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El excepcional arquitecto Berthold Lubetkin solía definir la arquitectura como una rama menor de la decoración pastelera, así que alguna relación tendrán.

La creación del pasado

Un Gobernador civil es un personaje a tener en cuenta. 1943, Olot. El entonces alcalde e la ciudad y Presidente de la Diputación Provincial, Pere Bretcha, ha de recibir el suyo y, teniendo en cuenta la dureza de los tiempos y el pasado disidente de una ciudad que no hacía ni cinco años llegó a ser la capital circunstancial de una Cataluña republicana, lo quiere complacer. Bretcha tiene una arma secreta para hacerlo: el restaurante La Deu, ubicado en plena Moixina, un paisaje onírico de humedales, donde se comía y se sigue comiendo muy bien. Bretcha pide a la dueña que prepare un plato nuevo para complacer al Gobernador. La dueña en cuestión preparará un sándwich con dos láminas de patata confitada y un relleno de carne del perol, lo rebozará y lo freirá. El plato será un éxito instantáneo que todos querrán probar, multiplicando el prestigio del restaurante. Los comensales lo pedirán como las Patatas d’en Bretcha, que poco tiempo después pasarán a ser conocidas como Patates de la Deu. El prestigio gastronómico de la ciudad crecerá. Los otros restaurantes del municipio, celosos de que les pidan un plato con el nombre de un establecimiento rival, las rebautizarán como Patates d’Olot. Habrá nacido uno de los platos más populares y demandados del país, un planto que, contando con sólo 69 años de existencia, rivaliza en popularidad con las judías con butifarra o la crema catalana.

Joaquim Vayreda, L’estiu (1877). MNAC. Este cuadro se pintó a pocos metros del restaurante La Deu.

Esto es así porque el plato tiene relato. Historia. Tradición. Un modo de ser explicado que lo ha trascendido y popularizado tanto que quien lo come sabe que está ante un plato especial aunque no sepa nada de su origen. Obviamente la calidad del plato es un factor relevante. Esta calidad, sin embargo, no es suficiente para explicar su éxito. No desde el momento que otros platos tienen tanta o más calidad sin gozar de esta popularidad.

Es el relato.

Y el relato no puede ser vertical. Sólo el boca a boca, nunca mejor dicho, lo garantizará. El relato garantiza el éxito de una obra a cualquier escala. La gastronomía es un arte. La arquitectura, otro1. Cualquier arquitectura popular, popular de veras, lo será porque tiene un relato. La arquitectura clásica es popular no por antigua, sino porque tiene un relato. Lo mismo pasa con la Ópera de Sídney. No sucede, sin embargo, con la Villa Saboya que, por muy Patrimonio Mundial que sea, no hemos sabido explicar de modo comprensible. Un relato poderoso puede popularizar cualquier arte hasta desencadenar verdaderas pasiones. Escuchando por los bares he captado conversaciones sobre

las pastillas fonocaptoras de la guitarra de Ry Cooder.

las steadycam usadas en Alien 3.

el significado de los molinos en El Quijote.

Sin que ninguna de estas conversaciones estuviese participada ni por músicos, ni por cineastas ni por escitores, sino por gente interesada.

En estos mismos bares he escuchado conversaciones sobre arquitectura donde se discutía sobre

la fachada principal de Santa María del Mar, que se ve que no es simétrica.

los accesos al MNAC, que tienen demasiadas escaleras.

Venecia.

la Sagrada Familia.

Jamás he escuchado ninguna conversación sobre los temas que los arquitectos nos esforzamos en poner sobre la mesa, ni sobre los edificios de moda, ni sobre sostenibilidad, ni sobre si las escuelas terminarán o no con el acoso escolar.

La arquitectura que nos interesa se popularizará si conseguimos que el discurso sobre ella sea horizontal. Lo que no se puede realizar a través de los códigos que manejamos los arquitectos para hablar entre nosotros, perfectamente incomprensibles y aburridos para el público.

 

En este número conoceremos cuatro experiencias comuncativas realizadas por arquitectos que han conseguido trascender estos códigos llegando a públicos nuevos, o generalistas.

Empezamos con Olímpia Solà Inaraja. Olímpia estudia arquitectura y dirige y presenta, conjuntamente con Bruna Autet Codinach y Elena Roig Seguí, Coses Modernes, un podcast de arquitectura y arte que llega a un público joven que está dimitiendo de la comunicación de arquitectura: el suyo, el joven. Olímpia nos reivindica el bar, la conversación informal, como origen de estas conversaciones.

David García-Asenjo nos habla de sus inicios en la radio. David es uno de los integrantes de Territorio Comanche, la tertulia cultural de los viernes del programa de Julia Otero en Onda Cero, una tertulia donde la arquitectura encuentra difusión entre el público general.

Andrea Griborio es la directora ejecutiva de Arquine, una de las editoriales de arquitectura más populares en español. Andrea, además, presenta el podcast La hora Arquine y dirige Mextrópoli, un festival de arquitectura que mueve más de cincuenta mil personas en CDMX. Andrea nos habla de su experiencia relatando arquitectura.

Por último, Pablo Santacana nos habla del evento sectorial más importante, por transversal, donde participamos los arquitectos, la Bienal de Arquitectura de Venecia, y de los esfuerzos de dos comisarios para conseguir que la arquitectura tenga relato.

 

 

Notas de página
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El excepcional arquitecto Berthold Lubetkin solía definir la arquitectura como una rama menor de la decoración pastelera, así que alguna relación tendrán.

Autor:
(Barcelona, 1975) Arquitecto por la ETSAB, compagina la escritura en su blog 'Arquitectura, entre otras soluciones' con la práctica profesional en el estudio mmjarquitectes. Conferenciante y profesor ocasional, es también coeditor de la colección de eBooks de Scalae, donde también es autor de uno de los volúmenes de la colección.

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