LA NORMATIVA QUE PADECEMOS

The Fortune Cookie

El autor: José Ramón Hernández Correa

 Hace ya veintinueve años que trabajo como arquitecto, y en este tiempo he visto cómo la normativa que afecta a la edificación y al urbanismo ha ido creciendo como un tumor, invadiéndolo todo, atándonos cada vez más las manos y acogotándonos y asfixiándonos tanto que prácticamente no nos quedan márgenes de maniobra.

Vivimos en una sociedad cada vez más liberal, que se propone “desregularizar” todo lo “desregularizable”, pero que al mismo tiempo quiere “normativizar” todo, incluso lo que parece escasamente “normativizable”.

Esta gran cantidad de normativa no forma una trama ni una red, sino una maraña. Es compleja, caótica, contradictoria y absurda. Y, naturalmente, incumplible.

Por ejemplo, el Código Técnico de la Edificación fue troceado en sectores, y cada uno fue “normativizado” por un equipo diferente. Naturalmente, estos equipos no se coordinaron. Así, quienes buscaban a ultranza el ahorro energético exigieron en su norma que en varias zonas del país las ventanas de los edificios fueran herméticas, pero quienes pretendían que el aire interior fuera saludable exigieron que hubiera aberturas permanentes al exterior. Conclusión: No valía instalar ventanas correderas baratas, porque por las rendijas entra el aire, sino que había que poner carísimas ventanas herméticas y hacer después un agujero a su lado.

Una vez detectado este chusco y vergonzoso defecto se buscó una solución no menos chusca: Ventanas “inteligentes”, superherméticas pero dotadas de un detector que abre una rendija cuando el aire está enrarecido. O sea, que en vez de ventilar como toda la vida o dejar una rendijita ahora nos tenemos que gastar una fortuna en unas ventanas estúpidas que responden mal a una norma mal hecha.

La normativa le obliga a menudo al arquitecto a justificar lo injustificable o lo incomprobable. Además, hay normas municipales, autonómicas y nacionales. Y nunca van de la mano.

Ante esa opresión normativa insoportable muchos optan por reaccionar “a la española”: No cumpliéndola. Haciendo el paripé formalista a que se les obliga, adjuntando listados, tablas, gráficos y anexos vacíos e inanes; lo que sea para que el proyecto “cuele”, con la certeza de que si el edificio no da problemas no importará que tal párrafo o tal tabla de tal anexo estén copiados de otros proyectos, y si algo saliera mal tampoco habría servido de nada que el párrafo y la tabla hubieran sido hechos a conciencia.

(¿A conciencia? A los arquitectos se nos exige cada vez más mientras se precariza nuestro trabajo cada vez más).

Cada vez que a alguien con mando se le ocurre cualquier chorrada la resuelve exigiendo un nuevo documento anexo al proyecto, que se acaba resolviendo en una tabla hecha por no sé quién y que todos acabamos usando sin saber para qué.

El afán normativo no va acompañado por un afán de control, y así España es uno de los países que más normas tienen sobre todo, pero uno de los que más las incumplen. A nadie le importa. Hasta que pasa algo. Entonces el arquitecto ve que en cada palabra que escribió o que omitió y en cada línea que trazó o no trazó firmó su sentencia.

 

*La fotografía de portada: Es un fotograma de la película The Fortune Cookie (traducida en España como En bandeja de plata) de Billy Wilder. 1966. Walter Matthau encarna a Willie Gingrich, un abogado tramposo que se apoya en la trama legal para obtener suculentas indemnizaciones para sus clientes.

 


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José Ramón Hernández

José Ramón Hernández

Soy arquitecto desde 1995, y desde entonces vengo ejerciendo la profesión liberal. Arquitecto “con los pies en el suelo” y con mucha obra “normal” y “sensata” a sus espaldas. Además de la arquitectura me entusiasma la literatura. Acabo de publicar un libro, Necrotectónicas, que consta de veintitrés relatos sobre las muertes de veintitrés arquitectos ilustres.
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Soy arquitecto desde 1995, y desde entonces vengo ejerciendo la profesión liberal. Arquitecto “con los pies en el suelo” y con mucha obra “normal” y “sensata” a sus espaldas. Además de la arquitectura me entusiasma la literatura. Acabo de publicar un libro, Necrotectónicas, que consta de veintitrés relatos sobre las muertes de veintitrés arquitectos ilustres.

