Obsolescencia vital

 

(Ilustración: Fotografía del ratón al que me refiero al principio del texto).

Tengo varios ordenadores, pero el mío de verdad, el mío mío, el que utilizo para dibujar planos, para escribir y para otras muchas cosas imprescindibles, es una pieza de museo.

Hace días que me iba mal el ratón, lo abrí y le saqué unas cuantas pelusas. Le hice una foto y la puse en Twitter, sabedor de que a más de uno le daría un jamacuco.

Y así fue: Las reacciones no se hicieron esperar. Los jóvenes se escandalizaron y se burlaron de mí o me trataron con conmiseración.

Sí; soy un viejo. ¿Qué pasa? Ya me gustaría a mí ser joven y volver a tener el ardor y el empuje que tuve (mentira: nunca los he tenido). Pero me tengo que conformar con lo que soy y con cómo estoy.

Tengo el AutoCad 2004, el último que aprendí a manejar y con el que me defiendo divinamente y sigo haciendo mis planos, y lo tengo en un ordenador de más de quince años, con Windows XP y sin conexión a internet, y que no me falla nunca. Por el contrario, el más moderno que tengo (qué remedio) tiene Windows 10, está conectado y una de las últimas veces que se actualizó me fastidió un programa. (Ya no vale con haberlos comprado legalmente en su fecha; es que hay que tenerlos constantemente actualizados para que sigan andando).

Uno es viejo cuando tiene más pereza que curiosidad; es decir, cuando la excitación que puede producir algo nuevo, aunque sea mejor que lo que se tiene, no compensa el cansancio y el fastidio de tener que cambiarlo. Entonces yo ya soy viejo. Desde mis inicios profesionales con tablero, paralex, estilógrafos, papel vegetal y máquina de escribir, estuve atento a aprender, a actualizarme, pero hace años que solo aprendo algo nuevo cuando me es imprescindible para seguir trabajando, y últimamente pienso en jubilarme a tiempo, antes de que todo este torbellino me devore. Ya me he cansado de correr y de ir con la lengua fuera, porque además uno corre de joven y está en el grupo de cabeza, y disfruta con la carrera, pero cuando se va cansando, y pierde pie, y se descuelga del pelotón, ya solo hay fatiga y desilusión.

Queda un rincón de paz, de dominio, de tranquilo conocimiento, de vista con perspectiva, de trabajo con calma y con inteligencia sensata. Lo llaman “la zona de confort”, y no hacen más que decirnos que la abandonemos. Sí; ya; en eso estoy pensando. ¿Cómo voy a dejar mi zona de confort, con la de años que me ha costado hacérmela?

Pero estoy hablando de herramientas, y eso es lo de menos. Cada uno se busca las que necesita y se apaña con las que tiene. Hay algo mucho peor, y es la esencia misma de lo que se trabaja. La normativa y las exigencias no hacen más que cambiar, y cada vez más deprisa. Antiguamente lo que uno sabía le duraba décadas; después años, pero ahora son meses. Este frenesí hace que incluso los jóvenes estén desorientados y se sientan viejos prematuros.

Mi hijo mayor acaba de ver mi ordenador nuevo (sí, el nuevo) y me dice que ya va siendo hora de cambiarlo, o al menos de formatearlo y añadirle chirimbolos. Le he mirado con una expresión de hastío y derrota y le he pedido que me tome en sus brazos con amor y delicadeza y me deposite piadosamente en el contenedor de orgánico.

Autor:
Soy arquitecto desde 1985, y desde entonces vengo ejerciendo la profesión liberal. Arquitecto “con los pies en el suelo” y con mucha obra “normal” y “sensata” a sus espaldas. Además de la arquitectura me entusiasma la literatura. Acabo de publicar un libro, Necrotectónicas, que consta de veintitrés relatos sobre las muertes de veintitrés arquitectos ilustres.
  • Rodion - 26 febrero, 2021, 19:54

    Qué hermoso texto. No estoy de acuerdo en nada, empezando por seguir con le mouse “de bolita” y especialmente con el hecho de que estés para el contendor de residuos orgánicos.

  • Marcelo Martín - 27 febrero, 2021, 13:02

    genial tu artículo colega, yo ni llegué a aprender autocad, pero me dediqué al diseño grafico y soy el asombro porque tengo un photosoiho e Ilustrador CS6, he cambiado los Mac cada 12 años porque me gustan los deportivos y no tengo dinero para un Maseratti pero si para un Mac. Pero no soy un genio informático, aprendo lo que necesito. Con tu permiso transcribo en facebook el final de tu nota, es sencillamente genial. Un abrazo yo me hice arquitecto en el 71 en Argentina.

  • Pijus Maximus - 27 febrero, 2021, 19:51

    Con tanta pantalla y tecnología y vorágine consumista están haciendo que perdamos el Norte. Me ha encantado el texto.

  • José Ramón Hernández Correa - 28 febrero, 2021, 18:47

    Muchas gracias a todos.
    Aunque dicen que “mal de muchos, consuelo de tontos” yo me siento aliviado al ver que hay más gente como yo y que no soy una persona especialmente torpe y desfasada.
    Os agradezco mucho vuestros comentarios.

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