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¿Merece la pena hacer el doctorado en arquitectura?

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Se entiende por Doctorado el tercer ciclo de estudios universitarios oficiales, que conducen a la adquisición de las competencias y habilidades relacionadas con la investigación científica de calidad. Se trata de unos estudios superiores que conducen a la obtención del título de Doctor, la titulación académica más alta que se puede llegar a obtener. Además, según la RAE, el Doctorado se define como “conocimiento acabado y pleno en alguna materia”.

Acerca del Doctorado en Arquitectura, en este blog podemos leer distintas opiniones, que van desde afirmar que el ámbito de la investigación en Arquitectura se justifica solo para adquirir la habilitación necesaria para poder inscribir la tesis, pero no por el legítimo interés en sumarse a alguna de las líneas de investigación. O que el Doctorado no tiene ninguna repercusión en el ejercicio profesional del arquitecto, salvo para el ejercicio de la docencia, a no ser que la especialización que supone ser doctor se ponga al servicio del mercado laboral internacional. Por otra parte, acerca de las publicaciones científicas, requisito sine qua non para poder defender una Tesis doctoral, se ha dudado de su rigurosidad al basarse en revisiones realizadas por, a su vez, otros doctores que no necesariamente son expertos en la materia de otros investigadores. Sobre este punto, sin embargo, también aparecen voces como la de Carlos Cámara, que defiende que la clave está en el conocimiento sobre método científico que un doctor puede aportar en la investigación en general.

Ante este panorama de opiniones encontradas acerca del Doctorado en Arquitectura, me gustaría aportar mi propia reflexión resumida en 3 ideas principales, después de haber realizado el programa de Doctorado en la ETSA de Madrid, el cual me ha llevado seis años de investigación, incluyendo una estancia pre-doctoral de dos años en una universidad de Japón:

  1. Un Doctorado exige optimismo. Frente a todas las ocasiones en las que te van a decir que en España no se valora el Doctorado, que el futuro de un doctor no está nada claro, o que ninguna empresa lo va a valorar, y aunque pases momentos duros, creo que es importante mantener en mente que el Doctorado es algo gratificante, que te permite profundizar en el tema que te apasiona y es una experiencia que va a enriquecerte como profesional y como persona.
  2. Un Doctorado es útil. En mi caso, algo irrenunciable a la hora de plantear mi tema de Tesis ha sido que, como resultado, pudiera entregar una herramienta práctica que sirviera para poner en valor (más) la buena arquitectura.
  3. En un Doctorado no sólo vas a aprender sobre un tema específico, o sobre habilidades transversales relacionadas con investigación. A mí me gusta decir que un Doctorado es un viaje personal: el camino de irme a un lugar lejano, que empecé sin saber bien por qué, y que termina dándome lo que no sabía que andaba buscando.

¿Estás planteándote iniciar el Doctorado? ¿Estás ya trabajando en tu investigación o la has concluido, y tienes otro punto de vista? Volviendo a la pregunta que da título a este texto, en mi opinión, hacer el Doctorado SÍ merece la pena, y mucho.

Autor:
Arquitecto, Máster en Project Management, Máster en Construcción y Tecnología Arquitectónica y estudiante de Doctorado en la Universidad Politécnica de Madrid, interesada en la relación entre arquitectura de oficinas, productividad intelectual y eficiencia energética de los edificios. Aficionada a viajar, a la cultura tradicional japonesa y aprendiz del arte del Origami. Actualmente vive en Yokohama (Japón), donde compagina su actividad como arquitecto e investigadora en la Universidad de Keio. 
  • Manuel Saga - 29 abril, 2019, 12:18

    Hola Julia. Me parece muy interesante que señales directamente el tema del doctorado, que como bien dices ya estaba ahí agazapado entre otros artículos sobre publicaciones académicas o sobre investigación en arquitectura. Te lanzo un par de comentarios:

    Por un lado, creo que la acepción de la RAE que has elegido no es la más acertada para el caso que nos ocupa. El título de doctor es el que habilita para las actividades en investigación y docencia de cualquier disciplina. Igual que el arquitecto que hace un PFC conoce el proceso de redactar un proyecto y queda habilitado para hacerlo de forma profesional, el doctor es «docto» en filosofía de la ciencia en el marco de la epistemología y ontología de su rama, y por tanto puede responsabilizarse de los procesos académicos asociados a ella. Aunque en nuestra rama existan excepciones por su especial cercanía al mundo profesional, el doctorado no está pensado para ser algo que uno hace cuando el conocimiento está «acabado». No es un título para validar la carrera profesional de arquitectos de cincuenta años y su peso en la academia, así puntualmetne se utilice para ello. Es todo lo contrario, un proceso que uno hace para arrancar su propia carrera dentro de la academia. Esa mala costumbre disciplinar que tenemos de doctorarnos tarde es algo que nos impide trabajar de tú a tú con los círculos académicos internacionales.

    Por otro lado, creo que el punto de la utilidad daría para seguir conversando. ¿Sólo son útiles los doctorados o las tesis que aportan «herramientas prácticas»? ¿Existen entonces doctorados «inútiles»? ¿En tu opinión, cuáles serían?

