Escuelas anacrónicas, universidades de miedos

La Universidad es una paradoja en sí misma: tan lenta en sus reacciones ante la realidad que es anacrónica, y tan rica que de su seno (estudiantes e investigación) surgen las ideas e inventos que encauzan el futuro. Debido a esto, se espera que ante la rapidez de los acontecimientos sean sus integrantes, su comunidad, tanto de profesorado como de matriculados, la que se mueva y así la lenta maquinaria universitaria llegue a cambiar. Lo triste es que no sucede así, es más, se castiga y se maltrata esos movimientos. Lo vemos con la lenta implantación de realidades tan asentadas ya en la sociedad como las nuevas tecnologías o las redes sociales, que apenas se tienen en cuenta en docencia ni, por supuesto, en difusión de resultados de investigación.

Un ejemplo sobre este tema fue el ocurrido hace unas semanas en la Escuela de Arquitectura de Granada que viene a ilustrar muy bien el tema: salieron las listas de aptos y no aptos de PFC con las indicaciones de quiénes tenían opción de exposición pública. Uno de los que fueron elegidos se encuentra a miles de kilómetros con una beca de intercambio de la universidad y sugirió hacerlo mediante un video explicativo que completaría con una videollamada.  La decisión tanto de la dirección del centro como del tribunal fue rotunda: NO. ¿Argumentos? Debe ser presencial, no se contemplan este tipo de casos. No hubo opción a duda ni a debate.

Si repasamos en España normativas sobre este tipo de cuestiones, hay Escuelas que hasta permiten entregar, junto con la información requerida para el PFC, un video explicativo. De hecho, todos conocemos concursos de arquitectura en los que se piden o se da la opción de entregar uno. No es nuevo, no es extraño, no es ni siquiera una “frikada”. Y no entremos que en la vida profesional es habitual el uso de videollamadas, tanto que las entrevistas de trabajo llevan años realizándose así. No es raro en absoluto.

Por tanto, la principal pregunta que suscita este tema es: ¿por qué? ¿Qué problemas arroja el uso de herramientas tan cotidianas como las nombradas? ¿No vienen a solucionar precisamente los dificultades de las distancias? Pero la pregunta que se ha quedado rebotando en mi cabeza es la siguiente: ¿no es un deber de la universidad estar al día y aprovechar todas las herramientas disponibles?

La respuesta puede ser simple. En honor al frikismo que parecen ver los miembros del tribunal en una sencilla videollamada, recordemos a Yoda. La ignorancia a lo que parece nuevo (y no lo es en absoluto) o a lo desconocido (no tanto), conduce al miedo, y de éste hay un paso al reverso tenebroso de la ira, poco justificada y orgullosa. Esta es la paradoja: la investigación y el trabajo universitario avanzan por muy por delante de la realidad de un sistema y de unos responsables que van, sorprendentemente orgullosos, muy por detrás. Anacronismos de la vida.

Autor:
Blanca Espigares Rooney (Granada, 1976) es arquitecta por la ETSA de Sevilla y como tal ha trabajado en concursos y obras, aunque más en particular en restauración, ciudad, patrimonio y paisaje. En este campo, desde 2009 se encuentra desarrollando su tesis que verá culminada proximamente. Bloguera y amante de las tecnologías y las redes sociales, está implicada en el desarrollo de nuevas prácticas pedagógicas a partir de ellas.
  • RODRIGO ALMONACID C. - 25 mayo, 2015, 10:26

    Excelente radiografía de la Universidad, Blanca

    Añadiría, si me permites, un matiz: lo malo no es asistir al comportamiento «jurásico» de muchos de los altos cargos universitarios, sino que el sistema lo permita. O peor, que lo premie (todos conocemos cuáles son los criterios de evaluación nacional de la ANECA).

    El problema es sistémico, de raíz. Pero como las soluciones tienen que venir de los mismos que ponen las normas… pues no hace falta ser adivino sagaz para conocer los futuros designios de la Universidad española, mal que nos pese a algunos.

    Felicidades por este artículo, Blanca.

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