Libertad condicional

Libertad condicional

Cartel de la película Straight Time, en España Libertad Condicional, Dir. Ulu Grosbard, 1977.

El arquitecto, como el médico, como el ingeniero, como el abogado… como cualquier otro profesional liberal, está sujeto a una estricta responsabilidad por cada trabajo que hace. Pero, a diferencia de otros profesionales, se le restriega esa responsabilidad por la cara con mucha facilidad.

Podría decirse que todo arquitecto con suficiente edad y con suficiente obra a sus espaldas ha tenido alguna experiencia desagradable alguna vez, enfrentado a su responsabilidad ante algo que no ha salido bien.

Todo, absolutamente todo lo que pueda salir mal en una obra, puede acabar cayéndole sobre la cabeza al arquitecto. Es práctica común que los abogados de los demandantes disparen a todo bicho viviente para que haya más dianas y sea más fácil hacer blanco, y que los jueces (que no suelen complicarse la vida y que tampoco suelen intentar entender lo que ha pasado ni por qué) acepten que sean llamados todos, sea por lo que sea, y a menudo los condenen de forma solidaria, con la consabida fórmula de “café para todos”.

Pero el café no es para todos. A menudo el promotor y el constructor, escudados en sociedades limitadas insolventes, se van sin soltar un euro y exhibiendo su supuesta indigencia. Mientras que el arquitecto y el aparejador responden por sí y por sus herederos.

Esa responsabilidad civil dura muchos años. Demasiados. Y, por el diseño de la póliza del seguro de responsabilidad civil (hablo de ASEMAS, que es lo que conozco), aparte de que en su día pagaras el fijo y la prima correspondiente a tal obra, tienes que seguir pagando la cuota fija año tras año si quieres estar cubierto. Además, aunque no hagas otra cosa, por lo menos 10 años has de tener que pagar la última obra ejecutada.

Para colmo, ahora que fallan los trabajos y que la mutua de seguros no cobra suficientes primas variables por obras (ya que no las hay) ha subido muchísimo la prima fija, y el arquitecto se ve sin apenas ingresos y pagando mucho más seguro que en toda su vida por mantener cubiertas obras que ya pagó en su día.

Para casi todos esto es insostenible. La gran mayoría nos hemos bajado las coberturas, y algunos, sencillamente, se han borrado. “Que sea lo que Dios quiera”. Unos duermen mejor y otros peor.

Y vamos así, como zombies, en situación más o menos irregular y en una especie de precaria libertad condicional.

Todos tenemos anécdotas, ya sean propias o de amigos, que dibujan la dimensión kafkiana de la responsabilidad del arquitecto. Todos conocemos sentencias vergonzosas, ominosas, brutales, y muchos estamos convencidos de que la sinrazón de todo esto tiene como origen (o como uno de los orígenes) que los arquitectos tengamos seguros tan buenos y tan solventes.

Obviamente, si esto fuera cierto la solución sería echarnos al monte: Trabajar con el culo al aire y, al grito de “salga el sol por Antequera”, ponernos el mundo por montera y disfrutar con optimismo esta libertad condicional que, por el momento, estamos disfrutando.

 

Autor:
Soy arquitecto desde 1985, y desde entonces vengo ejerciendo la profesión liberal. Arquitecto “con los pies en el suelo” y con mucha obra “normal” y “sensata” a sus espaldas. Además de la arquitectura me entusiasma la literatura. Acabo de publicar un libro, Necrotectónicas, que consta de veintitrés relatos sobre las muertes de veintitrés arquitectos ilustres.

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