LIMITACIONES POSITIVAS

Adriá Guardet- fundacion arquia

El sistema de código postal se utiliza en la mayoría de países del mundo para organizar eficientemente el reparto de una pieza de correo. En España está formado por 11.752 códigos de cinco cifras de las cuales las dos primeras corresponden a la provincia y las tres últimas a la ‘zona postal’.

Se trata de una descripción abstracta y sintética de la realidad mediante el uso de un lenguaje extremadamente limitado y, precisamente por ello, muy eficiente, en que cada código describe un lugar de forma precisa, sin atender a peculiaridades o rasgos folclóricos, para terminar definiendo una cartografía en la que es posible identificar ciertas características geográficas, políticas y demográficas del territorio.
La creación de estructuras complejas mediante el uso de un lenguaje limitado es un proceso utilizado también en algunos trabajos artísticos que nos interesan. Obras que se adaptan a unas reglas de juego utilizando muy pocos recursos de un modo muy eficiente. Obras que se desarrollan dentro de unos márgenes estrechos que, lejos de limitar su potencial expresivo, favorecen la creación de estructuras extremadamente lógicas, sofisticadas, bellas.
OuLiPo, acrónimo de ‘Ouvroir de littérature potentielle’ (‘Taller de literatura potencial’), fue un grupo de experimentación literaria creado en 1960 en París, entre cuyos miembros estaban Perec, Duchamp o Calvino. Sus textos, más preocupados por la estructura formal que por su contenido literario, partían de una serie de constricciones autoimpuestas: la prohibición de utilizar una letra, fonema o palabra, la estructuración del texto mediante un algoritmo matemático, etc.
Los alemanes Bernd y Hilla Becher recorrieron durante más de 50 años distintos países fotografiando edificios y estructuras industriales. Las condiciones de ejecución -fotografías siempre en blanco y negro, siempre desde la misma distancia, siempre en un plano perpendicular al objeto fotografiado- y exhibición -matrices formadas por entre seis y doce edificios con idéntica función creando hermosas series de elementos iguales y distintos- se ajustaban a unos códigos muy estrictos, siendo éste un aspecto imprescindible para comprender la magnitud de su obra.
En 1995, un grupo de cineastas daneses creó el movimiento ‘Dogma 95’, una crítica al peso creciente de la tecnología y la posproducción en el cine contemporáneo. Sus películas se ajustaban al llamado ‘Voto de Castidad’, un decálogo con instrucciones tales como rodar cámara en mano, en localizaciones reales, sin añadir ni posproducir efectos de sonido o imagen, sin luz artificial, sin ser permitidas las películas de género, ni los saltos temporales o espaciales, etc.
La arquitectura es, por definición, una disciplina ‘contaminada’ por constricciones de todo tipo (contextuales, físicas, presupuestarias, urbanísticas, programáticas,…). No es tan habitual que el arquitecto decida añadir a estas, inevitables, otras limitaciones autoimpuestas o reglas de juego estructuradoras del proyecto. Pero ocurre, y a veces con resultados tan interesantes -y distintos- como el Orfanato de Van Eyck en Amsterdam, la propuesta de Koolhaas para el Parque de la Villette en París o la mucho más reciente y cercana Escuela de Arte y Diseño de Amposta, obra de Gerard Puig y David Sebastián.


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Adriá Guardiet

Adriá Guardiet

(Barcelona, 1982) es arquitecto por la ETSAB y socio fundador junto con Sandra Torres de estudi08014 (www.estudi08014.com), un espacio transversal de investigación y desarrollo en arquitectura. Sus trabajos han sido premiados en certámenes locales e internacionales y publicados en distintas revistas, catálogos y plataformas digitales.
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7 Comentarios

  1. ana - 15 julio, 2016, 13:48 Responde a este comentario

    Siempre he pensado que la arquitectura más valiosa es la que surge de la contención y las limitaciones. Pero como bien dices, que esto no se confunda con el ascetismo total. Luis Barragán o Carlo Scarpa se hacen infinitos trabajando con muy pocos conceptos. Si podemos desprendernos de ciertos elementos es porque no son esenciales. Las tendencias, las escuelas, las maneras de hacer heredadas, por buenas que sean, son casi siempre el lugar y la justificación del estancamiento.

    • Adrià Guardiet - 18 julio, 2016, 9:18 Responde a este comentario

      Gracias por tu comentario Ana. En el post intentaba hablar de la reducción a lo esencial, con ejemplos radicales de esta actitud, pero también de la sistematización del proceso proyectual a través de unas reglas de juego autoimpuestas que pueden juzgarse a priori como limitaciones innecesarias pero que, nos parece, dotan al proyecto de una estructura y una coherencia interna indiscutibles.

  2. 1060 iago - 31 julio, 2016, 19:25 Responde a este comentario

    Me parece interesante el uso de sistemas muy simples y abstractos como instrumento para compartir o transmitir información de manera tan clara y concisa que prácticamente se convierten en un absoluto.
    En este sentido, incluso los propios sistemas de numeración cuentan con una cantidad limitada de cifras (caracteres) que permiten expresar una cantidad infinita de números mediante unas reglas muy simples.

