeza (porque el dinosaurio entiendo que debe llevar proyecto y dirección de obra ¿quién va a sentarse delante del Sr. Juez?

  3. aurora zuloark - 29 octubre, 2014, 22:00 Responde a este comentario

    Estimado Miguel (al habla otra zuloark diferente al autor del texto y al que mencionabas en tu comentario), con intención de contestar a tus preguntas, aunque creo que tienen una respuesta evidente:
    Los colectivos no tienen una figura jurídica propia, así que en el mercado se desenvuelven como una empresa o cooperativa, cada individuo como autónomo, o como cada colectivo considere e internamente se organizan como hayan decidido.

    Como bien sabes, un arquitecto ejerciendo la profesión por cuenta ajena, recibe honorarios por los trabajos que realiza. Un colectivo de arquitectos también y de ahí vienen nuestros ingresos, que utilizamos para pagar nuestros honorarios y demás gastos estructurales que tenemos en común.
    También estamos involucrados en procesos que no tienen un cliente-pagador y desarrollamos por convicción, militancia, aprendizaje o servicio a una determinada comunidad. Esos trabajos, nosotros los retribuímos igual, utilizando los ingresos de los servicios remunerados. Ese es nuestro pacto interno.

    Respecto a la responsabilidad civil y penal que conlleva cualquier obra: como sabes, los proyectos se “firman” y el seguro se paga, así que el Sr. Juez siempre sabe a quienes buscar si le pasa algo al dinosaurio.
    No es tan raro, ¿no? ;)

    • Miguel Villegas - 29 octubre, 2014, 22:27 Responde a este comentario

      Raro es. Tela.
      Pasé mucho tiempo antes de poder dirigirme por su nombre a uno de vosotros.
      De eso que yo me permito ver como una terrible alienación de las personas en una época en la que el potencial de desarrollo de cada uno es casi infinito, a pasar a escribir que las individualidades pueden destacar me parece que hay tres o cuatro tirabuzones intelectuales

    • Miguel - 30 octubre, 2014, 9:40 Responde a este comentario

      Entonces ¿hacéis lo mismo que todos los demás arquitectos pero sois colectivos porque habéis decidido llamaros colectivos?
      ¿O es demasiado complejo como para explicarlo?

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