    • Julia Ayuso - 8 mayo, 2019, 12:30

      Hola Manuel,

      muchas gracias por tus comentarios, y por comaprtir tu opinión. Me parece muy acertado añadir esa segunda acepción de la definición de Doctor, que no sólo puede ser alguien que «valida» su experiencia, sino que también puede hablar de un proceso.
      Con útil me refería a aplicación práctica, y es una opción muy personal que quería compartir en mi post. Con esto no me refiero a que haya Tesis inútiles. En mi opinión no hay tesis inútiles. Algo que también me parece interesante de las Tesis de aplicación práctica, o experimentales, es que creo que son más susceptibles de publicar, y por tanto divulgar, aunque el tema de las publicaciones merecería un post aparte…

      • Manuel Saga - 21 mayo, 2019, 19:16

        ¡No había recibido notificación de tu comentario y lo acabo de leer! Me alegro del debate que se ha formado aquí. Justo en este momento estamos teniendo un debate en Twitter sobre el mismo tema. Siento que existe un problema con los programas de doctorado de arquitectura en España, que está relacionado con tu post aunque no lo señales directamente.

        Voy a intentar sintetizarlo en varias afirmaciones que «chirrían» entre si:

        1-«la mayoría de doctores en biología que conozco son jóvenes de 30-35 años que arrancan su carrera como investigadores en laboratorios altamente especializados. Se mueven hasta el laboratorio de su especialidad, esté donde esté. Sus tesis son pequeños avances sobre la línea de trabajo de sus directores.»
        2- «La mayoría de doctores en arquitectura que conozco, cumplen esas mismas condiciones.»
        3- «La mayoría de doctores en arquitectura españoles y formados en España que conozco son profesionales de reconocidísima carrera como proyectistas (oficina) e implicados con la academia y la investigación, que vuelcan su experiencia en una tesis doctoral que se convierte en un tratado de obligada consulta».
        4- «Hoy en día, en biología o en arquitectura, el sistema universitario establece el doctorado como el requisito habilitante para formar parte efectiva de su personal docente e investigador. »

        Mi parecer es que entre lo que es el doctorado en arquitectura y lo que creemos que es hay una distancia demasiado grande.

  • Jaume - 4 mayo, 2019, 0:46

    En el siglo 21, el doctorado es absolutamente inútil.
    Sirve, en el caso de tener una beca, para poder sobrevivir y aparcar para más adelante el desarrollo de una verdadera carrera profesional, entendiendo como tal aquella capaz de proveer a la persona de un medio de vida.
    Las escuelas de arquitectura sobreviven gracias a la invención de nuevos masters, de contenido académico cuanto menos dudoso, que intentan atraer con estrategias neoliberales de marketing a estudiantes de fuera de Europa, que aún no han vivido el declive de las enseñanzas regladas.
    En el siglo 21, la universidad está muerta.

    • Julia Ayuso - 8 mayo, 2019, 12:37

      Hola Jaume,

      supongo que todos opinamos en base un poco a la propia experiencia pero, en mi opinión, lo que explicas en tu comentario no es generalizable, aunque haya algo de lo que dices. Creo que el paso de cada uno por la Universidad también depende en parte de eso mismo: de cada uno, y su actitud. Personalmente, siento que hacer el doctorado también ha formado parte de esa «verdadera carrera profesional», y la universidad es parte importante de la sociedad.

  • Jorge APARICIO GARCÍA - 13 mayo, 2019, 23:09

    Lo primero ánimo con el doctorado. Es un gran esfuerzo que merece la pena concluir cuanto antes mejor.
    Lo segundo, una serie de comentarios telegráficos por si a alguien le son de utilidad:
    1.-La tesis doctoral no se acaba nunca; se entrega
    2.-Se puede entregar cuando hay avance en el estado de la técnica o del arte
    3.-El capítulo de conclusiones es el que siempre debe estar abierto para recoger esos puntos que creamos suponen el avance en el conocimiento, y que, probablemente, serán muy pocos aunque se haga muy bien la tesis. Permite reconocer el momento de entrega.
    4.-La metodología de realización de la tesis es personal -y uno de los principales activos adquiridos por el doctorando- pese a que haya guías metodológicas para su realización; en dichas guías predominan los métodos deductivos y no los inductivos. Me explico: en la Universidad te enseña cómo dibujar y calcular un edificio para llegar a valorarlo. En la vida profesional se funciona al revés: de cuánto se dispone para esbozar el edificio de máximos que se puede tener. Es lo que más cuesta cambiar cuando entras en la vida profesional fuera de la Universidad, del método deductivo al inductivo. Aunque conviene utilizar ambos.
    5.-Las tesis de profesiones técnicas tienen la obligación ética de trasladar la investigación de base de químicos, físicos, matemáticos, sociólogos, etc
    6.-La Universidad es un lujo.
    7.-Del docente depende que sea útil a la sociedad, en el sentido que no se puede enseñar lo que uno quiere, sino lo que la sociedad necesita dentro de tu ámbito de conocimiento, mientras sea útil, y como la sociedad es cambiante, siempre hay que estar mejorando. Infrautilizar los medios universitarios es un error.
    8.-Del usuario depende no dejar de apreciar la suerte que tiene y orientar su formación a su vocación. Despreciar la herramienta de progreso que suponen las universidades es un error.
    9.-Si alguien espera que la Universidad le solucione sus problemas, está equivocado, tiene que pensar dónde es útil a la sociedad y aprovechar la Universidad para la formación a la carta de su vocación o nicho de trabajo profesional esperado.
    10.-El doctorado fuera de España está muy valorado. Y dentro también tiene valor fuera de la vida docente, pues da pie a subir las tarifas profesionales.
    11.-Un docente universitario que también trabaja fuera de la universidad es mejor, más completo, y está más formado y capacitado para dar una formación integral que uno que no lo hace, al menos en las carreras técnicas.
    12.-Un profesional, que no se desliga del todo de la formación impartida en la universidad, será tendrá valor añadido sobre su competencia.
    Tan solo indicar que puede que esté equivocado, y siguiendo la duda metódica de Descartes para el pensamiento científico, se han de poner en cuestión todos los puntos antedichos.
    Gracias por hacernos pensar.
    Saludos cordiales

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