La fiesta del Pritzker ed. 2020: Hold my Beer (literally) while I watch this

No lo vi venir. No lo vi venir ni cuando Arquitectura Viva publico el edificio para la Universidad de Kingston en Londres y las Grafton subieron a la cumbre de mi Olimpo particular porque este edificio es meter una marcha más y consolidar la línea iniciada en el UTEC de Lima para entrar en un fuera de tiempo propio que sólo consiguen los (no: LAS) muy grandes inmerso en una especie de modernidad sin concesiones de esa que lo concentra todo y habla con una voz propia; pero una voz propia de esas de verdad, no una tontería de voz propia que parece propia pero narices que va a ser propia de verdad: lo clásico, lo expresado a través de la construcción sin filtros, los homenajes históricos, que no historicistas, a esa gran arquitectura inglesa de los sesenta, esa precisión que no tiene nada de relamida. La contundencia que viene de una gran sensibilidad. Todo ahí metido.

Hace mucho que las Grafton lo hacen muy bien, pero esto que están haciendo ahora ya empieza a no tener nombre. Y va y les cae el Pritzker. A un estudio en expansión. Que crece. Que crece en calidad, quiero decir. Que se transforma y evoluciona y no tiene techo. Es decir, joder, trayectoria tienen, pero lo que están intentando ahora mola tanto que parece que hayan premiado a una apuesta de futuro. Y sí: lo es. Una apuesta de futuro, quiero decir. Porque esto es lo que viene. Porque esto es lo que hay que reivindicar. Porque el premio se ha otorgado sin concesiones. Y, obviamente, no puedo estar más contento.

Venga, meto agua en el vino recordando que es el premio que da la fundación de unos hoteleros que vieron un nicho de mercado, se metieron, lo supieron prestigiar, apostaron por una maniobra de comunicación impresionante y les ha salido bien. Todo: la maniobra, la manipulación asociada, el proyecto que de aquí se desprende y el tenernos a todos comentando la jugada. Es así. Es así en el Pritzker, es así en los Oscar pero decidimos olvidarnos de ello y es así en los Nobel, hasta en los Nobel esos tan técnicos que no nos acordamos de ellos pero ahí están para recordarnos que de vez en cuando se dan premios más o menos bien dados. Así que sí, que tenemos información retenida y noticias programadas para las cuatro y Twitter y menciones y debates y a todos tensos como cuerdas de violín bailando al son de lo que se han inventado ahora. También, para rajar y reírnos cuando toca y meterle ironía y cabrearnos y recordar lo bueno y hacer los correspondientes estudios sociológicos sobre una trayectoria que ya empieza a ser significativa.

Pero.

Pero es que esta vez no lo han podido hacer mejor.

Porque han puesto la calidad primero. Porque han puesto la obra primero. Porque hay trayectoria. Porque uy lo que vendrá. Porque no es discutible. Es aquí y ahora. Y son ellas.

Yvonne Farrell y Shelley McNamara nacieron en la Irlanda de los 50. Y, con esa pinta de haber salido del pub de la esquina con un lápiz en la oreja mientras te cuentan cómo va a ser su próximo campus, tienen algo menos de la edad de la primera generación de mujeres que empezó a salir de las facultades de aquí. Tras ellas están todas las Su Rogers, las Wendy Foster, las Georgie Wolton, Amanda Levete, la buena de Louisa Hutton (permitidme la libertad, es que la conocí y me cayó guay). O, todavía más grave, las Jane Drew, Eileen Gray o ALISON SMITHSON. Así, en mayúscula. Porque murió el 93. SIN PRITZKER. También así, en mayúscula. Y porque Lady Elisabeth Wilbraham nació el día de San Valentín de 1632, era tan buena como cualquiera de sus colegas hombres y nadie se acuerda de ella. No se tarta de premiar a mujeres arquitectas como las Grafton, con todo el mérito del mundo. Se trata de reescribir la historia. Se trata de darse cuenta de que ellas siempre han estado entre nosotros. Así que sí, que este premio, por justo que sea, por inapelable que sea, también va por esto. Y tiene que ser así. Se lo debemos. Nos lo debemos.

Brindo por ello. Maestras.

Autor:
(Barcelona, 1975) Arquitecto por la ETSAB, compagina la escritura en su blog 'Arquitectura, entre otras soluciones' con la práctica profesional en el estudio mmjarquitectes. Conferenciante y profesor ocasional, es también coeditor de la colección de eBooks de Scalae, donde también es autor de uno de los volúmenes de la colección.

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