El traje de Oiza

Oiza contaba en clase una historia tal vez inventada, pero muy aleccionadora y pedagógica: Decía que, muchos años atrás, hubo un momento de su vida en que se sintió en la necesidad de tener un buen traje, pero lo que se dice un señor traje.

Le hablaron de un sastre muy bueno, pero, consecuentemente, carísimo.

Después de preguntar el precio y asustarse decidió comprar una buena tela en un comercio de Madrid carente de las ínfulas y del señorío de la sastrería, por lo que pensó que al menos el paño le saldría a un precio sensato y no a uno de artista encumbrado.

Se presentó con el tejido ante el sastre, y le puso como excusa que se lo había traído un pariente del extranjero. Le preguntó si estaría dispuesto a hacerle el traje con él, y el sastre le dijo que sí, que no había ningún problema.

Se lo hizo, y le quedó impecable, y le cobró lo que cobraba siempre. Oiza protestó, porque la tela la había puesto él, y eso habría que descontarlo, a lo que el sastre le contestó que él solo cobraba la hechura, y que la tela siempre la regalaba.

De ahí infería el escaldado Oiza la pregunta de qué cobra un arquitecto y por qué cobra.

Es una cuestión que hoy tiene más interés que nunca. ¿Qué cobramos exactamente los arquitectos? Nos contratan para hacer unos dibujos y resulta que los dibujos los regalamos. Sí: Fijaos en vuestro trabajo y decidme si no regaláis darle sombra a los alzados, o que las cotas tengan unos números de un tamaño legible pero no demasiado grande, y que no se solapen, y que los hacéis con mimo y con gusto porque queréis, sin pensar en el dinero. Reconoced que regaláis la elección del tipo de letra y los grosores de las líneas, y el placer de que las cosas cuadren, de que todo encaje, de que incluso en el proyecto más anodino y rutinario el dibujo sea limpio.

No cobramos por eso. Eso lo regalamos. Lo que cobramos es otra cosa muy distinta: Cobramos las llamadas por teléfono a horas intempestivas y en festivos, cobramos el tono de voz, ese tonito, y los disgustos, las reuniones desagradables… y, sobre todo, cobramos la responsabilidad.

¿Habéis pensado alguna vez lo que estamos regalando sin darnos cuenta y que en realidad es por lo único por lo que deberíamos cobrar? Les estamos dando a todos (promotor, constructor, comprador) un chivo expiatorio, una cabeza de turco que dé la cara por todos los errores, propios y ajenos. Tendríamos que cobrar, y muchísimo más, por las noches sin dormir, por las preocupaciones. Lo que cobramos es la firma. Eso es lo que decía Oiza como remate de su historia del traje: “Yo lo que cobro es la firma. Todo lo demás lo regalo”.

Es cierto. Por otra parte, eso es lo único que se espera de nosotros: la firma. Lo demás da igual. ¿A alguien le importa que el rótulo “Alzado lateral derecho” esté ajustado al borde de ese alzado y a la misma altura que el del “Alzado lateral izquierdo”? Eso son tonterías nuestras y por eso las regalamos.

Por lo que cobramos es porque esa obrita tan sencilla por la que el constructor ponía la mano en el fuego de pronto tiene cualquier problema y miramos a derecha e izquierda y todos han desaparecido, y solo quedamos nosotros, nuestra vergüenza torera y nuestro seguro (y, si este no alcanzara, nuestro patrimonio).

Eso cobramos. ¿La tela? La tela tráigame usted la que le dé la gana, que ya me apañaré con ella, o no me traiga ninguna, que ya la pongo yo. Pero mi traje es mi profesión, mi orgullo, mi responsabilidad, mi conocimiento y mi miedo. Y eso cobro: el conocimiento y el miedo.

Autor:
Soy arquitecto desde 1985, y desde entonces vengo ejerciendo la profesión liberal. Arquitecto “con los pies en el suelo” y con mucha obra “normal” y “sensata” a sus espaldas. Además de la arquitectura me entusiasma la literatura. Acabo de publicar un libro, Necrotectónicas, que consta de veintitrés relatos sobre las muertes de veintitrés arquitectos ilustres.
  • Pablo J. López Hernandez - 8 enero, 2020, 21:38

    Toda la razón. Como decía un gran maestro español:
    “los arquitectos siempre damos liebre por gato”

  • Charo - 9 enero, 2020, 14:52

    Me ha encantado, una reflexión muy necesaria… Gracias.

  • José Ramón Hernández Correa - 9 enero, 2020, 21:35

    Muchas gracias.

  • Javier - 10 enero, 2020, 9:16

    Muy de acuerdo,
    Enhorabuena !

  • María - 11 enero, 2020, 1:26

    Chapeau!!!

  • Victor Martinez Pacheco - 12 enero, 2020, 19:49

    Grande Jose Ramon!

  • Julián Vegas Bodelón - 22 enero, 2020, 11:54

    Gracias maestro , siempre te recordaré!

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