Julia Ayuso

El doctorado no sirve para nada

Imagen: Colección de cromos de regalo, donde, si nos fijamos, probablemente podamos encontrar algún doctor.

Los títulos de doctorado son inútiles. Diébédo Francis Kéré no tiene uno, los profesores de arquitectura siguen sin necesitarlos. ¿Por qué los tenemos?

 

La primera razón, es que los programas de doctorado son una fuente de mano de obra barata: los doctorandos hacen prácticamente cualquier otra cosa que sus supervisores quieran que hagan por muy poco dinero (o gratis).

La segunda razón, es que a nadie le gusta la competencia, y el requisito del doctorado añade un cuello de botella para los solicitantes de empleo académico. En Estados Unidos se conceden 10 másters y 25 licenciaturas por cada doctorado. Nadie quiere 10X o 25X más competencia, así que el doctorado se mantiene. Todo es cuestión de inercia.

 

El doctorado no es tan diferente de un aprendizaje medieval, en el que el aprendiz trabaja como esclavo para su maestro durante 3-5 años, y luego es aceptado como miembro de pleno derecho del gremio de herreros, carpinteros… lo que sea. Excepto que la mayoría de los graduados de doctorado no son contratados como académicos, a pesar de obtener su «calificación».

 

Las nuevas cátedras solo absorben un mínimo porcentaje de los recién doctorados. Y no es que los doctores puedan decir: «A la mierda, voy a conseguir un trabajo no académico». De 3 a 5 años haciendo un doctorado significan de 3 a 5 años de experiencia laboral perdida. Muchos empleadores prefieren la experiencia laboral.

 

La era del pensador ha terminado. A nadie le interesan los análisis críticos, las revisiones bibliográficas, los argumentos en torno a los métodos de investigación que inevitablemente influyen en la interpretación de los resultados y las afirmaciones de los investigadores. Hoy en día, la gente se conforma con coger unas «estadísticas» de cualquier sitio, independientemente de cómo se haya llegado a ellas, y las fija a la rueda de su carro particular como si fueran la evidencia. La verdad ya no importa. Lo que importa ahora es la imagen, la influencia y los titulares. Por eso la gente se deja atrapar por los artículos breves que prometen “Tres cosas que necesitas saber para triunfar con tu propio estudio de arquitectura” y todo tipo de eslóganes dignos de las Reglas de Adquisición de los Ferengi.

 

El pensamiento disperso es el hábito de arrojar todo sobre todo a tus posibles clientes y consumidores con la esperanza de que algo se pegue. El doctorado no ayuda a esto: las personas que tienen éxito son aquellas que son lo suficientemente disciplinadas como para detectar una pequeña parte del entorno de la acción en la que podría haber una oportunidad, la estudian bien, llegan a entenderla tan bien como cualquiera podría hacerlo, y luego se mantienen completamente centradas en esa parte, manteniendo sólo un ojo de supervisión en cualquier otra parte que pudiera influir potencialmente en su parte.

 

Así que, a la persona que está considerando embarcarse en un doctorado, le diría lo siguiente:  si tienes una clara ambición de entrar en las filas de la comunidad científica y tienes acceso a los científicos y laboratorios más importantes del mundo, entonces podrías tener una oportunidad. Sin embargo, si piensas hacer carrera en el mundo real en casi todos los aspectos, no pierdas el tiempo: encuentra una buena empresa, pero sobre todo, encuentra un buen mentor y un modelo a seguir, y persevera.

 

Los pensadores críticos altamente educados y formados vienen gratis en los bollycaos. En consecuencia, ellos (incluido este post) tendrán tanto impacto como el que tiene un Hummer en la salvación del medio ambiente.

 

Los doctorados son inútiles. Nadie parece saber para qué sirven. Sin embargo, en el siguiente post veremos por qué lo que has leído hasta ahora no tiene ningún sentido. ¿O sí? ¿Qué opinas doctor@?

 

Autora:
(Elche, 1983) Como resultado de mi trabajo de investigación, hago labores de diseño y consultoría de espacios de trabajo centrados en las personas, que contribuyen a la mejora de su salud, bienestar y productividad. Soy Doctora Arquitecta y Project Manager especialista en cuantificar el beneficio económico que supone para las empresas la implementación de estrategias de diseño centrado en las personas, y actualmente dirijo People Lab en CBRE. No siempre quise ser arquitecta. Cuando era una niña pensaba que tal vez sería exploradora, o científica, o inventora. He viajado por todo el mundo para ver, tocar y sentir la arquitectura que me emociona. He vivido varios años en Japón, y lo que más me gusta de este país es su amor por lo bello y lo sutil (y el matcha).
  • Manuel Zurita - 31 marzo, 2022, 11:07

    No puedo estar más de acuerdo con esta publicación. Efectivamente la industria de producción de certificados, premios, medallitas poco o nada tiene que ver con el ejercicio profesional de arquitecto.

  • Julio - 31 marzo, 2022, 16:09

    No entendiste lo importante que es para algunos contar con un doctorado….lo demás no cuenta ..

  • Carlos Cámara - 1 abril, 2022, 11:16

    Quiero creer que el texto es una provocación para luego decir lo contrario, o al menos, que no sirve para lo que algunos pueden creer, porque si no, es un total despropósito:
    1. Que Diébédo Francis Kéré no tenga doctorado no es indicativo de nada.
    2. Hay muchos arquitectos que sí lo tienen, incluso famosos. Pero es que la aspiración de todos los arquitectos no debería ser tener un doctorado (algo que, por otra parte, está implícito en el texto original).
    3. No todos los arquitectos aspiran (ni deben aspirar) a ser Kéré ni a ganar un Pritzker. Decir lo contrario sería incluso más falaz y problemático que decir que todos los arquitectos deben ser doctores.
    4. Que la industria no pida doctorado (cierto en muchos ámbitos, pero no en todos), tampoco significa que un doctorado no sirva de nada. Decir lo contrario implica que la única salida válida de la arquitectura es la industria.
    5. Que (algunos -la mayoría- de) los profesores de proyectos no tengan doctorado tampoco es óbice de nada. Hay muchos otros tipos de profesores además de la del asociado (la mayoría de profesores de proyectos), y para el resto de figuras sí es imprescindible el doctorado. Además, la figura del profesor asociado no es la que debería perpetuarse o ser lo habitual, sino una excepción.
    6. La concepción de lo que resulta «útil» o no que hay en este texto (y desgraciadamente, en muchos sectores de la sociedad) es méramente utilitarista y capitalista. Hay otras maneras de valorar la utilidad. Otra cosa es que queramos matizar la pregunta inicial para ver si un doctorado sirve para lo que muchos creen que sirve o si compensa el esfuerzo, o si podría ser incluso más útil de otras formas, pero es innegable que nadie quiere pasar entre 3 y 6 años de su vida perdiendo el tiempo si no sirve para nada. Hay muchas opciones de dejarlo antes a la más mínima sospecha de inutilidad, y aunque muchos lo hacen, la mayoría termina.
    Finalmente decir que me resulta preocupante algo que está implícito en el texto: la idea de que la aspiración de cualquier arquitecto deba ser trabajar en la industria de la construcción proyectando para tener reconocimiento internacional, y que todo lo que se aleje de allí «no sirve». Me sorprende que a 2022 se siga con estos estereotipos, ya que esto no solo es sesgado y parcial sino que es nocivo y origina no pocos problemas a quienes compren ese discurso.

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