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El debate sobre el modelo de ciudad compacta se abre de nuevo durante la pandemia. Jose María Ezquiaga argumenta en su artículo “La ciudad que queremos” que existen distintos tipos de densidad urbana, y que el enemigo a batir no es la densidad, sino el hacinamiento.

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En palabras de Iñaki Alday, “(…) esta crisis está recuperando el valor de la comunidad. Las viviendas tendrán que incorporar distintos niveles de espacios compartidos: para los vecinos del rellano, de escalera, de bloque o de calle.” +info: ” Ni Ifema era la solución más eficaz ni nuestras casas están preparadas. Ideas de los arquitectos para luchar contra las pandemias.

 

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La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, planea transformar la ciudad para que se pueda tener todo lo que se necesita en un entorno muy cercano, acuñando el término de “la ciudad de 15 minutos”.

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HERNÁNDEZ, E. et al (2014) “Vivienda Contemporánea: apuntes para una teoría”, I Congreso de Vivienda Colectiva Sostenible, Barcelona.

El acceso a la vivienda no basta: vidas compartidas en ciudades desarraigadas

Dos hermanos en su dormitorio durante el confinamiento, Madrid, 13 de abril de 2020. Fuente: EL PAÍS 

La gran aportación que este año atípico deja a nuestras casas no es la de señalar sus grandes deficiencias, sino la de ampliar el diagnóstico para garantizar, no ya el acceso a una vivienda digna, sino el acceso a una vida digna en la ciudad 1.

 

Nuestras ciudades no están pensadas para habitarlas. Y es que hasta que no se nos ha impedido transitarlas o visitarlas, no hemos podido experimentar su potencial de forma plena y con mayor consciencia de las limitaciones del modelo vigente. A mayores, cuando ni siquiera esto era posible, tratamos de apropiarnos de las calles desde los balcones de nuestras casas. Quedaba clara nuestra imperiosa necesidad de nexo con lo público, la calle. De vincular nuestros deseos, miedos y aspiraciones con ese producto social, colectivo y cambiante que es la ciudad. 2

 

Se abre en las disciplinas encargadas de las cuestiones urbanas, una vez más, el debate sobre la espinosa relación entre las actividades cotidianas del espacio doméstico y la ciudad. Una relación, por naturaleza, siempre inestable y difusa, pero que durante los últimos años ha intensificado sus límites de la mano de una estructura social y económica que favorece un vínculo líquido y nómada con la ciudad y el territorio.

 

Hemos comprobado la dificultad espacial de nuestros bloques para compartir con nuestros vecinos de escalera o de barrio, al tiempo que la importancia de la proximidad en nuestro entorno urbano.3

 

Debemos entender la compleja relación de estos dos ámbitos –doméstico y urbano; privado y público; casa y ciudad–. Que la calidad del espacio residencial determina la calidad del espacio urbano. Que el derecho a la vivienda queda en nada si se materializa como aglomeración de casas que no dan ni ofrecen derecho a la ciudad. Que debemos repensar gran parte del modelo. En definitiva, que los espacios para la vida, como producto social que son, materializan derechos que no son colectivos ni individuales, sino de interdependencia.

 

Buscando esos lugares para la interdependencia, y más allá de la pandemia, son muchos los cambios que la teoría arquitectónica está analizando. Ejemplos de vivienda colectiva contemporánea que exploran la porosidad de bloques y manzanas y en los que “más que permeabilizar lo construido, el objetivo (…) es la producción de nuevas formas de espacio libre –público o comunitario– compatibles con el sistema residencial.4

 

La vivienda debe seguir explorando ese límite que la separa de la ciudad. Dotar a la vivienda de un carácter primario en el desarrollo y la conceptualización de la ciudad, apoyada en modelos que permitan la construcción de colectividades verdaderamente sólidas y resilientes, independientemente de las situaciones de excepcionalidad, y con capacidad de apoyo y vinculación con el territorio cercano. Una vivienda que incorpore las necesidades de quienes la habitan, entendiendo que lo que las personas necesitamos, por encima de todo y más allá de un techo, es un lugar del que volver a formar parte, en el que desarrollar nuestros derechos de interdependencia, a la vivienda, a la ciudad y al arraigo.

Notas de página
1

El debate sobre el modelo de ciudad compacta se abre de nuevo durante la pandemia. Jose María Ezquiaga argumenta en su artículo “La ciudad que queremos” que existen distintos tipos de densidad urbana, y que el enemigo a batir no es la densidad, sino el hacinamiento.

2

En palabras de Iñaki Alday, “(…) esta crisis está recuperando el valor de la comunidad. Las viviendas tendrán que incorporar distintos niveles de espacios compartidos: para los vecinos del rellano, de escalera, de bloque o de calle.” +info: ” Ni Ifema era la solución más eficaz ni nuestras casas están preparadas. Ideas de los arquitectos para luchar contra las pandemias.

 

3

La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, planea transformar la ciudad para que se pueda tener todo lo que se necesita en un entorno muy cercano, acuñando el término de “la ciudad de 15 minutos”.

4

HERNÁNDEZ, E. et al (2014) “Vivienda Contemporánea: apuntes para una teoría”, I Congreso de Vivienda Colectiva Sostenible, Barcelona.

Autor:
(Águilas, 1987) Socio cooperativista y cofundador de la Oficina de Innovación Cívica S. Coop. Miembro de la red internacional CivicWise.

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