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El trabajo bien hecho

Un repaso a los ganadores de los premios Arquia/próxima

Equipo Vivienda para maestros, Llullucha

“Un acto de generosidad” así definía el jurado el proyecto ganador de la última convocatoria del premio arquia/próxima, la Vivienda de maestros en la comunidad campesina de Llullucha en Cuzco. El proyecto realizado por el estudio AMAO, compuesto por Ander Bados y María Montenegro, y en colaboración con la ONG All Hands and Hearts; ha aportado un cambio cualitativo a las condiciones sociales de las comunidades rurales en las que se inserta, con respeto por el paisaje, así como la aplicación e ingenio en el uso de las tipologías, técnicas, materiales y conocimiento local en el proyecto.

 

Un proyecto realizado con muy pocos recursos económicos, apenas 15,000 euros, y con mucho trabajo y sacrificio, tanto por parte de los arquitectos como de la comunidad. El espacio relativamente sencillo, formado por cinco habitaciones, una cocina-comedor, un salón, un baño, una zona de trabajo para los profesores con un total de 70 m2. Pero ¿cómo llegaron a esta remota comunidad campesina de 76 familias comuneras situada a 4,200m?

María Montengro en la obra junto otros operarios

Al terminar acabar la carrera en la Escuela de Arquitectura de A Coruña y tras un breve periodo colaborando con arquitectos locales, Ander Bados y María Montenegro, decidieron coger las maletas. Como comenta María: “Era en un momento complicado y a no ser que tuvieras contactos, los arquitectos jóvenes en ciudades periféricas, difícilmente encuentran una oportunidad de construir”. María y Ander tenían claro que querían construir y a través de ello también seguir aprendiendo. Buscaron oportunidades de voluntariado a través de distintas organizaciones, pero les sorprendió el hecho de que la mayoría de ellas exigían cubrirse uno mismo los gastos de estancia y manutención, además de trabajar gratuitamente.

 

Finalmente, conocieron la organización All Hands and Hearts que les ofrecía unas condiciones básicas que al menos les permitían subsistir dignamente. Lo que en principio iba a ser un mes de voluntariado de convirtió en más de dos años. Su primer proyecto fue para la reconstrucción de un puente que había caído tras unas inundaciones, dejando a una comunidad completamente desconectada. Tras ese proyecto llegaron muchos otros de muy diferentes escalas. Uno de ellos fue en Llullucha, una pequeña comunidad quechua donde más tarde construirían la Vivienda para maestros. Debido a la altura del poblado, la comunidad sufre varias muertes al año debido a los rayos. La instalación del pararrayos fue su primer proyecto construido en Llullucha, y una oportunidad para conocer más de cerca a sus gentes y sus particulares formas de actuar y operar.

Pararrayos en Llullucha cerca de Cuzco

En el 2008, All Hands and Hearts construyó la única escuela en la comunidad que acoge a 169 estudiantes y 5 profesores. Estos profesores viajan cinco horas diarias para trasladarse desde Cuzco ciudad a Llullucha por un recorrido con su consiguiente riesgo. “La casa fue una batalla que ganamos. Normalmente los recursos se dedican a otro tipo de infraestructuras más básicas, pero esto era algo que podía colateralmente beneficiar enormemente a la comunidad” explica María. Un arduo proceso, donde tuvieron que ganarse la confianza de la comunidad, la gente con la que trabajaban, entender la cultura local y sobre todo eliminar jerarquías para que no los vieran como los “señores arquitectos” sino como unos más de ellos.

 

Tras terminar ese proyecto, y a punto de volverse a España, les salió otro proyecto a través de la misma asociación. Un proyecto en Dominica donde estuvieron seis meses también para la reconstrucción de escuelas. El proyecto terminó y tras varias situaciones personales, María decidió marcharse a Dublín a y Ander quedarse en España. Aunque remotamente, continúan trabajando juntos como AMAO en nuevos proyectos y buscando nuevas oportunidades.

Vista exterior de la Escuela en Chincha, Perú

“El premio ha supuesto un salto cualitativo a todos los niveles, un reconocimiento a una práctica y obsesión por intentar hacer las cosas bien, además de una importante subida de autoestima. Nuestro trabajo es en gran parte de nuestra vida y queremos entender que este es un reconocimiento al trabajo bien hecho, más allá del económico” comenta Ander. Es un premio a la generosidad de unos arquitectos, que cobraban lo justo para poder subsistir durante la construcción del proyecto. Una generosidad que hemos visto desaparecer en pro de una profesión severamente atacada por la especulación económica y que ha dejado de lado el poder transformador que la arquitectura puede tener para mejorar la vida de muchas personas.

 

Como explica María: “Este proyecto ha supuesto uno de los momentos más satisfactorios de nuestra breve carrera. Ese momento fue el primer día que los profesores pudieron dormir en la casa y no arriesgar su vida en la carretera durante 30 horas semanales para poder dar sus clases, durmiendo en un espacio con unas condiciones dignas”.

 

Los 15,000 euros del premio arquia/próxima, “han supuesto un pequeño alivio económico y parte del premio queremos devolverlo a la comunidad, e invertirlo en algún proyecto que mejore sus condiciones”.  Una generosidad que continúa y esperemos se devuelva en muchos proyectos futuros que generen nuevos puntos de inflexión.

 

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