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Danae Esparza, “Barcelona a ras de suelo”,  Edicions de la UB, 2017.

Apropiarnos de las calles

La pandemia con las consecuentes restricciones de movilidad, cambios de actividades y necesidad de asegurar más distancia entre las personas ha tenido un eco interesante en el re-diseño de las calles de Barcelona que ha suscitado un profundo debate. En algunas de ellas, especialmente en el Ensanche, los carriles de coches se han sustituido por espacios peatonales, marcados con el grafismo de las supermanzanas que siguen en proceso de implementación. Se han pintado unas franjas de colores, a veces reproduciendo las características baldosas con dibujo de rosa, a veces con motivos geométricos. Estos espacios se han separado del tránsito con conos de plástico, cubos de hormigón o vallas de diferentes tipos. Otro tipo de grafismo menos reglamentado ha marcado las posiciones en las colas a las puertas de los supermercados o “carriles” de acceso de los niños a los colegios. Además las terrazas de los bares han empezado a sustituir las plazas de parking en las calzadas.

 

Irreversiblemente (esperemos) la ciudad está ganando espacios libres de coches y con ello ha empezado a reducir los niveles de contaminación aérea y acústica, aunque estos datos vienen también condicionados por una disminuida movilidad. Sin embargo, estas nuevas franjas peatonales presentan dudas sobre para qué y cómo usarlas: la seguridad se ha citado como problema importante, pero también la relación con el mobiliario urbano y los usos de las plantas bajas vecinas. La gran defensora de las aceras, Jane Jacobs decía que no son más que espacios abstractos si no van vinculadas a los edificios y los usos que los limitan y por eso son espacios importantísimos para interacción social espontánea. En otros tiempos, cuando los niños jugaban en las aceras –este ha sido uno de los argumentos para su ampliación- aprendían allí las primeras lecciones de convivencia urbana basada en la responsabilidad hacia los demás, ganando la confianza para desenvolverse en el espacio público.

 

Hecho este primer paso de delimitar las calzadas, se pone de relieve el problema de la apropiación de estos nuevos espacios. Apropiación es siempre un proceso colectivo relacionado con la identificación simbólica y afectiva que requiere espacio y tiempo para la interacción social y para la acción física que a veces tiende a modificarlos para dejar su huella. Para crear lugar. Diferentes proyectos de espacio público Barcelonés han sabido buscar las trazas, explicar las historias urbanas, proponer las actividades y conexiones para facilitar la apropiación. La historia de las aceras y las calzadas de una ciudad es parte de su historia social que vale la pena explicar1: desde el barro, el macadán y el adoquín, hasta el panot diseñado y el asfalto. Quizás ésta podría haber sido la ocasión para rememorarla o si no para estudiar y mejorar las aceras que tenemos ahora, a menudo mal organizadas y mantenidas.

Notas de página
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Danae Esparza, “Barcelona a ras de suelo”,  Edicions de la UB, 2017.

Autor:
(Belgrado 1972) Arquitecta por la universidad de Belgrado (1998) y Doctora por la UPC de Barcelona (2006) con la tesis sobe representación e ideología en la obra arquitectónica. Ha co-comisariado con Jaume Prat e Isaki Lacuesta el pabellón Catalán en la XV Bienal de Venecia, en la edición anterior participo en el pabellón de Corea ganador del León de Oro. Ha investigado la modernidad arquitectónica del mundo socialista, escrito y dado conferencias en diversas universidades europeas. Colabora con el departamento de Historia contemporánea de la UAB y es miembro del comité científico del Premio Europeo del Espacio Público.

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