1

Rudolf Wittkower y Margot Wittkower, Nacidos bajo el signo de Saturno: genio y temperamento de los artistas desde la antigüedad hasta la revolución francesa (Madrid: Ediciones Catedra, 2017).

Queredme

Collage del autor. Noviembre de 2020.

No he podido encontrar la cita, pero se la he escuchado múltiples veces a Alberto Campo Baeza: «Somos arquitectos porque queremos que nos quieran.»

Existe algo de exhibicionismo en nuestra disciplina, o al menos en la forma en la que nos acercamos a ella, en la que se enseña y se narra. Un exhibicionismo que no se pierde y que tiene menos que ver con lo que mostramos y más con la reacción que esperamos de quienes lo usan o lo observan.

Queredme. Querednos. Mirad lo que hacemos.

Este deseo de reconocimiento se combina con la exacerbación —en muchos casos artificial e interesada— del componente vocacional que, como sabemos, se simplifica hasta invadir lo reproductivo y lo vital. La vocación punzante, mal entendida y peor usada, justifica la explotación y la autoexplotación en aras de ese reconocimiento esperado que quizá nunca llegue. De ese amor perverso.

Queredme, esto me está costando la vida.

Se convierte así el trabajo en trabajo virtuoso: se completa en su exhibición y, reducido a esta, oculta todo sufrimiento. La medida es la calidad de lo producido o, mejor dicho, su valoración inter pares, endogámica. Si peligrosa resulta la ocultación de la penuria laboral, no lo es menos la del privilegio.

Queredme, quered ser como yo. Emprended como yo. Proyectad como yo. Si podéis. Las circunstancias orteguianas no existen. Todos somos iguales, aunque lo seamos muy poco.

Entendido como valor y como cumplimiento de la llamada vocacional, el sufrimiento virtuoso nos aproxima a las personalidades saturnales que describen los Wittkower en su texto1 sobre el proceso de mistificación de la personalidad estrafalaria como atributo —valorable— de los artistas.

Queredme, ¿No lo veis? No queréis entenderme. Soy especial.

El origen de este proceso, de esta espiral de deseo y exhibición, es que queremos que nos quieran. La realidad es que estamos dispuestos a poco por conseguirlo.

Queredme, yo soy así.

Señala Peggy Deamer como la asunción, por ejemplo, de que somos trabajadores —ni artistas ni genios sino obreros— nos devolvería a una realidad en la que podríamos ser capaces de establecer puentes empáticos con otros trabajadores; quizá, también, con una sociedad a la que decimos servir y a la que, en muchas ocasiones, desdeñamos o infantilizamos. De entender nuestro lugar en el mecanismo económico y productivo y de abandonar el sistema —ridículo, por simplista— que confunde la ética de producción empresarial con la fotogenia de lo producido.

Querednos. Entendednos. No queréis entendernos. Necesitamos una ley para que entendáis lo que hacemos. Para protegernos de… ¿Quién?

Quizá el problema es que de quien debemos protegernos es de nosotros mismos. De un amor idealizado y romántico construido sobre mentiras, medias verdades y una propiacepción —no carente de un cierto malditismo y profundamente clasista— que dejó de ser válida hace mucho tiempo. De una distopía profesional en la que quienes se lucran con trabajo no pagado dirigen jurados de prestigio y se vanaglorian de relatos en los que alumnos cuentan como para ‘trabajar’ para ellos tuvieron que compatibilizar sus estudios con dos empleos y pedir dinero a sus padres.

Queredme. Queredme como era hace cien años. ¿No lo recordáis? Que buenos tiempos. Entonces me queríais. ¿Qué nos ha pasado?

Quizá… que debemos empezar, como Narciso, a querernos menos a nosotros mismos antes de ahogarnos.

O a deconstruirnos y empezar a mirar lo del poliamor, que no sería mala cosa.

Notas de página
1

Rudolf Wittkower y Margot Wittkower, Nacidos bajo el signo de Saturno: genio y temperamento de los artistas desde la antigüedad hasta la revolución francesa (Madrid: Ediciones Catedra, 2017).

Autor:
(Almería, 1973) Arquitecto por la ETSAM (2000) y como tal ha trabajado en su propio estudio en concursos nacionales e internacionales, en obras publicas y en la administración. Desde 2008 es coeditor junto a María Granados y Juan Pablo Yakubiuk del blog n+1.
  • Salva - 23 febrero, 2021, 13:41

    Es cierto, los arquitectos, como creadores, queremos que nuestra obra sea reconocida, como cuando un niño hace un dibujo y enseguida busca el reconocimiento de los padres.

Deja un comentario

Tu correo no se va a publicar.

*

Últimos posts