

Conversaciones con Eduardo Souto de Moura (arquia/maestros 11). Se pueden comprar ejemplares en la web de Fundación Arquia.
El 25 de julio del corriente año fue el aniversario número 70 del arquitecto portugués, oriundo de Oporto, Eduardo Souto de Moura. Desde la Fundación Arquia, lo celebramos revisitando el audiovisual número 11 de nuestra colección arquia/maestros: Conversaciones con Eduardo Souto de Moura1 – entrevistado por Luis Fernández-Galiano -, y, aunque no es una conversación en vivo y en directo con él, de alguna manera así se siente gracias a la sencillez y calidez de sus palabras.
Eduardo comienza hablando de su infancia, la que define como “normal”. Creció con su familia, conservadora y católica: los hombres estudiaban y trabajaban, y las mujeres se quedaban en casa. De niño, estudió en una escuela italiana que, particularmente, lo marcó porque promovía el dibujo, herramienta que le sirvió para ser arquitecto. Tuvo así una educación mucho más adelantada respecto a la de las escuelas clásicas portuguesas. De su niñez recuerda muchas anécdotas con su hermana y su hermano, y destaca con cierto cariño que fue su hermano quien “lo empujó a ser arquitecto”.
¿Y cómo llegó a ser arquitecto? Comenzó con ingeniería, tal vez siguiendo mandatos familiares, pero desembocó inevitablemente en la arquitectura, formándose en la Escuela Superior de Bellas Artes de Oporto. Sus estudios universitarios coincidieron con la Revolución de los Claveles, del 25 de abril de 1974, que abrió una etapa de inquietud intelectual, donde el estructuralismo y la semiótica cobraron más protagonismo que el urbanismo o la construcción.
Tuvo grandes mentores, como Álvaro Siza y Fernando Távora, además de una gran admiración por la obra de Mies van der Rohe, pero Eduardo no siguió al pie de la letra el lenguaje formal de ninguno, desarrollando así el suyo propio, que ha ido transformándose y evolucionando a través del tiempo: “O inventas un laboratorio para resolver problemas y te da energía para continuar o mueres”, afirma en la entrevista.
Gran parte de su obra se caracteriza por utilizar las pre-existencias para proyectar. Define las ruinas no como un motivo de “contemplación romántica”, sino como un potencial elemento para servir a nuevos proyectos. Utiliza generalmente materiales del lugar y genera sus propios sistemas de diseño. Lo innegable es que los resultados son siempre edificios sencillos pero brillantes.
El mejor ejemplo de lo anteriormente mencionado es el del – inicialmente – Mercado de Carandá, en Braga, al que Eduardo describe como “una maqueta de la historia”, y al que podríamos considerar un vivo palimpsesto. La evolución de este proyecto es muy particular: no es muy común que un arquitecto diseñe y construya utilizando lo existente, que luego ese edificio sea abandonado y parcialmente demolido, y que el mismo arquitecto utilice las ruinas – de su propio proyecto – para desarrollar otro nuevo: “Hacer-demoler-transformar”, expone Eduardo.
Aquel famoso mercado estuvo activo – y muy activo – varios años, su posterior cierre y desuso fue producto de serios problemas en su cubierta. El Ayuntamiento preguntó a Eduardo si le gustaría “hacer algo con las ruinas”, a lo que él respondió que la arquitectura es una respuesta a un problema, no se puede “hacer algo”. Poco tardaron en encontrar una necesidad para la ciudad: una escuela de música y de danza, la que diseñó y fue construida utilizando las ruinas de su propio proyecto, valga la redundancia.
En el audiovisual se recorren muchos otros proyectos de su autoría, además de este. De todos Eduardo habla con pasión, pero siempre con esa humildad que lo caracteriza. Su arquitectura es un reflejo de su firme ideología y, con su recorrido, demuestra ser un arquitecto muy fiel a sí mismo. No es sorpresa que en el año 2011 haya ganado el Premio Pritzker de arquitectura.
Es común pensar que Eduardo Souto de Moura y muchos otros arquitectos y arquitectas que han acabado siendo “maestros” y “maestras” de arquitectura (está claro que de estas últimas conocemos menos), han tenido la suerte de nacer en contextos sociales y, sobre todo, económicos, privilegiados, que les han facilitado y allanado el camino, ayudándolos tanto a formarse como a desarrollar sus carreras con éxito. Este pensamiento no es errado, pero hay que reconocer que no todas las personas utilizan sus recursos de la misma manera y que este arquitecto, al que hoy celebramos, los ha utilizado muy bien y su aporte no se limita a la disciplina, sino que se expande un poco más, beneficiando a los ciudadanos que vivencian sus proyectos, aportando valor a ciudades y sociedades, a países, a la humanidad.
Conversaciones con Eduardo Souto de Moura (arquia/maestros 11). Se pueden comprar ejemplares en la web de Fundación Arquia.
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DISEÑO GRÁFICO
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ISSN 2605-3284
© de esta edición,
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