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Dime de qué escuela eres, y te diré qué PFC tienes.

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– ¡Papá, ya soy arquitecto!

– ¡Arquitecto, qué bien suena!

Así de efusivo salía el personaje de Antonio de su último examen de la carrera, mientras corría a abrazar a su padre, que le esperaba en el pasillo nervioso. La escena pertenece a la película de Fernando Palacios “La familia y uno más” (1965).

A cualquiera que haya realizado un PFC, que pueda existir la posibilidad de obtener el título de Arquitecto (o sus nuevas variantes bolonia) y estar habilitado para la práctica profesional después  de aprobar un examen oral sobre cúpulas, como sucede en la película, le pueden dar ganas de reír, o de llorar.

Algo parecido a lo que sucede cuando uno sale del entorno de su escuela, a hacer workshops, erasmus, prácticas, posgrados, ¿a trabajar?, y descubre la diferencia que existe entre el tipo de trabajo, requisitos, esfuerzo o evaluación que hay entre hacer el PFC en unas escuelas u otras.

En un panorama español donde el título se expide en 33 escuelas en las que en muchas coexisten hasta 3 planes a la vez, no parece tan descabellado. Pero es descabellado, y es injusto. La cosa difiere de unas escuelas a otras de la siguiente manera:

  • De los dos, tres (cuatro) años de unos PFC en unas escuelas; a un sólo curso de proyectos con su entrega final en otras.
  • Del trabajo solitario en pijama al pertenecer a talleres masificados con una corrección cada tres meses; a las correcciones semanales obligatorias.

  • De las entregas por fases de proyecto; a que un tribunal que jamás ha visto tu proyecto te suspenda tras mirarlo 15 minutos, tres años de trabajo después, porque no comparte el emplazamiento/programa.

  • De la firma aval de tu tutor, o incluso su presencia en tu tribunal; a que tu tutor ni pinche, ni corte, ni sepa años después si entregaste.

  • Del suspenso por hacer un proyecto sencillo o clásico; al suspenso por hacer algo innovador o complejo. Válido también para la matrícula de honor.

  • De los 25 A1 de Básico y Ejecución de un edificio (o varios) en unas escuelas; al único panel A1 ante el que expondrás un cómic.

  • De los cálculos y justificación de CTE de todo el proyecto (estructuras, construcción, instalaciones), en 12 A1 y 400 páginas de memorias; al A1 del desarrollo conceptual estructural de una cubierta.

  • De los proyectos que reposan tres semanas en una cajón hasta que el tribunal lo “hojea” 15 minutos, por primera y última vez, unas horas antes de ponerte una nota; a la revisión a lo largo del curso y exposición oral (preguntas, respuestas).

El presente post no pretende hacer una crítica feroz, sino visibilizar las injustas diferencias y animar a los responsables de los reglamentos de PFC a salir a otras escuelas, debatir, comparar, desechar lo malo y copiar lo bueno… como ya se está haciendo en algunas escuelas.

Hacer del trabajo final habilitante algo constructivo, no destructivo. Que para algo somos arquitectos. Y personas que merecen que se respete su tiempo y trabajo.

Autor:
Andrea Robles
arquitecta (ETSAG), y compagina la actividad profesional con la divulgación, la investigación y la docencia. Es máster en Teoría y Práctica del Proyecto Arquitectónico (ETSAB) y en la actualidad realiza el doctorado en el grupo de investigación Habitar (UPC). Corresponsal de La Ciudad Viva, desde noviembre de 2013 forma parte de Re-cooperar, colectivo de jóvenes arquitectos de Barcelona, con el que ha participado en varios proyectos y ha sido docente de diversos talleres en la ETSA La Salle (Barcelona) y ESARQ UIC (Barcelona).
  • Manuel Saga
    Manuel Saga - 14 octubre, 2016, 21:01

    La ETSAG, ese mundo maravilloso y fantástico.

    • Manuel Saga
      Manuel Saga - 19 octubre, 2016, 15:08

      También he de decir que visto con perspectiva, haber pasado por uno de los PFCs más duros de España (y del mundo) al final te deja aprendizajes muy valiosos. Más allá de los tribunales hirientes y groseros y de los procesos mal organizados, tener que hacer análisis del territorio y cálculo de arquetas en el mismo ejercicio da una visión de la profesión que se echa de menos en compañeros más dedicados a la arquitectura de forma más parcial. ¿Es necesario? No. ¿Es recomendable? No así, pero de todo se aprende, especialmente de las cosas que requieren sudor y sangre.

  • Gloria Benito Aranzana
    Gloria Benito Aranzana - 16 octubre, 2016, 19:09

    El PFC como el resto de la carrera, sólo que de manera más punzante. Creo que no hay unos criterios claros sobre la enseñanza de la disciplina, porque la propia profesión tiene importantes dudas sobre lo que debería ser difundido o premiado. Qué queremos enseñar sobre arquitectura? Cómo queremos que vean el mundo los futuros profesionales? Pero sí, el primer paso debería ser la exigencia de respeto por nuestro tiempo y trabajo.

  • Víctor - 18 octubre, 2016, 11:22

    Ojo! Leyendo los dos extremos, es decir, la dualidad de conceptos de este artículo identifico la doble realidad de mi escuela. Quiero decir que en mi escuela hay 2 planes de estudios en los que el PFC no tiene nada que ver, son los conceptos contrarios de cada párrafo de este artículo.

  • Ana Asensio - 23 octubre, 2016, 13:00

    Amo tu último párrafo. Es mucho más importante de lo que parece a simple vista: el valor del tiempo y la dignidad humana. Algo que, en la vida profesional, es base. Gracias por el post! Estaré atenta a los próximos! :)

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