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El debate entre los blogs y las revistas de arquitectura cambia constantemente de temas y de enfoques. Hace unos pocos años éste se hubiese focalizado en el soporte: los blogs eran digitales, las revistas de papel. Ya no es así(1). Actualmente ubicaría su raíz en el nombre, que incluso sin necesidad de recordar citas bíblicas y tal suele hacer la cosa.

Una revista es una entidad con una cierta estructura empresarial y un grado más o menos importante de prestigio.

Una revista suele tener más historia, más inercia y más reconocimiento.

Un blog es, casi por definición, un proyecto de emprendimiento condicionado de modo casi exclusivo por el dinero.  

Un blog suele ser precario y sin estructura: no hay correctores, no hay comités revisores, no hay traductores. No hay, tampoco, estructura alguna de soporte ni de protección: no existe ninguna asociación ni ningún colegio que los proteja. Imposible dado el poco o nulo retorno económico que generan. Muchos blogs están siempre columpiándose en la cuerda floja por el tema de los derechos de las imágenes que publican. Tema que tampoco está amparado por ningún departamento legal.

En esencia un blog es un proyecto de voluntariado y de paciencia.

Por el lado positivo, la independencia del blog en la elección y el tratamiento de los temas suele ser infinitamente mayor que en una revista: menos prejuicios, más agilidad, tratamientos alternativos de los temas(2). Un blog es una plataforma donde hablar de lo que se quiera y donde experimentar.

 

Una revista tiene dinero. O tiene más dinero. Una revista tiene más reconocimiento académico. Las revistas se indexan. Las revistas se auditan. Diversifican sus profesionales y pueden diseñarse. Revisarse. Planificarse. A cambio tienen inercia. Mucha inercia. La primera prioridad de una revista es su sostenibilidad, lo que las suele convertir en paquidermos poco ágiles. Su funcionamiento(3), de hecho, se puede estereotipar fácilmente: venden lo que pueden monetizar fácilmente. Singularmente promoción. Promoción en forma de proyectos, se series de proyectos agrupados por temas, lugares, palabras claves, monográficos o no. A veces no agrupados en absoluto: tampoco hace falta. Lo importante es mantener el canal abierto.

Las revistas actuales son repositorios de proyectos con un grado crítico tendiente a cero: algunas basan su crítica, cuando la hay (suele brillar por su ausencia) en la elección de los proyectos. Otras, ni eso. Menos en un par de casos(4) no tienen fotógrafos en plantilla. Ni suelen visitar los proyectos.

La frontera entre el blog y la revista es porosa. Su filtro suele ser, precisamente, el dinero que son capaces de generar y la infraestructura que se puede pagar con él. Lo que tan sólo ha sido cierto a partir de que el debate sobre el soporte se haya podido obviar, resistiendo todavía una distinción básica: el reconocimiento académico. Un blog es, actualmente, de una irrelevancia total en este aspecto. Ni tan sólo es posible incorporarlo a un currículo.

 

Los blogs han atentado contra las estructuras de las revistas por acumulación: todos ellos, aun siendo casi imposible listarlos y agruparlos, han configurado un panorama que deja las revistas en falso al incidir sobre lo que éstas no tratan: criticar, revisar temas de fondo, proponer relecturas sobre proyectos o tendencias. Los blogs proponen crítica y relación. Este panorama ha debilitado el interés de un grueso importante de arquitectos respecto de las revistas, debilitándolas económicamente sin que el capital perdido haya tenido ningún retorno. Sencillamente se ha evaporado.

 

El debate sigue abierto en un marco general en que la cultura está perdiendo prestigio a marchas forzadísimas. Mientas esto no cambie el panorama será precario e inestable para todos los que no tengan acceso al sitio donde está el dinero: la compra de promoción o de prestigio.

Y a seguir resistiendo un día más. Un artículo más.

1_ La última vez que supe de la revista COAM salía en edición digital. 2G, con todo su prestigio, pasó una etapa así. Muchos lectores ya no quieren las revistas tradicionales en papel.

2_ Lo que no significa necesariamente que tengan que ser más válidos.

3_ Que no quita calidad a los artículos. No tiene por qué, al menos.

4_ Como El Croquis o 2G, las joyas de la corona del país.

Autor:
Jaume Prat Ortells (Barcelona, 1975) es arquitecto por la ETSAB y compagina la escritura en su blog Arquitectura, entre otras soluciones con la práctica profesional en el estudio mmjarquitectes. Conferenciante y profesor ocasional, es también coeditor de la colección de eBooks de Scalae, donde también es autor de uno de los volúmenes de la colección.
  • José Ramón - 10 enero, 2017, 10:47

    En una época boyante de trabajo estaba suscrito a tres revistas importantes. Parecía obligatorio. Había que estar enterado.
    Duré algunos años, hasta que me di cuenta de que me suponían un considerable gasto (son muy caras) y apenas las hojeaba y las ponía en la estantería.
    No había, en general, buenos artículos, pero porque a los lectores (perdón: mirones) tampoco nos interesaban. Se trataba de ver fotos impresionantes y excitantes, como en las revistas porno. Era un despliegue sensual y excesivo.
    Naturalmente, al bajar los ingresos se acabaron las suscripciones. (Aparte de que esas fotos tan formidables me desasosegaban, me daban envidia y/o hastío y no me servían para nada bueno).

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