¿SABE ALGUIEN CÓMO SE APRENDE HOY ARQUITECTURA?

Friz Lang,ÔÇ£MetropolisÔÇØ, 1925-1926-santi-de-molina-arquia

Por Santiago de Molina

¿Sabe alguien cómo se aprende hoy arquitectura?, ¿alguno de los alumnos de las diferentes escuelas donde se expele el título de arquitecto sería capaz de hacer una descripción verosímil de su aprendizaje?… La respuesta, curiosamente, no sería inmediata ni para un estudiante, ni para los profesionales de la docencia, ni siquiera para cualquier escuela que se precie de enseñar algo. Paradójicamente esto no resulta escandaloso porque a efectos prácticos ese aprendizaje se produce.(1)

Tradicionalmente se ha recurrido a la “vocación” como el secreto motor del aprendizaje del arquitecto. Hoy ser un fan o un amateur de la arquitectura tal vez sea solamente un impulso necesario, pero no suficiente (2). Tal vez, de hecho, ese motivo no sea el único que alienta a embarcarse en unos estudios que a priori parece que no permitirán a sus egresados subsistir con holgura. De hecho, una “vocación” vacilante no es tampoco una explicación satisfactoria del altísimo nivel de preparación, flexibilidad y energía con que salen al mundo los estudiantes de arquitectura de nuestro país.

Con todo, es un hecho que cada vez más el estudiante aprende a “su manera”.

Sobre la base curricular que ofrecen los planes de estudios se produce una progresiva y eficaz suma de experiencias que hacen posible ese aprendizaje. Precisamente, en la maleabilidad de ese soporte intangible que ofrecen las escuelas se asienta ofrecer el aprendizaje superpuesto y cada vez más especializado al que se enfrentan hoy los estudiantes. A esto se suma el modo de acceder a la información, cada vez más inmediato, rico y a mayor resolución.(3)

El temprano modo en que vemos especializarse hoy a los alumnos de las escuelas de arquitectura ante nuestras narices, aun antes de finalizar sus estudios, la capacidad de autoanalizar sus capacidades y buscar su nicho de conocimiento específico, es un desafío al que las escuelas y profesores están llamados a colaborar.

Sin embargo, si el aprendizaje es algo individual, el contexto en que este se está produciendo es el de una comunidad cada vez más amplia y horizontal. Gracias, entre otras cosas, a las redes sociales, la progresiva e invisible transformación de estos “centros” de enseñanza en comunidades de aprendizaje de la arquitectura es inminente. Reforzar la retroalimentación del entusiasmo que provoca este sentimiento de pertenencia a una comunidad es un nuevo reto y una responsabilidad añadida para las escuelas.

Quizás este aprendizaje solapado y simultáneo logre hoy ser compatible con algunos de los recursos empleados tradicionalmente en la formación del arquitecto. La adquisición de conocimientos por un sistema de “proyectos” seguramente siga siendo algo específico y rico en el futuro. Y no tanto referido a la asignatura de “proyectos” en sí, sino al hecho de poder concentrar en torno a un aprendizaje basado en “proyectos” otras enseñanzas diversas. Curiosamente, se trata de un sistema que empieza a ponerse en la palestra gracias a que los educadores más punteros de medio mundo confían en la extraordinaria eficacia integradora de conocimientos que es un proyecto.

Hemos visto someramente cuales son los retos a que se enfrenta el alumno de nuestro tiempo: solape de estructuras de aprendizaje, nuevos medios digitales, especialización temprana y aprendizajes en comunidad. A todas ellas se añade la forzosa capacidad de comunicar su tarea a la sociedad. Unos desafíos a los que la docencia y las escuelas deben incorporarse. O tendrán difícil futuro.

(1)Es llamativo que la descripción del aprendizaje que hace cada alumno se basa en experiencias personales, en el encuentro con determinado profesor o en tal viaje o curso… Algo curiosamente irrepetible. Algo, incluso, intransferible.

(2)Miguel Ángel Díaz, en esta misma página, ha hablado sobre esto del fenómeno fan en la arquitectura al hilo de la educación del arquitecto. http://blogfundacion.arquia.es/new/2015/01/la-ensenanza-de-la-arquitectura-conexiones-improbables/

(3)Raquel Martínez y Alberto Ruiz han tratado este tema de la formación de la arquitectura en el ámbito digital en http://blogfundacion.arquia.es/new/2014/07/yo-quiero-tener-un-millon-de-alumnos/ 

Imagen: Friz Lang, backstage de “Metropolis”, 1925-1926. Imagen fuente desconocida.

 

Autor:
Arquitecto y docente; hace convivir la divulgación y enseñanza de la arquitectura, el trabajo en su oficina y el blog  Múltiples estrategias de arquitectura
  • Gerardo - 31 marzo, 2015, 2:19

    En realidad muchas escuelas de Arquitectura no han evolucionado en la enseñanza, esta surge de modelos Renacimiento, donde el maestro en su taller le asigna tareas específicas a sus discipulados, hasta que estos adquieren las habilidades del maestro, para la revolución industrial este modelo se afecta bajo las condiciones de estandarizar el conocimiento y a parir de este momento se enseña la arquitectura en base en realizar proyectos estándares, aprender en base de repetición. A mediados del siglo pasado dentro del movimiento racionalista, se considera que debe ser la creación un proceso racional bajo un método científico, que en su momento fue muy criticado, en la actualidad la neurociencia ha aportado datos de que esto no está del todo mal, ya que el proceso creativo es algo que se aprende y se practica, no se nace con él, es por esto que desde el surgimiento de la Licenciatura de “Ingeniero Arquitecto” en el Instituto Politécnico Nacional, fundamento la formación del Arquitecto con una base científica, donde las unidades de aprendizaje formativas son de “Composición Arquitectónica” y no de “Proyectos”.
    En mi opinión y por mi experiencia como profesor de Arquitectura de más de 20 años, es importante la motivación, el conocimiento de los procesos creativos y los ejercicios de composición como prioridad y con esto pasar a los proyectos, y sobretodo romper los mitos de la tecnología ya que la informática es una herramienta muy útil pero creo que nulifique el uso de un lápiz, ya que el creativo es el que tiene el teclado y el lápiz en sus manos, no por tener un programa de CAD nos hace expertos en diseño arquitectónico.

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