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Voces más o menos autorizadas se refieren, por ejemplo, al enervante caso del turismo en forma de adefesio escrofuloso que pasea por la bella ciudad de Santiago de Compostela, seres humanos llegados de cualquier parte del mundo pero que parecen salidos de una escena de guerra, tal es la cantidad de vendajes y lesiones que parece haberles acontecido.

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“El tipo dos, que es el tipo que yo detestaba y supongo que sigue pasando, es lo que yo llamaba los «corresponsales de paella», que son aquellos que, estén donde estén, se juntan los domingos para hacer una paella y hablar de fútbol . Se niegan a aceptar que no están en España, entonces tienen que recrear de alguna manera España. Ni siquiera se molestan en aprender el idioma, se apañan como pueden…”

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Como ya se ha denunciado aquí de forma brillante por el compañero José Ramón, una opinión no debería ser siempre bienvenida más allá de que simplemente debe aceptarse como ejercicio de la libertad de expresión en un país democrático como el nuestro.

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Según Salvador Rueda.

Urbanismo de barbacoa

 

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Hace tiempo que circula esa distinción entre turista y viajero en la que la mayoría queremos presumir de lo segundo. El turista, ese alocado visitador de lugares y edificios, recolector de experiencias más o menos breves y superficiales que le sirven para contar anécdotas y parecer interesante, frente al viajero, el reflexivo y concienciado flaneur baudeleriano que ha sido seducido por la introspección de los lugares y de sí mismo desde un tiempo detenido y casi infinito.1

 

Javier del Pino, periodista, hablaba del corresponsal de paella 2 en relación a su etapa en Washington desempeñando esa labor, un personaje parecido al del expatriado que habita el urbanismo de barbacoa, al que conozco bien, que siempre tiene una opinión 3 sobre el país que lo acoge, basada en una experiencia que muchas veces se reduce a su trabajo para una compañía internacional donde se ha rodeado de expatriados como él  y a su incansable labor organizativa de paellas y barbacoas durante su tiempo libre, donde gusta celebrar con sus pares la grandeza de lo conseguido y lo heroico de su gesta.

 

Al expatriado urbanita de barbacoa también le gusta subrayar en esas reuniones lo bien que se ha adaptado a su país de acogida, al alimón que su capacidad para disfrutar de él y de sus gentes, a las que en un inglés magnífico se referirá siempre con un “my friend”, de tal forma que la barrera idiomática y cultural queda desbordada por una empatía basada en la evidente superioridad del que la ejerce con tal desparpajo.

 

En tiempos covid de confinamientos y reivindicaciones de ciudades de quince minutos , puede que sea necesario volver a pensar en cómo la ciudad también la hacemos nosotros con nuestros actos y decisiones. Al fin y al cabo,  la eficiencia energética 4 no es más que el cociente entre la energía consumida y la diversidad y complejidad de usos y funciones de un entorno o ecosistema.

 

El debate entonces puede ser si un barrio como La Moraleja en Madrid encaja en esa definición de ciudad, del mismo modo que lo hace una gated community o un compound, un pueblo pequeño que se cruza andando en esos quince minutos o un residencial burgués grande o un barrio cualquiera. Pensando en las interacciones que en cada uno de ellos se pueden dar, parece que no.

 

Notas de página
1

Voces más o menos autorizadas se refieren, por ejemplo, al enervante caso del turismo en forma de adefesio escrofuloso que pasea por la bella ciudad de Santiago de Compostela, seres humanos llegados de cualquier parte del mundo pero que parecen salidos de una escena de guerra, tal es la cantidad de vendajes y lesiones que parece haberles acontecido.

2

“El tipo dos, que es el tipo que yo detestaba y supongo que sigue pasando, es lo que yo llamaba los «corresponsales de paella», que son aquellos que, estén donde estén, se juntan los domingos para hacer una paella y hablar de fútbol . Se niegan a aceptar que no están en España, entonces tienen que recrear de alguna manera España. Ni siquiera se molestan en aprender el idioma, se apañan como pueden…”

3

Como ya se ha denunciado aquí de forma brillante por el compañero José Ramón, una opinión no debería ser siempre bienvenida más allá de que simplemente debe aceptarse como ejercicio de la libertad de expresión en un país democrático como el nuestro.

4

Según Salvador Rueda.

Autor:
Beatriz Villanueva es Doctora en Proyectos Arquitectónicos Avanzados, MArch y MPAA (ETSAM). Francisco J. Casas es Doctor en Comunicación Arquitectónica, MArch y Master en Análisis, Teoría e Historia de la Arquitectura (ETSAM). Fueron comisarios de “Menáge a Trois”, “F. A. Q.”, “Portfolio Speed Dating”, “Al Borde de la Crítica” y de la exposición "Couples & Co.: 22 Mirror Stories of Spanish Architecture" en Berlín, Hamburgo, Sevilla y Granada.  Han sido profesores en IED, UEM, UCJC, ETSA Zaragoza, Summer School AA (Londres) y ahora en Riad desde 2014.

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