1

Arquitectura(s): ¿totalidad(es) y (o) fragmentación?

El camino entre la incorporación del tiempo y la animación del espacio – El collage

 

En arquitectura, considero que el proceso creativo es más importante que el resultado final: el camino prevalece sobre el destino y el arquitecto empieza a recorrerlo mucho antes de que aparezca ‘el cliente’.

Consciente o inconscientemente, comienza una búsqueda interminable que se sostiene físicamente gracias a la obra construida en el mundo real, pero es en el mundo imaginario donde fluctúan todas las leyes que rigen el margen creativo. El arquitecto parte de trozos aislados y de fragmentos dispersos, buscando incansablemente el espacio que los sostiene. Colecciona fragmentos dentro de sí mismo que alguien recogerá más tarde. Deja marcas en el espacio y en las personas, signos que duermen en el inconsciente y que a veces se despiertan en la memoria.

 “Simplemente queria

coleccionar espacios:
todos aquellos que recorrí,
todos aquellos que visité,
todos aquellos que viví.

 Pero de ellos nada me queda.
Queria coleccionarlos,
literal e integralmente, en mi memoria.
Pero solo colecciono parte de ellos,
los objetos…”

(fragmento de escritos personales, parte de un poema, abril de 2018)

Son muchas las veces que uno se privilegia de un todo, un todo que busca una definición rígida y firme del espacio sin reconocer la importancia de la parte como algo que nos contextualiza en el tiempo y que hace fluir el espacio. Tal como sucede en la pintura, donde un cuadro no se limita a su existencia física, también el edificio lleva consigo una historia y un contexto.

El arquitecto surge como un “decodificador” del mundo fragmentario, personaje ecléctico, máximo conocedor de la cultura que lo rodea: ve en cada obra un mapa de referencias de otras obras, como una manta de retazos, materiales e inmateriales. Él mismo se involucra en un verdadero ciclo – entiende a través de fragmentos y construye a partir de ellos. Fragmentos vistos casi como objetos que se estudian, se multiplican, se manipulan, se yuxtaponen… como las piezas de un rompecabezas que solo estando juntas y colocadas en el lugar correcto cobran sentido: coexisten y sostienen el espacio en armonía con el contexto en el que se insieren. Los fragmentos como herramientas imprescindibles, los pequeños elementos que encontramos a nuestro alrededor, que son el resultado de la descomposición de la vida y del tiempo.

Por cierto, Sola Morales defiende una arquitectura a medio camino entre el espacio y el tiempo, la sustitución de la firmeza por la fluidez, en búsqueda de una definición menos rígida e inamovible del espacio, que dé forma física al tiempo.

En este contexto, me viene en mente el arquitecto Enric Miralles, dominado por la obsesión del fragmento, que transporta a la mayor parte de su creación la idea de una arquitectura fragmentada, que no se rige por una lectura totalitaria. Su arquitectura se basa en un estudio de la parte en lugar del todo, utilizando fotomontajes, fotografías parciales de materiales y sombras, en vez de diagramas y esquemas. Particularmente el montaje, basado en la suma de imágenes parciales, permite la incorporación del tiempo y la “personificación” del espacio – dándole características humanas, como la capacidad de despertar emociones y atraer el lado sensible de quienes lo atraviesan.

Los collages pueden ilustrar instantes interrumpidos de un proyecto, imágenes instantáneas que condensan momentos que la experiencia de un espacio transporta. ¿Por qué no podemos verlas como modelos de espacio frente al paso del tiempo? Modelos que nos hacen olvidar y cuestionar los modos comunes de representación de la realidad, que sintetizan dibujos simultáneos, que agrupan múltiples y distintas visiones de un mismo momento. El collage permite fijar un pensamiento en un lugar, pero lo fija de forma vaga, deformada y ‘deformable’, es algo manipulable que estabiliza una realidad que siempre será efímera.

“Gregory and Shinro on the train to Japan”, David Hockney, 1983

Collage Centro Social de Hostalets, Barcelona, Enric Miralles, 1992


Texto traducido por Inês Veiga. Texto original publicado en português.
Notas de página
1
Autor:
(Figueira da Foz, 1996) Estudante na Faculdade de Arquitetura do Porto (desde 2014), com um percurso escolar dividido entre a arte, ciência e literatura, a arquitetura surge como a síntese dos três mundos. A palavra manifesta-se enquanto processo criativo, tal como o desenho em Álvaro Siza.

Deja un comentario

Tu correo no se va a publicar.

*

Últimos posts