    La aceptación ‘dogmática’ de ciertas reglas nos permite avanzar (y quizás llegar mas lejos) en la reflexión de otros conceptos. Intentar abordar todas las cuestiones que plantea un proyecto de arquitectura sin establecer unas ‘reglas de juego’ o ciertas jerarquías suele llevar a soluciones estériles desde un punto de vista intelectual.
    Pero en el proyecto de arquitectura, la auto-imposición de ciertas reglas de juego puede precisamente convertir el trabajo en un juego que solo divierte al propio arquitecto (o cuanto menos, le da una cierta tranquilidad intelectual…) dando respuestas alejadas de las preguntas reales.

    En mi opinión una de las grandes equivocaciones en la forma de plantear la profesión de arquitecto es la voluntad casi incontinente de querer dar todas las respuestas a unos problemas que suelen tener una gran complejidad (tanto técnica, como social, política económica..etc).
    Creo que la búsqueda de reglas y auto-imposiciones efectivamente pueden dotar el proyecto de coherencia y estructura interna, pero también pienso que la forma de llegar a reflexiones profundas en una o algunas pocas dimensiones del proyecto pasa mas bien por la renuncia a querer abordar todas las cuestiones que puede abrir un proyecto.
    Esta renuncia no implica necesariamente que queden cuestiones sin resolver. Quizás las abordaran otros actores o quizás se resolverán en momentos distintos.
    Evidentemente la propia sistemática proyectual puede incluir el factor tiempo, con lo cual las respuestas se pueden ir dando en función de las nuevas cuestiones que puedan surgir (o la mutación de las que se ya se habían planteado) pero sin perder un hilo conductor y una cierta estructura. Pero en mi opinión ya pasaríamos a hablar más bien de un proceso y no tanto de un proyecto.

    Dicho con otras palabras, en mi opinión uno de los riesgos de proyectar con sistemáticas es que el proyecto acabe siendo precisamente esclavo de su propia estructura interna y no consiga adaptarse a nuevas lógicas cuando la situación lo requiera.
    Esto podría abrir otro gran debate como es el desfase cada vez mayor entre la velocidad en que cambian los contextos (físicos, sociales, políticos, económicos) y la velocidad de la concepción y producción de la arquitectura.

    • Adrià Guardiet - 2 agosto, 2016, 13:17 Responde a este comentario

      Muy interesante el comentario. Planteas dos temas importantes: la ‘renuncia’ y, sobretodo, el ‘tiempo’ como material de proyecto.
      En el texto no trataba tanto de defender una suerte de ‘menos es más’ trasnochado, ni tan siquiera el ya muy recurrente ‘más con menos’ -versión ‘aftercrisis’ del primero-. Lo que más me interesa de este posicionamiento creativo está relacionado, precisamente, con el tiempo.
      Unas reglas (pocas, o no tan pocas) definen un gramática (tiempo 1) a partir de la cual se desarrolla un proyecto (tiempo 2) que, precisamente por su condición sistemática, tendrá la capacidad de evolucionar en el futuro (tiempo 3 y siguientes).
      Por tanto, las limitaciones de las que hablo no tienen nada que ver con una actitud estética sino que son, como bien dices, un ejercicio necesario de simplificación del enunciado. Codificar un problema complejo a través un lenguaje sencillo -o, cuanto menos, comprensible- dando por supuesto que en este proceso se pierde complejidad.

  3. Juan Manuel Herranz - 24 agosto, 2016, 8:10 Responde a este comentario

    Muy interesante Adrià!
    Tuñón y Mansilla en el Musac serían otro ejemplo. Siempre han hablado mucho del potencial de las restricciones y de las reglas de juego auto impuestas.

  4. pere - 1 diciembre, 2016, 22:36 Responde a este comentario

    Interesante artículo. Las limitaciones de las que hablas las encuentro altamente sugerentes, aunque estos sistemas a veces han sido completamente ajenos a las realidades sobre las que se han sobrepuesto o han intentado transformar. Precisamente los códigos postales con los que empieza el artículo son lo más ejemplar de este defecto… las calles americanas, los distritos parisinos, etc…
    Pre-establecer estas limitaciones sobre las que escribes de forma que sean al mismo tiempo muy “específicas” del contexto sobre el que se va a actuar, seguramente es la clave, y lo más interesante (y difícil) de proyectar de esta manera… (difícil hacerlo bien, me refiero).
    A mí la verdad es que lo que me interesa es la excepción, cuando el sistema no es suficiente, cuando se pervierte en un momento dado, dejando la rigidez a un lado para responder al contexto, a la identidad…
    También me interesa ver cómo la vida coloniza éstos sistemas, sobretodo cuando hablamos de urbanismo. Cómo la vida, aunque la intentemos ordenar, emerger como la mala hierba, cómo lo orgánico reaparece y se entremezcla con lo cartesiano.

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