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Las ciudades de están preparando para expulsar a los coches. A todos los coches.

Recientemente he asistido al 8º Congreso “Ciudades que Caminan”, que se ha celebrado en la localidad coruñesa de Carballo a principios de octubre. Allí, además de ponencias, coloquios y mesas redondas (y una charla con el que tuve el honor de inaugurar el congreso), escuché muchas propuestas e iniciativas que se compartían en los corrillos entre representantes, concejales y demás asistentes.

Algunas ya habían aparecido en las ponencias y otras se soltaban un poco como avanzadilla de un futuro que vendrá. Todas, sin excepción, me resultaron interesantes, pero hubo una que me hizo volar la cabeza genuinamente y que creí percibir como un runrún que irá creciendo hasta convertirse en motivo central: las ciudades se están preparando para expulsar A TODOS los coches de sus centros. También a los vehículos de reparto.

La propuesta, que ya se está comenzando a implementar en ciudades de gran tamaño, como Getafe, implica un cambio absoluto de paradigma porque, hasta el momento, todos los proyectos de reducción del tráfico en las ciudades siempre mantenían como excepción a los transportes públicos y a las furgonetas y camiones de reparto. Sin embargo, cabe realmente preguntarse si todos son necesarios.

Es obvio que el transporte público colectivo, así como los vehículos de emergencia no van a desaparecer pero, ¿por qué nos hemos acostumbrado a que todas las mañanas de todos los días, nuestras calles estén pobladas (y a menudo en doble fila) por furgonetas haciendo carga y descarga? ¿No hay una solución alternativa?

Sí la hay, claro, si bien implica una formidable inversión en infraestructura. Para empezar, no se trata, obviamente, de eliminar el reparto. Es más, con los hábitos digitales de consumo cada vez más extendido, el reparto va a ser todavía más necesario. De lo que se trata es de eliminar los vehículos a motor. Si una zona es peatonal o de circulación ciclista, debería serlo en todo momento; para eso, las ciudades están empezando a contemplar nodos de distribución de tamaño pequeño en los bordes de los centros históricos, a donde llegarían los camiones y desde donde saldrían esas grandes desconocidas en nuestro país: las bicicletas con remolque.

La cosa no sería tan distinta a lo que hacen los repartidores de comida a domicilio en bici (aunque con derechos laborales garantizados, por favor). Sencillamente, desde el nodo, unos repartidores en bici harían los recorridos de último kilómetro, tanto a los domicilios como a los bares y tiendas. Esto despejaría de coches real y definitivamente el centro de las ciudades. De todos los coches.

Obviamente, la sustitución no se haría palabra por palabra porque, entre otras cosas, en una furgoneta caben muchas mas cajas que en el remolque de una bici, pero se podría hacer. Solo es necesario entender que esto no es un parche; esto implica un cambio auténtico en el entendimiento de la arquitectura y el urbanismo de las ciudades.

Porque sin la necesidad de contemplar calzadas y radios de giro, las calles y los edificios que las conforman van a ser muy distintos a los que conocemos.

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