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La opinión

Fotograma de un vídeo sobre la intervención en el faro de Ajo. Fuente La Sexta.

El presidente de la comunidad autónoma de Cantabria, confeso admirador incondicional de un artista de su tierra, le encargó que pintara el faro del cabo de Ajo. Y el artista, ni corto ni perezoso, lo ha hecho. Ha llenado de figuras de colores lo que, según él mismo, “era solo un cilindro blanco”.

Comoquiera que algunos resentidos, requemados y envidiosos hemos dicho que el resultado nos parece una mamarrachada, ha surgido una polémica de lo más curiosa respecto al arte contemporáneo, la intervención, el patrimonio, pero sobre todo respecto al “pues a mí me gusta”.

Pues si a ti te gusta a mí no, y no creo que avancemos mucho más por esa línea, que no da nada más de sí y en la que está el citado presidente, que ante las críticas a una intervención tan cochambrosa ha puesto en Twitter una foto suya haciendo el gesto de la victoria con el pintor delante de la obra terminada y ha escrito: “Así ha quedado la polémica obra del gran artista cántabro @OKUDART. Yo respeto a todo el mundo en sus opiniones, pero yo tengo la mía: me encanta”.

La opinión. Ya estamos con la opinión. Esta no es una cuestión de opinión. Si lo fuera, pues en efecto cada uno tiene la suya, aunque la de los pelagatos solo sirva para patalear con desesperación y la de los que mandan valga para perpetrar esas barbaridades.

No es una cuestión de opinión. Es algo que está por encima de las opiniones. Ese presidente tiene la obligación de defender el patrimonio que le ha sido legado, tiene que asumir lo que se trae entre manos y actuar con inteligencia, sensatez y tino.

Estamos ante un faro discreto, sencillo, elegante; una obra racionalista ingenieril de 1930. Ni es una obra de arte ni nunca pretendió serlo. Pero defendía elocuentemente un tipo y había logrado hacer paisaje. Era una obra funcional y necesaria. He leído que sigue de alta en el listado de faros, y que aún funciona, pero no estoy del todo seguro. En todo caso, con los actuales sistemas de navegación asistidos por satélite los faros van quedado obsoletos y olvidados.

Pero tal vez por ello alguien (alguien con fundamento) podría haber llegado a la conclusión de que había que intervenir en el faro y en su entorno para darle nueva vida, y haber elaborado un programa y unas bases con las que pedir la concurrencia de artistas varios, cuyas propuestas podrían haber sido estudiadas por un jurado experto, inteligente, culto, abierto, vanguardista y enrollado, que podría haber decidido cuál llevar a cabo. Eso se llama concurso, y cuando hay patrimonio público y dinero público en juego es muy conveniente.

Sin embargo, lo único que ha habido ha sido el gusto del presidente, que encima dice “yo respeto a todo el mundo en sus opiniones”. No me diga. Qué guay. ¡Qué demócrata! Qué comprensivo. Nos respeta a todos y todos debemos respetar su ignorancia bañada de poder y su zafiedad con capacidad ejecutiva. Así las cosas, todos nos respetamos pero el que gana es él. Y qué más da una obra buena, provocadora, sensata y valiente que un eructo. Al fin y al cabo solo se trata de opinión.

Autor:
Soy arquitecto desde 1985, y desde entonces vengo ejerciendo la profesión liberal. Arquitecto “con los pies en el suelo” y con mucha obra “normal” y “sensata” a sus espaldas. Además de la arquitectura me entusiasma la literatura. Acabo de publicar un libro, Necrotectónicas, que consta de veintitrés relatos sobre las muertes de veintitrés arquitectos ilustres.
  • Eduardo Carazo Lefort - 8 septiembre, 2020, 12:16

    Estimado colega
    Acabo de publicar ayer un articulo en El Norte de Castilla de Valladolid sobre el pintado en colorines de varias calles peatonalizadas del Centro Histórico. Coincidimos en los argumentos. Enhorabuena

    • María Jesús González - 8 septiembre, 2020, 19:56

      Totalmente de acuerdo con ambos. El patrimonio hay que conocerlo, entenderlo, respetarlo, y hacer de ello cultura.
      María Jesús González.

  • Rogelio Martín Soler - 10 septiembre, 2020, 20:55

    Vaya por delante que me gusta la obra de Okuda, como la de otros muchos artistas callejeros y muralistas, a los que admiro en su forma de interpretar la pintura y de los que envidio su técnica y capacidad para intervenir en escalas tan descomunales. Pero en este caso, por muy espectacular que pueda ser la intervención, me parece desafortunada. Ese faro, diminuto y minimalista en su simpleza frente a la bravura del Cantábrico, ya confería con su blancura suficiente esencia y contraste al paisaje conformando un conjunto equilibrado y espectacular La adición de colores vivos entremezclados en geometrías que conforman imágenes comprensibles, técnica en la que Okuda es un maestro, esta vez no tiene justificación ninguna. El blanco en forma limpia como es la del faro ahora colorineado era una muy mejor opción, y supongo que el tiempo le devolverá ese tono caprichosamente. Lo siento, Okuda, esta vez te llevas un tirón de orejas en vez de la admiración del resto de tu obra, que seguiré defendiendo.

  • Carolina Castañeda - 13 septiembre, 2020, 13:57

    Excelente texto José Ramón, comparto tu opinión y la has argumentado de forma ilustrativa. Un abrazo

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