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Ciudad colectiva es ciudad feminista.

Autora de la fotografía: Ana Asensio
(Berlín, 2015)

El espacio urbano no es neutro. La percepción de la ciudad, sus zonas de tránsito, de reposo, de socialización, no son lo mismo para un niño que un anciano, que un discapacitado. Del mismo modo, hombres y mujeres experimentan la ciudad, la calle, el barrio y el hogar de manera distinta. Entre el amplio espectro espacial que se abre desde lo puramente público a o estrictamente privado, existe toda una paleta de fricciones entre individuos, y entre los individuos, los objetos y los espacios. Pensar en cómo se han diseñado hasta hace poco las ciudades, sus calles, barrios y hogares, desde qué posicionamientos políticos y sociales, nos lleva inevitablemente a hablar de feminismo.

Y es que las ciudades de hoy son el resultado de una yuxtaposición de estrategias de desarrollo, orden y control, en el caso de la ciudad formal, y de supervivencia y urgencia en el caso de la informal. En ambas hay sectores infrarrepresentados (que no minoritarios), que coexisten en ese espacio de fricción que ha sido gestado sin igualdad de participación en la toma de decisiones. Charlando sobre el tema con la gestora cultural y activista feminista Marta Álvarez Guillén (@Marta_Al_VA), surgieron estas cuestiones:

¿Son las ciudades el hábitat natural del ser humano en el siglo XXI? ¿Una planificación urbana de y para el ser humano, o para el hombre?

“Si queda aún algún hábitat que podamos llamar “natural”, éste es hoy el urbano, pero un urbano hipervinculado. La planificación urbana neutral no existe, como tantas otras cosas regidas por el heteropatriarcado, cumple mayoritariamente con las necesidades de ese hombre blanco, hetero que va a trabajar al centro el coche. Así pues, se construyen ciudades en las que existe una clara primacía del uso del coche frente al transporte público o la bicicleta –instrumento clave para la independización femenina-, en las que tienden a separarse las zonas de productividad, las residenciales y las comerciales, y en las que escasean los playgrounds o espacios públicos de socialización”

¿Cómo se construye la relación ciudad, ciudadanía, cultura independiente, feminismo?

“La mayoría de las políticas que conocemos siguen un esquema de arriba a abajo, esto es, se enuncian propuestas, se constituyen normativas y se realizan proyectos que el sector político -ayudado por empresas o consejos de análisis y consultoras, nótese- genera y aplica en pos de un bien común -siendo este entendido de un modo más o menos estrecho y matizable-. Existe, sin embargo, otro modo de “hacer ciudad” en que la dinámica es de abajo a arriba, como están tratando de hacer diversos estudios y colectivos de arquitectura y urbanismo. Se trata de una práctica política basada en la consulta ciudadana y la participación real a través de laboratorios ciudadanos o instituciones-monstruas que no reproducen la cadena de decisión jerárquica sino que responden de manera directa a las demandas ciudadanas. Entendemos que, en el sentido en que se trabaja en términos de apertura, transparencia y horizontalidad, se está haciendo institución feminista”.

Si nos trasladamos a los sectores informales de países en desarrollo, que representan una fracción demasiado extensa de la ciudadanía, el replanteamiento feminista de la ciudad se está llevando a cabo desde el reconocimiento y mapeo de la ciudad y sus espacios de seguridad y bienestar, así como desde asambleas y grupos de trabajo para reformular la planificación urbana, especialmente desde las barriadas, con líneas de acción- investigación como formación y capacitación, intervención comunitaria, difusión, incidencia en políticas, fortalecimiento institucional, que son claves y comunes para estas organizaciones (como Ciudad colectiva y Género).

Desde España son básicos los estudios sobre ecología y feminismo de Yayo Herrero, a través de Fuhem especialmente, un binomio puesto en diálogo, aplicable al replanteamiento de nuestras ciudades. Un urbanismo feminista. Y es que si, realmente, queremos lograr horizontes como los planteados por la muy ambiciosa Nueva Agenda Urbana que aseguren el futuro de un planeta urbano, es necesario comprender la mirada improrrogable hacia una ciudad feminista.

Autor:
Ana Asensio
(Almería, 1986) Arquitecta formada entre Granada, Venecia, Londres, Santiago de Chile y Madrid. Especializada en memoria y arquitectura popular (tesina de investigación, UGR), Asentamientos Humanos Precarios y Habitabilidad básica (postgrado UPM), realiza un activismo por investigación, documentalismo, divulgación y acción cultural, especialmente centrada en la experimentación arquitectónica, la cultura contemporánea y el medio rural.

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