
Viñeta de ©Quino.
Todos nos hemos sorprendido en alguna ocasión cuando, tras años de amistad con alguien cuyo desempeño laboral conocemos perfectamente, descubrimos que en realidad estudió periodismo, psicología o derecho. Esta situación nunca se producirá con un arquitecto.
Un arquitecto se definirá como tal inmediatamente después del “encantado de conocerte”, puede que incluso antes.
Este artículo nació con la intención de cuestionar esa costumbre (casi manía) de cualquiera que haya estudiado arquitectura de denominarse “arquitecto” independientemente del puesto laboral que ocupe.
Ya os adelantamos que, si bien ese era el objetivo, el resultado ha sido muy distinto.
Y es que, pensando en este post, se nos cruzó en el camino esta música, ¿la reconocéis? Se trata de la banda sonora de Northern Exposure (traducida aquí como Doctor en Alaska – serie de los años 90 maltratada en España por los programadores de televisión cuando aún no contábamos con Netflix para hacernos libres-). El protagonista, Joel Fleishman, es un médico judío formado en Nueva York, cuyo sueño como estudiante consistía en trabajar en el Hospital Monte Sinaí, pero que, obligado a devolver al estado el dinero percibido en forma de beca, acaba destinado a un pueblo remoto de Alaska – Cicely-. De la noche a la mañana, ese futuro de operaciones a corazón abierto, rodeado de los medios y la tecnología más punteros en el corazón de la Gran Manzana, se ve transformado en un presente de remedios caseros para la gripe.
Al igual que el Dr. Fleischman, los arquitectos fuimos formados para la fama, instruidos para construir el nuevo Guggenheim (y de hecho nos presentamos 1715 al concurso en Helsinki); pero hemos acabado – en el mejor de los escenarios – resolviendo licencias de apertura de bares o farmacias. En muchos otros, derivando hacia territorios que nos parecían muy lejanos durante nuestros años de escuela: diseño de joyas, repostería, educación infantil, artesanía, fotografía… Pero lo sorprendente es que, en todos los casos, hemos hecho la transición (o travesía, según la coyuntura) sin borrar – no ya del curriculum – sino de nuestro ADN, nuestra condición de arquitectos.
Nos presentamos como arquitectos ante los desconocidos, aunque haga años que no abrimos una sesión de Autocad para encajar un boceto previo. No importa lo felices que nuestra ocupación actual nos haga; agazapada dentro de nosotros, la arquitectura espera su momento para volver a controlar nuestra vida. Somos arquitectos que cocinamos, que tejemos, que cantamos…
Decía el Dr. Fleisshman en uno de los episodios finales – cuando tiene la oportunidad de abandonar Cicely y se da cuenta de que no puede – que Nueva York es un estado mental. No necesita volver porque ya está allí.
Algo similar nos debe pasar con la arquitectura, que nos configura la cabeza de tal modo que ya no nos es posible mirar el mundo sino a través de sus ojos.
Y por eso, nuestra pretendida crítica se ha diluido en la compresión profunda, en la sonrisa empática; porque nosotros también – arrastrados o voluntariamente trasladados a otras latitudes – queremos seguir siendo parte de esa comunidad de locos que tiene la arquitectura como estado mental.
Autores del post:
Raquel Martínez, arquitecto por la ETSAM (2000)*, y Alberto Ruiz, arquitecto por la ETSAM (2001) y Máster en Teoría, Historia y Análisis de la Arquitectura (2014); son amigos y residentes en Madrid.
Desde el año 2009 están involucrados en el Grado en Fundamentos de la Arquitectura de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) en el que son profesores. Comparten interés por la arquitectura de mediados del siglo XX y el dibujo a mano, algunos proyectos profesionales y un espacio de reflexión en el blog arquitectura con minúsculas.
*ahora también Master gracias al BOE-A-2015-10592
No sabes cuánto, pero cuánto, me identifico con lo que has escrito. Y encima con la referencia de Northern Exposure, la primera serie que me enganchó (¿quién no ha imitado nunca a Chris abriendo emisión en la K-oso?)
Me he visto muy identificado en el planteamiento inicial, quizás un día te apetezca retomarlo, yo soy de los «Soy Arquitecto, aunque me dedico a …». Creo que lo hago por dos motivos, el reivindicativo, con o mal que lo pasé en la escuela, con lo que ha costado, debo decirlo, y el pragmático, nunca se sabe quien puede estar pensando en hacerse una unifamiliar o reformar un local.
Lo de ver el mundo con ojos de Arquitecto, los días pares lo veo así, los impares me veo un tanto pretencioso y pedante por verlo así, no sé …
Doctor en Alaska, la primera de las series, nunca la habría visto si hubiese sido a una hora «normal», así que bienvenido ese maltrato