Lacaton & Vassal, territorio de excepción. (Premio EU Mies Award 2019)

Fotografía de la obra galardonada con el primer premio por el EU Mies Award 2019: estado previo y actual tras la intervención de Lacaton & Vassal, Druot y Hutin. (Fotógrafo: Philippe Ruault)

Lo consiguieron. Ayer el estudio Lacaton & Vassal 1 recibió por fin el premio a la mejor obra europea de 2019, conocido como EU Mies van der Rohe Award, por su obra de Transformación de 530 viviendas en Burdeos. Pocas veces los objetivos de un premio se ven tan nítidamente reconocidas en la obra galardonada, así que el jurado tenía argumentos más que sobrados para justificar su decisión, pese al altísimo nivel de las obras que se presentan a este certamen bianual.

Es admirable la coherencia de toda la obra de estos arquitectos franceses, que han sabido desarrollar y mantener una línea de investigación de gran consistencia desde que terminaron su casa Latapie en 1993. Sin embargo, pese a haber logrado tener alguna de sus obras elegida para este EU Mies Award ―2 nominaciones, 2 finalistas y 7 seleccionadas desde 1996―, han tenido que pasar 23 años hasta alcanzar este primer premio. Nunca es tarde si la “obra” es buena…

Su arquitectura nace “del usuario”. Y no es esta una frase hecha, vacía, para decir lo que otros quieren oír. En absoluto. Predican con el ejemplo y por eso son tan creíbles. Su talento reside en lo que no se ve, más que en lo que se ve. Tienen una enorme capacidad de leer las condiciones del lugar y del encargo, es decir, las circunstancias de su proyecto. Estudian el clima, el ruido, la vegetación, las costumbres habitacionales, el programa… Pero en ese proceder podríamos incluir a muchos arquitectos. La diferencia estriba en su interpretación de las preexistencias y en la imaginación para desarrollar modelos habitacionales que mejoren el lugar y el programa de necesidades dado. Su criterio es siempre dar un plus, ofrecer ese “espacio de más” que cualifique los edificios con adiciones inesperadas.

Empezaron haciéndolo así en sus viviendas unifamiliares, donde lo rígido y estricto del programa doméstico “se deforma” al yuxtaponer un “espacio de más”, un invernadero, concebido como recinto que amplía los dominios del habitante capaz de controlar y mejorar el confort vital de la casa. Su discurso surgió así, sin impostados discursos sobre la eficiencia energética, esos que hoy sirven para justificar mucha de la mala arquitectura de nuestros días.

Con esos espacios añadidos, a veces tan grande como la propia casa ―casa Latapie (1993), casa en Coutras (2000), viviendas en Mulhouse (2005)― descubrieron la forma de atender las necesidades más humanas de sus habitantes, que es lo que finalmente les ha llevado a obtener el galardón ayer: su estrategia del “espacio de más” llevada a la vivienda colectiva, en este caso para unos bloques residenciales de la época del desarrollismo en Burdeos.

Su proyecto premiado es la mise-en-scène de su proyecto (teórico) más ambicioso: PLUS 2. Encargado por el Ministerio de Comunicación y Cultura francés en 2004, su trabajo de investigación acerca de la obsolescencia del parque inmobiliario de los barrios periféricos de las ciudades francesas abogaba por una puesta en valor de esas construcciones. Reciclarlas, no demolerlas, era (y es) su mejor destino pese a los intereses creados, pero para ello el proyecto arquitectónico debe aportar una mejora sensible en los pisos de cada usuario que sea digno de tal esfuerzo. Y lo consiguen.

Añadiendo espacio de amortiguación climática, una simple galería continua alrededor de cada piso, se genera una nueva relación espacial de las habitaciones y se mejora el comportamiento energético del bloque. Con una implicación de todos los agentes implicados (administración, arquitectos y usuarios) se logra renovar cada casa por unos 50.000€, gracias a un aumento en el aprovechamiento edificable de los bloques que revierte directamente en la mejora de la vida humana, al ampliar sus exiguas habitaciones y entablar una relación mucho más digna con el entorno urbano. Todos salen beneficiados gracias a este compromiso común.

La obra galardonada debería ser, y mucho más en este caso, un modelo para cualquier ciudad que quiera afrontar con responsabilidad la renovación de calidad urbana y arquitectónica de la periferia consolidada. Es cuestión de flexibilizar normativas, de trascender el mero discurso “green” que da medallas al “edificio inteligente”, ese que olvida la inteligencia de los usuarios. Y es una necesidad para hacer de aquellos malos edificios construidos hace medio siglo un patrimonio sostenible que no nos podemos permitir abandonar a su suerte, ni siquiera porque la “industria del ladrillo” necesite construir bloques nuevos. Hay alternativas al modelo y esta de Burdeos es un brillante ejemplo de ello. Tomen nota, señores políticos, ahora que tanto parecen preocuparse por sus ciudadanos al olor de los comicios electorales: sean valientes y dejen que haya más “territorios de excepción” como este en nuestras ciudades.

Autor:
(Teruel, 1974) Arquitecto por la ETSA.Valladolid (1999) y doctor en Arquitectura (2013). Fundador del estudio [r-arquitectura], oficina de proyectos arquitectónicos y editor del blog de [r-arquitectura] . Investigador permanente sobre Arquitectura Moderna y Contemporánea, profesor de la ETSA.Valladolid, y autor del libro Mies van der Rohe: el espacio de la ausencia.

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