EL MUNDO BECARIO

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Hoy traigo un tema peliagudo. Se han escrito ríos de tinta sobre los becarios, practicantes, estudiantes con pasantías, etc. El caso es que, lejos de cambiar la situación, cada vez las maneras de maquillarlo son más originales, y afectan tanto a alumnos como a titulados.

Ha habido, por ejemplo, mucha polémica por los emails filtrados de megafirmas de arquitectura (como Sanaa) que, viralizados, han levantado ampollas, además de causar algún derramamiento de bilis en las RRSS. Pero por favor, no nos engañemos: el más pequeño e indefenso estudio de arquitectura utiliza el recurso ‘becario’.


Pero, ¿qué es un becario? Por lógica, es alguien que recibe una beca. Pues no. La situación se ha descontrolado de tal modo que el becario-practicante-pasante, es simplemente aquél que trabaja gratis en pro de la ‘experiencia’. Y no la experiencia en un sitio de renombre: en cualquier sitio.
Hace poco, en una discusión con uno de esos estudios ‘con nombre’, se justificaban diciéndome: el aprendizaje que aquí hacen es más productivo y económico que en un postgrado. Y después de ello, no son practicantes nunca más, ya que los estudios los contratan en seguida tras pasar por nosotros’. Me parece una realidad que, si bien es verdadera en ciertos países, donde las diferencias de clases existen y afectan a las oportunidades de los estudiantes, no es una solución ni una excusa.
Hablándolo con arquitectos españoles, me contaban con risa-ira cómo se habían topado con ‘compañeros de profesión’ que pretendían darse de alta como academia para cobrar a los becarios por trabajar, dándoles después un diplomita muy útil para usar como empapador. La situación es disparatada y, ante esto, sólo puedo hablar de dos situaciones: las legales y las ilegales.
Erasmus Prácticas, Faro, Becas propias… cubren ampliamente el espectro de las PYME: hay estudiantes y pequeños estudios suficientes para hacer simbiosis avalada por la universidad. El resto de situaciones son ilegales, ruines, antiéticas, especulativas y, por qué no, corruptas.
¿Y qué ocurre con los grandes? El problema con los estudios de ‘renombre’ es que los ‘practicantes’, en su desesperación, aceptan gustosamente. Los que tienen una familia con presupuesto pueden permitírselo, los demás no. Ambas, son situaciones tristes.
Situémonos en esa laguna que es el recién titulado, sin experiencia y sin presupuesto para hacer un postgrado: la presa fácil.
¿Qué ocurriría si esas macrofirmas, efectivamente, tuvieran un ‘departamento de aprendizaje‘ donde aceptaran alumnos que no pueden pagarse un postgrado, consideraran pago del mismo su tiempo y trabajo realizado, pero todo ello con un proceso de selección controlado, un programa de aprendizaje establecido, un tutor y plazos lógicos (1-2 años)? ¿Y si esas prácticas, igual que las becas, te obligaran a una incompatibilidad que no te permitiera ser practicante nunca más? ¿Y si finalmente obtuvieran un título oficial, de postgrado, fruto de la colaboración universidad-empresa, y con un compromiso de colocación en diferentes estudios de arquitectura?
Visto que las vías que va tomando la profesión de arquitecto son cada vez más ramificadas y difusas, ¿se ha hecho necesaria la formación oficial en ‘Estudios de Arquitectura’? ¿Puede ser la ‘legalización’ y control de estas prácticas habituales la solución a la explotación de jóvenes titulados?


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Ana Asensio

Ana Asensio

Ana Asensio es una estudiante (excéntrica) e investigadora de la Universidad de Granada (España), donde ha cursado los estudios de Arquitectura, complementados con una serie de becas en Venezia (Italia), Tetuán (Marruecos), Londres (Reino Unido) y Santiago (Chile). Después de trabajar durante años en comunicación sobre arte, diseño y arquitectura (Madoc del Ministerio de Defensa (España), Archdaily (Chile), Revista Arquine y Revista Código (México), Fundación Arquia (España), y otros), funda en 2014 AAAA magazine(ISSN 2386-2610) y en 2016 la editorial Minimum Editions, centradas en una visión humanista e híbrida de la arquitectura. Esta labor de investigación y difusión del arte y la arquitectura como expresiones humanas se complementa con la acción y experimentación, llevándola a involucrarse en instituciones como el IFAC (International Festival of Art and Construction) y el IPAZ (Instituto de la Paz y los Conflictos). Eterna viajera, activista y aprendiz exigente.
Ana Asensio

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Ana Asensio es una estudiante (excéntrica) e investigadora de la Universidad de Granada (España), donde ha cursado los estudios de Arquitectura, complementados con una serie de becas en Venezia (Italia), Tetuán (Marruecos), Londres (Reino Unido) y Santiago (Chile). Después de trabajar durante años en comunicación sobre arte, diseño y arquitectura (Madoc del Ministerio de Defensa (España), Archdaily (Chile), Revista Arquine y Revista Código (México), Fundación Arquia (España), y otros), funda en 2014 AAAA magazine(ISSN 2386-2610) y en 2016 la editorial Minimum Editions, centradas en una visión humanista e híbrida de la arquitectura. Esta labor de investigación y difusión del arte y la arquitectura como expresiones humanas se complementa con la acción y experimentación, llevándola a involucrarse en instituciones como el IFAC (International Festival of Art and Construction) y el IPAZ (Instituto de la Paz y los Conflictos). Eterna viajera, activista y aprendiz exigente.

