MUJER Y JOVEN Y ARQUITECTA

Por Maite Borjabad López-Pastor

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Género y arquitectura podría ser. Quizás es género a secas. Es género lo que marca la discusión, lo que marca la diferencia, lo que marca la exclusión. Escribo desde el yo, que es antes que cualquier otra cosa mujer, luego joven y luego arquitecta. Y es este orden el que determina mi realidad. Un yo que engloba una realidad disonante, tal vez menos evidente como estudiante que como profesional, donde los agravios comparativos se hacen explícitos.

Mi realidad como estudiante: una profesión históricamente escrita en masculino con claro presente femenino. Mi realidad como profesional: una profesión históricamente escrita en masculino pero con incertidumbre sobre el género del futuro, si es que tiene que tener un género.

Esta realidad disonante a la que me refiero tiene datos. Según se asciende en la pirámide de poder, la presencia de la mujer cae vertiginosamente. Por ejemplo la ETSAM, donde las alumnas de nuevo ingreso ya representaban en 2013 el 56%, en este año solo un 39% de las tesis defendidas fueron mujeres, al mismo tiempo que un insultante 5% representa el número de mujeres catedráticas y permaneciendo a cero el contador de directoras de escuela. (1)

Ante esta realidad emerge el debate como no puede ser de otra manera: arquitectura y género. La duda es  — ¿Estamos afrontando el debate desde un enfoque correcto? —

Peligrosamente, en este debate asoman argumentos en defensa de la mujer arquitecta frente al hombre arquitecto, enunciando una tendenciosa retahíla de capacidades (generalmente abanderadas por la famosa sensibilidad) bajo el lema — Las cualidades de la mujer para la arquitectura.— ¿Existen acaso cualidades exclusivas de la mujer? ¿Existen cualidades por tanto también exclusivas del hombre? Estudié en una escuela de arquitectura del siglo XXI, en un entorno en donde el 60% somos mujeres, y en donde no podría enunciar que entre mis compañeras y compañeros existan capacidades diferentes según género. Desde luego, existen cualidades muy diversas entre individuos pero nunca encajadas bajo una etiqueta dual de género. Y mucho menos cualidades asignadas a un género que justifiquen una producción arquitectónica de un tipo u otro.

 

Más que diferenciar las capacidades de unas y otros, habrá que mirar cómo ellas y ellos, profesionales, con capacidades múltiples (todas válidas y sin rango) se inscriben en la práctica profesional. La problematización del estado de la cuestión de la mujer en la arquitectura no es por tanto un reclamo de capacitación, si no de sistema. Un sistema injusto y atrofiado que debe ser actualizado. Un sistema que a pesar de tener un acceso predominantemente femenino a la formación, se va dejando, lateralmente, un 50% de profesionales mujeres por el camino.

Reclamo la importancia y presencia de la mujer en la arquitectura, pero esto no pasa por aclamar cualidades de la mujer en la arquitectura frente a las del hombre. Debe ser la disolución de esta dualidad el centro de la cuestión y no una dualidad alternativa. Si la defensa de la mujer arquitecta la generamos desde ahí, reclamando una igualdad en un sistema dual justificando otra dualidad, estamos avocadas al fracaso.

Ante esto la página está en blanco, aun por escribir. Un comienzo es el reclamo histórico de las arquitectas fantasmas, pero como enuncia Beatriz Colomina, corregir los datos no consiste solo (aunque también necesario) en reconocer y añadir nombres de mujeres a la lista de personas históricas en la arquitectura. La cuestión trasciende a eso y está aún por escribir, tras entender la complejidad del sistema en el que el problema está inscrito.

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(Imagen 2) – Where Are the Women? Measuring Progress on Gender in Architecture.

[Association of Collegiate Schools of Architecture]

(Imagen 1) – Espacios diferentes en un mundo desincronizado. La velocidad de las arquitectas en la Universidad: ETSAM. [Atxu Amann y Alcocer, Maite Borjabad López-Pastor]

Gráfico comparativo de la evolución de presencia femenina frente a la masculina a través de los principales hitos de la carrera académica: alumnas, doctoras, catedráticas.

Fuente: Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid.  Observatorio I+D+i. UPM.


