1

“Solo hay originalidad verdadera cuando se está dentro de una tradición. Todo lo que no es tradición es plagio” (1911).

2

Emular, según la RAE, es “imitar las acciones de otro procurando igualarlas e incluso excederlas”.

3

Campo Baeza, Alberto (2018). “Siempre Oiza”. En Fernández, Aurora (2018). Oíza. 100 años. Ediciones Asimétricas, Madrid. Pp. 58-61

4

Baste como ejemplo la multiplicación de los Vertical Forest de Stefano Boeri, o Bjarke Ingels recurriendo sistemáticamente a los “enladrillados”. Pero también a OMA alternando su recurrente “más difícil todavía” con la resurrección de sus Unbuilt Greatest Hits, a SANAA negándose a renunciar a su curvado sello incluso en las propuestas más dominadas por la ortogonalidad…

Hablemos de manierismo

Círculo de Giuseppe Arcimboldo (atribuido a Benvenuto Cellini), “Retrato alegórico de las artes visuales (posible retrato de Michelangelo Buonarroti)” (ca. 1590). Fuente: Sotheby’s New York

A finales del siglo XVI nació en Italia un modo de entender las artes que pretendía ir más allá del estudio de los clásicos propio del Renacimiento, entendiendo como insuficiente aquella búsqueda de la perfección a través del conocimiento y aprendizaje del pasado. La nueva corriente ya no iba a apostar solo por la recuperación y reinterpretación de la historia artística, sino por crear un arte “a la maniera, por la reproducción técnica y formal de las obras y elementos propios de los grandes maestros. Un procedimiento que, no obstante, no incurría en el mero plagio, sino que a través de la adaptación rendía un particular tributo a estas referencias que, de algún modo, nos hace recordar la célebre sentencia de Eugenio D’Ors.1

Nada de malo hay en este procedimiento denostado durante años. La copia es no solo un mecanismo necesario para el aprendizaje, sino también una vía legítima para garantizar la realización correcta de cualquier tarea, entre ellas la propia arquitectura. Algunos grandes arquitectos, como Moneo, se han caracterizado precisamente por ello, por ser unos grandes amanerados en su modo de entender el proyecto y la búsqueda, con mayor o menor acierto, de la forma adecuada a la función. Todo ello sin renunciar, como los buenos manieristas, a impregnar esos calcos del pasado con aportaciones propias capaces de hacerlos únicos y diferentes.

Hacer las cosas “a la manieraencierra un claro peligro, el derivado de la fina línea que separa el tributo del ya referido plagio, y a ambos de su pariente más pernicioso, la parodia. No la parodia inteligente e irónica que nace del conocimiento profundo y la depuración de aquello de lo que uno se apropia, como el rasgado de fachada de Il Girasole de Moretti incorporado por Venturi en la casa de su madre, sino aquella que parte de una emulación2 cuyo fin único es su propio reconocimiento como tal.

Este pecado, que va más allá de la mera cuestión de “estilo” que permite reconocer desde la lejanía un Meier o un Gehry, no es nuevo en la arquitectura. Relata Campo Baeza en un reciente libro-tributo a Sáenz de Oíza su victoria en un concurso frente a un proyecto realizado tan “a lo Campo Baeza” que el jurado se sorprendió al saber que no era suyo.3 Unas confusiones cada vez más probables en un mundo sobreinformado en el que todo puede ser reproducido.

Lamentablemente, la reclamación del valor del “original” cada vez parece guiarse más por el “more is more and less is a bore” de Iris Apfel que por el “less is more” miesiano, no por el perfeccionamiento y cualificación de una tradición, propia o ajena, sino por hacerla identificable ofreciendo más de lo mismo, aunque sea erróneo. Porque lo más relevante ya no es ofrecer soluciones arquitectónicas específicas sino el reconocimiento de la respuesta original frente a la copia, aunque sea a través de una evidente y excesiva autorreferencialidad.4 Aun convirtiéndonos en unos amanerados de nosotros mismos, en unos manieristas contemporáneos.

Notas de página
1

“Solo hay originalidad verdadera cuando se está dentro de una tradición. Todo lo que no es tradición es plagio” (1911).

2

Emular, según la RAE, es “imitar las acciones de otro procurando igualarlas e incluso excederlas”.

3

Campo Baeza, Alberto (2018). “Siempre Oiza”. En Fernández, Aurora (2018). Oíza. 100 años. Ediciones Asimétricas, Madrid. Pp. 58-61

4

Baste como ejemplo la multiplicación de los Vertical Forest de Stefano Boeri, o Bjarke Ingels recurriendo sistemáticamente a los “enladrillados”. Pero también a OMA alternando su recurrente “más difícil todavía” con la resurrección de sus Unbuilt Greatest Hits, a SANAA negándose a renunciar a su curvado sello incluso en las propuestas más dominadas por la ortogonalidad…

Autor:
(Gijón, 1981) Arquitecto (2005), máster en restauración arquitectónica y doctor en urbanística y ordenación del territorio por la Universidad de Valladolid. Compagina la práctica profesional vinculada a la planificación urbanística con la docencia en el área de proyectos arquitectónicos. Sus intereses giran en torno a la representación e interpretación cultural del territorio, los medios de comunicación y la disolución de los límites disciplinares.

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