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6 Comentarios

  1. alberto - 31 agosto, 2015, 10:22 Responde a este comentario

    Esperemos que entre los COAs y el sindicato de arquitectos regulen estás “prácticas”, al igual que el falso autónomo..

    • Ana Asensio - 1 septiembre, 2015, 20:21 Responde a este comentario

      Pues sí, Alberto. Aunque también espero que los propios arquitectos y/o estudiantes se den cuenta de que en nada mejora su CV o situación laboral haciéndose parte de estas triquiñuelas.

  2. Manuel Saga - 10 septiembre, 2015, 17:30 Responde a este comentario

    Me parece una propuesta interesante la de los “Departamentos de Aprendizaje”, aunque creo que en la práctica podría ser la vía legal para que los macroestudios pudieran exigir pagar por trabajar, bajo la excusa de que es un título de posgrado.

    Imagínate al estudio X, recibiendo 300 solicitudes al año para trabajar gratis a cambio de un diploma. Si hoy en día trabajar gratis es ilegal pero se hace, con semejante demanda me imagino que trabajar por un posgrado pagando seria igualmente ilegal pero también se haría. En el fondo no es tan distinto del ejemplo de darse de alta como academia.

    Just thinking.

    De todas formas me parece muy interesante echarle una pensadita al tema, gracias Ana!

    • Ana Asensio - 10 septiembre, 2015, 19:08 Responde a este comentario

      Bueno de lo que hablo es precisamente de lo contrario. Estamos en el punto al borde del acantilado en el que próximamente se va a tener que pagar por trabajar, y contotal impunidad, a cambio del nombre o el papelito. De lo que hablo es de regular la situación. Es la misma discusión que la de la legalización de la marihuana o la prostitución: las prácticas existen, y existirán, pero si encima las relegas a lo simplemente no-normalizado, es un ‘apaga y vámonos’, todo cabe.

      Si se controla, obviamente partimos de que bajo una normativa, exigencias, y tutela, puede efectivamente llevarse a cabo. Y estoy hablando de que ese aprendizaje, ese ‘supuesto postgrado’, efectivamente sea a cambio de tu tiempo y no tu dinero, bajo un programa controlado fruto de la relación macroempresa-universidad (limbo existente y causante de la mayoría de los problemas de los recién-titulados-sin-experiencia), y con el compromiso de colocación en el mercado laboral.

      Es decir, es coger la situación existente y loca que tenemos, y darle una forma útil. Cuando existen unas prácticas, es porque detrás hay una problemática real, fruto de unas necesidades concretas. Creo que el debate y el futuro puede estar en analizar el por qué de la situación actual, y responder a esas necesidades.

      En ese sentido, ‘el de la academia’, se situaría automáticamente no en una laguna lega, sino en la ilegalidad.

      Aunque mira que no pongo todas mis esperanzas en que la institucionalización y control oficial de ciertas prácticas salve a nadie, pero creo que es necesario pensar en posibles soluciones a lo que hay, que ocmo digo, lo seguirá habiendo.

      • Manuel Saga - 13 septiembre, 2015, 2:06 Responde a este comentario

        Pero si todos los de ahora están ya en la ilegalidad… ¿Qué cambiaría entonces?

        Quizás la comparación con la marihuana o la prostitución sea un poco exagerada. Nadie se pasa 10 años en la universidad para sacarse un título que le habilite a vender droga o prostituirse.

        Hablamos de que no sabemos/tenemos las habilidades/se nos forma para llevar a cabo emprendimientos que nos permitan vivir de nuestro trabajo. Por eso tantos y tantos acaban trabajando gratis para mejorar el curriculum, por la promesa de más adelante “por fin poder vivir de lo que me gusta”.

        Para mi, el símil con la marihuana sería un poco distinto: para que la legalización sea posible lo primero y más importante es una ciudadanía educada en un uso responsable de las drogas. En este sentido, la capacidad de emprendimiento es a la “práctica gratis/formativa” lo mismo que el consumo responsable a la marihuana. Si lo haces, que sea porque quieres y te apetece, no porque no tengas otra opción.

        (He de confesar que esta comparación entre drogas y precariedad laboral me saca la sonrisa tonta jajajaja)

  3. Ana Asensio - 10 septiembre, 2015, 19:11 Responde a este comentario

    Y disculpad las erratas de escribir veloz. Por cierto, Blog Fundación, estaría bien poder editar nuestros comentarios, o al menos tener la posibilidad tipo twitter de borrar, corregir, y volver a enviar. :) Besitos!

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