Propósitos de año nuevo

Quien más quien menos, ante el cambio de año en el calendario, intenta repasar lo acontecido y conjurarse para transformar aquello que no ha sido de su agrado. Podríamos tal vez como colectivo profesional ejecutar un ejercicio de análisis para enfrentar los próximos 365 días.

 

Si empezásemos por las cosas del comer, la palabra “Honorarios”, ocuparía el epicentro de nuestros anhelos. En lugar de mirar a otros podríamos asumir que el respeto a una remuneración justa debería empezar por el propio colectivo, por lo que no cabrían más bajas, ni más descuentos y mucho menos contrataciones encubiertas sin remuneración de becarios o ayudantes.

 

En otro sentido, si continuásemos intentando devolver a la profesión de la arquitectura algo de la dignidad perdida, deberíamos primero reconocer su origen. Una pertenencia o si se prefiere cercanía al mundo de la construcción, muchas veces sinónimo de corruptelas estos últimos años, o como mínimo importante motor de los males económicos que han castigado a nuestra sociedad; junto con una gran falta de autocrítica y una fuerte desconexión respecto de las necesidades de la sociedad, han colocado por generalización al colectivo de los arquitectos en el lado equivocado de la ecuación. Suele ser fácil perder el respeto, y difícil, lento y costoso recuperarlo. Únicamente mediante la constante presencia de una profesión útil y entregada a la colectividad, más que centrada en sus propios intereses, y con un trabajo serio y responsable en los aspectos arquitectónicos, pero también en los técnicos y, por supuesto, en los presupuestarios, puede construirse ese camino hacia una recuperación de la dignidad social de la profesión del arquitecto.

En este sentido el 2016 no nos deja huérfanos, son muchos e importantes los méritos que la arquitectura española ha realizado este año, para consolidar su presencia internacional y recuperar su valor, premios, bienales, etc; muestran a un colectivo serio y comprometido. Pero, lo cierto es que, hay mucho por hacer y en el 2017 debe proseguir ese camino al que no le vendría mal algo de marketing y apoyo institucional.

 

Y si para acabar soñamos con un sector profesional capaz de aportar, y de jugar un papel importante, en una sociedad más compleja y abierta, no estaría de más aunar esfuerzos. Conquistar desde la docencia y la profesión activa otros mundos, diseñando una arquitectura que se expanda, se introduzca y se contamine en más campos, debe ser el objetivo. Para así formar profesionales que puedan operar en lo social, lo cultural, lo tecnológico, lo científico o lo político, además de en el campo tradicional del urbanismo y la construcción del hábitat.

 

Como todos los propósitos, éstos, serán sólo intenciones hasta que se pongan en marcha, y sería iluso pensar que al finalizar el 2017, la arquitectura y sus profesionales habitarán un mundo ideal, incluso en el hipotético caso de que los alcancen. Pero abandonar el camino ya conocido y lanzarse al No tengo miedo de empezar de cero, que popularizó Steve Jobs, podría ser tal vez el mejor propósito para este año que comienza.

 

Nos vemos dentro de un año. Feliz 2017

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