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Julia Ayuso

Los espacios de trabajo están llenos de recursos para la salud: bienvenid@s a la salutogénesis

Oficina de CBRE, en Madrid. Fuente: CBRE

 

El movimiento de los entornos de trabajo saludables está más de actualidad que nunca, y se ocupa principalmente del potencial patógeno (causante de daños) del entorno de la oficina. La calidad del entorno interior del lugar de trabajo puede contribuir en gran medida a la mala salud, en parte como resultado del paradigma de reducción de costes que impregna la práctica en el lugar de trabajo, en el que la eficiencia del espacio se prioriza por encima de las necesidades de los ocupantes. Por ello, los sistemas de certificación para optimizar la salud y el bienestar en el entorno construido (por ejemplo, el estándar WELL) se centran en gran medida en la mejora de la calidad del ambiente interior a través de estrategias como la minimización de los contaminantes en el aire y la reducción de diversas fuentes de incomodidad ambiental.

 

Sin embargo, la mitigación de los componentes ambientales patógenos es un paso necesario pero no suficiente hacia el objetivo de proporcionar lugares de trabajo verdaderamente saludables. Es igualmente importante tener en cuenta los aspectos salutogénicos (que promueven la salud) del entorno laboral, para responder mejor a las necesidades del entorno de trabajo.

 

La distinción entre los factores que causan daños y los que promueven la salud se hace eco de la definición de la Organización Mundial de la Salud (1948) como un “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no sólo de ausencia de enfermedad o dolencia”, y también tiene un paralelismo con la distinción entre “languidecer” (la presencia de enfermedades mentales) y “florecer” (la presencia de emociones positivas) en el movimiento de la psicología positiva.

 

Según el modelo salutogénico, el estado de salud es un proceso continuo en el que la persona se sitúa en algún lugar del continuo “enfermedad vs salud”. Los factores de estrés cotidianos contienen el potencial patógeno de conducirnos hacia la mala salud y la enfermedad. Por otro lado, también podemos recurrir a recursos a nivel individual o grupal que nos permiten evitar eficazmente que la tensión se transforme en estrés y, por tanto, contenga el potencial salutogénico para promover resultados de salud más positivos.

 

En conclusión, la minimización de los aspectos patógenos del entorno de trabajo es un paso necesario en la mejora de las oficinas, pero no es suficiente para optimizar el lugar de trabajo. Hay que prestar la misma atención a las oportunidades de promover los recursos salutogénicos en el entorno de trabajo, ya que éstos pueden ayudar a responder a los factores de estrés de forma más positiva y adaptativa, con resultados beneficiosos para la salud y el bienestar a largo plazo.

 

La oficina verdaderamente saludable debería no sólo estar libre de los factores que causan enfermedades, sino que también debe ser:

  • Comprensible: ordenada y coherente.
  • Gestionable: lo suficientemente rica en recursos para que las personas puedan afrontar eficazmente los factores de estrés.
  • Significativa: un lugar en el que las personas sean capaces de reconocer su sentido personal y dentro de la organización.

 

El mundo ha cambiado y también el entorno de trabajo tal y como lo conocíamos, ¿cómo haremos tangibles los arquitectos estos conceptos en nuestros diseños?

Autora:
(Elche, 1983) Como resultado de mi trabajo de investigación, hago labores de diseño y consultoría de espacios de trabajo centrados en las personas, que contribuyen a la mejora de su salud, bienestar y productividad. Soy Doctora Arquitecta y Project Manager especialista en cuantificar el beneficio económico que supone para las empresas la implementación de estrategias de diseño centrado en las personas, y actualmente dirijo People Lab en CBRE. No siempre quise ser arquitecta. Cuando era una niña pensaba que tal vez sería exploradora, o científica, o inventora. He viajado por todo el mundo para ver, tocar y sentir la arquitectura que me emociona. He vivido varios años en Japón, y lo que más me gusta de este país es su amor por lo bello y lo sutil (y el matcha).

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