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Maite Borjabad

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Maite Borjabad López-Pastor, arquitecta por la ETSAM (2013). Actualmente cursa becada por La Caixa, “Master in Critical Curatorial and Conceptual Pracice in Architecture” en Columbia University. Su práctica e investigación orbitan entre la pedagogía en la arquitectura y la experimentación de nuevos formatos de comunicación e iniciativas de práctica y crítica arquitectónica.
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4 Comentarios

  1. eva alvarez - 23 noviembre, 2014, 19:47 Responde a este comentario

    Ni tan siquiera todas las mujeres somos iguales. El debate feminista nos parece precario en sus planteamientos…

    Pero quien no advierta la estructura de poder establecida con total naturalidad en nuesta sociedad donde se justifica constantemente la explotación, sencillamente no mira ni quiere saber. Nos hemos acostumbrado a explotar o a ser explotados, por cuestiones de conveniencia. Y por lo general, no encontramos ningún problema en explotar a un grupo de la población que no sólo soporta una carga de trabajo mayor, si no que además hace todos los trabajos -minuciosos, cansados, precarios, desprestigiados- que otros no quieren hacer.

    No es una cuestión de hombres contra mujeres. Eso es solo la primera fotografía de un problema inmensamente mayor. Pero por algún punto de la madeja habrá que empezar a desenredar. La metodología usada por las feministas ha abierto nuevos debates y enfocado nuevos problemas que absolutamente todos sufrimos.La lucha feminista está del lado de la justicia social aunque sus argumentos no sean todo lo perfectos que desearíamos.

  2. Á/CG - 23 noviembre, 2014, 20:10 Responde a este comentario

    Una realidad centrada en Madrid y ratificada en occidente sin embargo no así en la mitad oriental del mundo. Pero el debate vuelve al género y no tanto a la arquitectura, siendo el doble rasero mujer-hombre un escalón mucho mayor. La distancia a salvar por las mujeres en oriente, estudiantes y profesionales en la Arquitectura, cuyo numero también se ha incrementado muchísimo en los últimos 20 años, es de dimensiones desorbitadas.

    Habría que trasladar esa no existencia de diferencia entre géneros que nombras en referencia a la escuela, a la profesión y a la sociedad para que la competencia y la colaboración exista sólo entre capacidades. Tarea difícil, pero posible.

    • eva alvarez - 23 noviembre, 2014, 20:28 Responde a este comentario

      No me refiero a que no exista diferencias entre hombres y mujeres, sino a que la diferencia es el hecho humano más notable. Y además, debería ser muy bienvenido… No hay dos situaciones identicas y eso es precisamente lo que caracteriza la convivencia en sociedad. La diferencia, el conflicto y el pacto.

      El enfoque feminista es una mirada parcial sobre la realidad y si usamos las palabras de Lina Bo Bardi ‘es una cuestión burguesa’. Pero a pesar de todo ello, sigue estando del lado de la justicia social y mientras no tengamos otra cosa, debemos emplearnos a fondo, ya que el común denominador de las mujeres en todos los lugares a los que he ido, es la falta de atención a los problemas específicos de la vida diaria y la existencia de obstáculos invisibles pero presentes que deben -debemos- estar superando constantemente.

      Me alegra enormemente que estés en esta pelea y que conciencies a más personas sobre la existencia del mismo. Y si aún, no tienes niños…es más que meritorio.

  3. Borja - 24 noviembre, 2014, 22:54 Responde a este comentario

    Las cátedras son puestos con elevadas medias de edad, así como los puestos de profesorado titular, los cargos directivos, o incluso un premio Prizkler es considerado joven con menos de 50 años.

    Es decir, que las proporciones entre sexos en dichos puestos obedecen, no a la estructura poblacional de los estudiantes de hoy, sino a de quienes estudiaron hace tres décadas. Y eso sin tener en cuenta que mayores puestos de responsabilidad, o mayores logros profesionales suelen llevar aparejados una menor calidad de la vida personal y relaciones familiares. En las mujeres, ya sea debido a presiones sociales o por decisión propia, ha sido mucho más habitual priorizar la vida familiar sobre la vida laboral, lo cual redunda en menor éxito profesional.

    Creo que lo preocupante sería si en veinte o treinta años las cosas no han cambiado, pero de momento, en los últimos años se está observando una lenta pero firme tendencia a equilibrar la balanza de géneros de manera natural a medida que las nuevas generaciones van tomando el relevo.

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