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El Arte de contar tu historia

 

Por Iñigo García de Vaumm arquitectos.

 

Entre la niebla de una mañana fría de 1991, una jirafa recorre las calles del barrio residencial de la colina de Saint-Cloud, construyendo con su silueta sumada a la de la torre Eiffel en el horizonte parisino, una de las estampas más surrealistas que han llenado las páginas de las revistas de arquitectura.

El animal procedía del circo de París y Rem Koolhaas, lo paseó por los jardines de su última obra, la Villa dall´Ava para realizar un reportaje fotográfico. Los teóricos y críticos de la arquitectura, han visto desde aquellos días, todo tipo de argumentos en este acto. Infinidad de explicaciones, desde las que relacionan la forma quebradiza de las patas de la jirafa con los icónicos pilares de la villa, hasta las más variopintas teorías filosófico-arquitectónicas, pasarían a formar parte del dogma de la arquitectura, para tranquilidad del gremio. Pero caben también otras reflexiones, como por ejemplo que Koolhaas estuviese gritando a los cuatro vientos, yo soy un profesional diferente, puedo salirme de los dogmas, por si les parece poco me he venido aquí con una jirafa,  y es que soy capaz de construir la casa de sus sueños, ese es mi trabajo.  Sería entonces un hecho propagandístico, publicitario, una perfomance al servicio del marketing.

Pero esta lectura de aquel hecho, ya remoto en el tiempo, quebraría el espíritu de muchos arquitectos y revelaría una incapacidad, la de atisbar siquiera que pudo tratarse de un mero hecho publicitario, en el que un arquitecto expresa, que su trabajo era diferente. Y es que el marketing, que ocupa gran parte de los dolores de cabeza de miles de directivos de empresas a lo largo y ancho de todo el mundo, es algo que no existe, salvo muy contadas excepciones entre los profesionales de la arquitectura. De hecho, no es muy buen visto y hasta hace poco, estaba incluso estatutariamente prohibido en los estatutos colegiales, ya que la publicidad o la propaganda estaba considerada como un juego sucio, barriobajero entre caballeros, que debían dedicarse a grandes menesteres y no a jugar como si de empresarios se tratase. Sin embargo, publicidad no es engañar, no tiene que ser mentir, simplemente es comunicar, contar lo que uno puede ofrecer.

Los tiempos y las lógicas han cambiado, y hoy parece fundamental contar el trabajo del arquitecto, sus capacidades, o en definitiva lo que como profesional puede aportar a sus clientes y a la postre a la sociedad. Comunicar el trabajo, lo que se hace, cómo se hace y por qué, no hará que los proyectos sean mejores, pero, sin duda, reducirá la distancia que separa a unos profesionales ampliamente capacitados en la arquitectura, de una sociedad que no acierta a saber cuál es su función real.

Probablemente, la única manera de reducir el desencuentro entre arquitectos y sociedad que todos percibimos, sea hoy una comunicación eficaz, incluso individual, mediante la cual se vislumbre el amplio repertorio y las grandes capacidades que atesoran los profesionales. Unos serán jirafas, otros capitanes de submarino y otros cirujanos de precisión, al fin y al cabo ésa es la variedad de campos que aglutina la arquitectura, pero salgamos a contarlo, porque si no, nadie sabrá que somos nosotros los que nos ocupamos de esas cosas.

 

Autor:
  • luis llopis - 4 abril, 2015, 20:44

    Totalmente de acuerdo. De hecho, parte de la tarea creativa de generar, coordinar, dirigir un proyecto de arquitectura, debería ser contarlo, comunicarlo. Y no sólo en los medios especializados, sino en aquellos al alcance del ciudadano medio, para convertir la parte noticiable de nuestro trabajo en noticia.

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