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Generalmente se acepta que las políticas urbanas «inteligentes» son las iniciativas de los gobiernos locales que utilizan las tecnologías de la información y la comunicación para aumentar la calidad de vida de sus habitantes, es decir que ayudan a un desarrollo sostenible.

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El uso de datos y programas que incorporan nuevas tecnologías al proyecto no substituye el proceso de diseño ni de su conceptualización: son un medio y no un fin. Usar un editor de texto no nos convierte en escritores, utilizar el BIM o el GIS no nos hace mejores arquitectos, tener acceso al Big Data no nos hace proponer soluciones más interesantes o poner sensores no resuelve el proyecto en sí. Pero si nos ayuda a comprobar, a medir, a ser más precisos en los análisis o en las comprobaciones, a ser más eficaces en los procesos y a relacionar de manera más ágil distintos temas, campos y escalas de la proyectación.

¿To be or not to be a Smart architect? ¡Esta no es la cuestión!

Data City en Barcelona para un urbanismo de barrio. Uso de datos por componentes urbanos (movilidad, espacio público, vivienda, equipamientos, demografía) y por colectivos sociales (Niñ@s, adolescentes, personas mayores, población flotante). Estudio técnico-participado Barrio Poblenou – 22@. Fuente: mayorga+fontana arquitectos. Proyecto Urban Data Desk Barcelona Institute of Technology (BIT Habitat) -Ajuntament de Barcelona. Equipo redactor: X. Abadia, M. Casado, A. Fernandez, M. Ramos, J. Rodríguez. Ideación y coordinación: mayorga+fontana arquitectos.

 

En conversaciones entre arquitectos se da con frecuencia el debate, siempre muy polémico, sobre lo Smart. Habrán escuchado: “Esto de lo Smart no va conmigo… soy arquitecto y no ingeniero, ni informático”; “Eso es ciencia ficción…es Smart humo”; “Esto del Big Data es solo una forma de control”; “No sé encontrar datos… no sé si confiaría en ellos”; “Siempre he sido interdisciplinar”; “La participación ciudadana es una intromisión, la información se manipula, es una falsa forma de democratizar el proyecto”; o también “Las ciudades siempre han sido inteligentes”. Pero la cuestión consistiría acaso en ¿clasificamos las ciudades según rankings Smart o nos autodefinimos como arquitectos Smart?. No se trata solo de esto y vamos a ver porqué.

 

Para comenzar: ¿Hay una definición definitiva de Smart? Creemos que no, porque se trata más de una actitud: “Ser Smart quiere decir: colaborar en vez de competir, hacer sistema más que dominar, poner continuamente en relación” (R. Masiero). Es una forma de afrontar el proyecto que tiene que ver con la capacidad de comprender el entorno, de ser estratégicos, sinérgicos, de hacer más con menos y aprovechar mejor los recursos disponibles, de ser “Senseable”, en el doble sentido que tiene en inglés: ser capaces de sentir y ser sensatos (C. Ratti). En los últimos años, el término Smart City ha producido convergencias y divergencias entre políticos, líderes empresariales, técnicos, académicos y la ciudadanía en general1. Cualquier arquitecto debería estar dispuesto a explorar los campos y la utilidad del “ser Smart” o de “ser Senseable”, sin autoetiquetarse o de decidir si ser o no un promotor de consumo de tecnología.

 

Preguntémonos otra cosa. ¿Deberíamos seguir hablando de Big Data, o en realidad se trataría de referirnos en cada caso a algo más concreto como Data Land, Data City, Data Architecture, Data Design, etc., en función del tema, del proyecto o de las escalas a las cuales nos enfrentamos, si se trata de paisaje, ciudad, arquitectura o diseño?. Tener acceso a datos, seleccionarlos, visualizarlos y utilizarlos para el proyecto es un insumo más y una posibilidad de plantear soluciones y/o de promover procesos. “Mides lo que te importa” dice Jan Gehl en el segundo capítulo del documental La Escala Humana. Una mayor información sobre la ciudad, la arquitectura, el entorno y los ciudadanos nos da más certezas a la hora de proyectar, nos ayuda a entender que no hay que ser épicos, pero que si debemos tener el coraje de tomar decisiones: “Ustedes no son Superman. Definiendo su rol en términos heróicos están causando problemas”, dijo Denise Scott Brown recordando lo que un profesor comentó de algunos arquitectos.

 

Hay paradigmas, ambigüedades, paradojas, mitos y riesgos en lo Smart pero también potenciales: el acceso a los datos que supone un control, puede ser en realidad un insumo para el proyecto; la manipulación de la participación ciudadana para encubrir o divagar sobre decisiones, puede evitarse promoviendo proyectos técnico-participados; el corporativismo de las empresas tecnológicas se contrasta a través de políticas públicas eficaces y el exceso de tecnocracia ha de afrontarse asumiendo que la tecnología es un medio y nunca un fin2 .  “La arquitectura es técnica pero también política” (R. Rogers) y la ciudad y la vida urbana cambian como también “el modo en que la arquitectura viene producida y vivida” (R. Masiero). Es necesario actuar con coraje, sensatez y responsabilidad, entender nuestro entorno y el tiempo en el que vivimos, actualizar enfoques, métodos y herramientas, con una predisposición hacia arquitecturas y ciudades donde lo colectivo, lo común y lo relacional (lo Smart) adquieran el peso que le corresponde en el proyecto.

 

¡Ser o no ser un arquitecto Smart no es la cuestión, efectivamente! Pero, ¿tenemos opción de serlo o no?

 

Notas de página
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Generalmente se acepta que las políticas urbanas «inteligentes» son las iniciativas de los gobiernos locales que utilizan las tecnologías de la información y la comunicación para aumentar la calidad de vida de sus habitantes, es decir que ayudan a un desarrollo sostenible.

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El uso de datos y programas que incorporan nuevas tecnologías al proyecto no substituye el proceso de diseño ni de su conceptualización: son un medio y no un fin. Usar un editor de texto no nos convierte en escritores, utilizar el BIM o el GIS no nos hace mejores arquitectos, tener acceso al Big Data no nos hace proponer soluciones más interesantes o poner sensores no resuelve el proyecto en sí. Pero si nos ayuda a comprobar, a medir, a ser más precisos en los análisis o en las comprobaciones, a ser más eficaces en los procesos y a relacionar de manera más ágil distintos temas, campos y escalas de la proyectación.

Autor:
Maria Pia Fontana, Profesora de la Universidad de Gerona (UdG). Doctora en Proyectos Arquitectónicos (UPC). Postgrado en Proyectación Urbanística (UPC). Arquitecta Universitá degli Studi di Napoli. Miguel Mayorga Cárdenas, Profesor Universidad Politécnica de Cataluña Barcelona (UPC). Doctor en Urbanismo y Gestión del territorio (UPC) Máster en Proyectación Urbanistica (UPC). Arquitecto Universidad Nacional de Colombia (UNAL). Bogotá. Profesores colaboradores de la (UOC). Actualmente investigamos sobre cultura visual, arquitectura, ciudad y fotografía. Trabajamos sobre la habitabilibilidad y sostenibilidad arquitectónica y urbana con el uso de las nuevas tecnologías y nuevas modalidades de procesos técnico-participativos, en el desarrollo de proyectos urbanos, equipamientos, centros y entornos escolares, con énfasis en el diseño del espacio público y colectivo. Socios de mayorga+fontana arquitectos.

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