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Cumbres internacionales, congresos, cursos, libros, tesis doctorales, normativas, ministerios de transición ecológica, textos legislativos, herramientas de certificación ambiental, acciones tácticas por parte de activistas y militantes de ONG y asociaciones non-profit, incluso encíclicas dictadas desde El Vaticano.

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Ver el MANIFIESTO DE LAS ASOCIACIONES JUVENILES CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO.

MANIFIESTO DE LAS ASOCIACIONES JUVENILES CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO: No podemos seguir robándoles el futuro

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Ver Garcés, Marina, Nueva ilustración radical, Barcelona, Anagrama, 2017.

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El clima en la mochila

Llevo algunos años investigando las relaciones entre arquitectura, urbanismo y cambio climático, mucho tiempo pensando que tal vez esta poderosa industria sin rostro, heterogénea y ciertamente desestructurada, pero con enorme responsabilidad y potencial en la transformación del territorio a escala global, pudiera liderar la expresión más avanzada y madura del mundo al que pertenecemos.

A lo largo de todos estos años, se ha producido una suerte de paradoja francamente extravagante: mientras gobiernos e instituciones internacionales reconocen al unísono de forma solemne y coral la magnitud del problema e instando a actuar de manera urgente 1 . éste no ha dejado de crecer multiplicando sus efectos hasta convertirse en una amenaza incuestionable para la vida humana tal y como la hemos conocido hasta el momento.

Tal vez lo más extraordinario del caso sea no ya el silencio cínico o displicente de muchos, no ya la frustración o la impotencia de otros tantos, sino la gigantesca maquinaria generada al servicio de unos mensajes grandilocuentes pero inocuos, políticamente correctos pero inofensivos, como una burbuja de masajes y buenas intenciones inmersa en una masa de aire cada vez más irrespirable en las grandes ciudades, una masa de agua cada vez más contaminada en nuestros océanos, una biosfera cada vez más débil para nuestros intereses como especie.

 

Hace apenas unas semanas y de forma poco predecible para el stablishment, ha surgido un movimiento estudiantil ciertamente desconcertante y natural a un tiempo, una punzada surgida desde un ángulo muerto para el sistema, demasiado ocupado en el apuntalamiento interminable de su cuenta de resultados. Contra todo pronóstico, un grupo de niños y jóvenes europeos han declarado el Estado de Emergencia Climático, aparcando sus estudios en el colegio durante los viernes #FridaysForChange como protesta por la inacción del sistema ante los retos colectivos que solicita el cambio climático, así como sus repercusiones socio-ecológicas 2 .

¿Qué sentido tiene ir al colegio sin futuro? En lugar de las aulas, nuestros infantes ocupan estos días la calle manifestándose bajo el lema #ClimateStrike. Desde esta inesperada voz colectiva aún tierna y transparente, nos interpelan para decirnos cosas muy duras, por vez primera, no esperan nada de nosotros “los adultos”, nos llaman inmaduros a la cara, nos dicen no mirar en verdad por nuestros hijos -por ellos- y se despiden con un “no os necesitamos” recordando que en el año 2078 serán los abuelos de otra infancia a la que contarán, sin duda, lo que no hicimos ahora que el tiempo no es todavía un tiempo póstumo 3 .

 

Algunos verán aquí una bofetada insoportable, un efecto verdaderamente punzante rara vez conseguido por los adultos de prestigio, para los que buena parte de la sociedad guarda suspicacias, recelos o simple indiferencia. Otros se estarán echando unas buenas risas a costa de las ocurrencias de los niños y los imbéciles que siquiera puedan imaginar alguna repercusión, por mínima que esta sea, en el transcurso de las cosas. Lo cierto es que poco o nada importa nuestra solidaridad o nuestro desprecio: ellos tienen toda la vida por delante y en justicia han dejado de tener esperanza, a tan corta edad, ante un sistema depredador y excluyente en ámbitos fundamentales como el acceso a la vivienda o el empleo, un sistema que condena a los más jóvenes a la obesidad académica, la precariedad laboral, la dependencia familiar o la sobreexposición digital, todo ello en una dinámica global trepidante en el aumento de la desigualdad y la quiebra del balance medioambiental. La pirámide invertida de población europea se resquebraja allí donde su apoyo es más débil, allí donde los niños representan una minoría que se rebela frente a la manifiesta incapacidad de los mayores de la vieja Europa. Pensamos atender la emergencia climática desde la Academia, los despachos, los escenarios de los grandes auditorios y asambleas; mientras tanto, tal vez la esperanza de cualquier cambio anidaba entre las carpetas, los cuadernos de dibujo o los lapiceros de colores en los estuches. Tal vez los niños nos guarden el clima en la mochila.

 

 

Notas de página
1

Cumbres internacionales, congresos, cursos, libros, tesis doctorales, normativas, ministerios de transición ecológica, textos legislativos, herramientas de certificación ambiental, acciones tácticas por parte de activistas y militantes de ONG y asociaciones non-profit, incluso encíclicas dictadas desde El Vaticano.

2

Ver el MANIFIESTO DE LAS ASOCIACIONES JUVENILES CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO.

MANIFIESTO DE LAS ASOCIACIONES JUVENILES CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO: No podemos seguir robándoles el futuro

3

Ver Garcés, Marina, Nueva ilustración radical, Barcelona, Anagrama, 2017.

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Autor:
Miguel Ángel Díaz Camacho, doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid. Profesor universitario y director de la Escuela de Arquitectura y Tecnología UCJC. Es el actual Presidente de la Asociación Sostenibilidad y Arquitectura vinculada al Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España. Director de MADC Arquitectos, estudio profesional que ha recibido premios en concursos nacionales e internacionales así como reconocimientos a su obra construida. Escritor y crítico de arquitectura, es autor entre otros de los libros “Párrafos de Arquitectura. Core(oh)grafías” (2016) y “Arquitectura y Cambio Climático” (2018).

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