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17 Comentarios

  1. Manu Barba - 5 agosto, 2014, 9:56 Responde a este comentario

    Genial Jose Ramón. En la universidad el CTE ya asoma las orejas, con sus rampas al 6% sus escaleras estúpidas, sus recorridos de incendios y sus juntas de dilatación por todas partes, así que no quiero ni imaginarme cuando ejerces y tienes que cumplir eso a rajatabla, sumado a la normativa urbanística de turno (que suele ser otro compendio de chorradas en verso) y a otras de turno, dependiendo donde se sitúen.
    La cosa es para que tanta normativa, si esta se defrauda igual, para que poner tantas trabas para construir a los profesionales si luego llega el listo de turno y se planta un chalete DIY en su sembrao sin pedir cuentas a nadie. Al del chalete ilegal no le cae ni una multa y al que hace peldaños de 19cm en vez de 18’5 le obligan a rehacer entera la escalera, perder dinero y quedar como un incompetente.
    Demasiada normativa pero poco control real de lo que se construye.

  2. José Ramón Hernández Correa - 5 agosto, 2014, 10:57 Responde a este comentario

    Exacto. Ese es el problema. Si vas de frente no te encuentras más que problemas, pero si vas de lado no pasa nada.
    Así vamos.
    (Y si fotocopias cuadros absurdos tampoco pasa nada).

  3. Miguel - 5 agosto, 2014, 11:15 Responde a este comentario

    El CTE es el infierno hecho documento. Pero en si mismo tiene la vía de solución:
    Establece las cualidades que debe tener un edificio
    Es decir, el de estructuras, dice que un edificio no se debe caer. Pues con decir que un edificio no se va a caer porque tú lo has calculado para que no se caiga, debe ser más que suficiente.
    Ahora bien, la responsabilidad que estamos asumiendo cuando lo hacemos es exponencialmente mayor que cuando decimos que no se cae porque lo hemos calculado cómo dice el CTE.

  4. José Ramón Hernández Correa - 5 agosto, 2014, 12:21 Responde a este comentario

    Cierto, Miguel. En el CTE es obligatoria la parte articulada, que es muy breve y sólo menciona los objetivos a cumplir.
    Los DB son herramientas que (se supone) te ayudan a alcanzar esos objetivos. Pero puedes usar otras. Lo malo es que tienes que justificar tus decisiones. Y si ya es engorroso utilizar los DB, que ya vienen justificados de casa, si usas otro método es mucho más engorroso (y peligroso).
    Y si pasa algo: grietas, humedades, atrapamientos, resbalones, etc, etc, etc, lo llevamos claro si nos hemos saltado los DB. (Bueno: La verdad es que si los hemos respetado y pasa algo también lo llevamos claro).
    Ánimo y un abrazo.

  5. Rodrigo Almonacid - 5 agosto, 2014, 13:32 Responde a este comentario

    Por ilustrar lo que con tanto acierto está escrito en el post: el diseño de una RAMPA.
    Todo arquitecto español deberá diseñarlas conforme a las máximas longitudes y desniveles por cada tramo inclinado según DB-SUA. Luego considerar el tamaño mínimo de mesetas intermedias y de zonas de arranque y desembarco, tanto en el DB-SUA como en el DB-SI. No olvidar la anchura mínima de la rampa (DB-SI) si es de evacuación en cado de incendios. Ni dejar de diseñar una barandilla maravillosa calculada según DB-SE-AE a empujes horizontales, ni con barrotes o huecos en el antepecho de ciertas dimensiones/separaciones máximas según DB-SUA. Tampoco habrás de descuidar los pasamanos a colocar (a un lado o a dos, a una altura determinada para caminantes y otra si vas en silla de ruedas). Y con rodapié para discapacitados. Y con suelos de seguridad garantizada por su grado de resbaladicidad (de nuevo DB-SUA). Y ojo con que la fijación atraviese la impermeabilización de turno y no cumplas el grado de estanqueidad del DB-HS, o la aisles mal a efectos térmicos (puentes térmicos habituales en DB-HE) o acústicos (DB-HR). Y ya… tal.
    Ah, no!! Que si eres de Zamora debes leerte (como mínimo) la Ley de Accesibilidad y Barreras Arquitectónicas regional de Castilla y León y aplicar las condición que sea más restrictiva en caso (que los hay, y muchos) de que se regule lo mismo en sendas normativas. Y ya… tal.
    OMG! Aún no… que en la capital hay normas locales que afectan a las obras de esa ciudad, y que en ciertos detalles o situaciones pueden ser más restrictivas.
    Que sí, que ahora ya sí. Pero lo gracioso es cuando luego en la obra hay que hacer algún cambio y te toca dar respuesta “sobre el terreno”. Evidentemente ni con una App personalizada se haría rápidamente. Te vas con esos deberes al estudio y, tras horas de estudio, resuelves el caso como Poirot. Y eso recordando cómo el contratista y el cliente se miraron perplejos al no poder darles una respuesta la visita de obra.
    ¿Estamos locos o qué? La defensa del colectivo (CSCAE?) debería obligar a cambiar RADICALMENTE estos despropósitos nirmativos. Y eso que ni he mencionado las mil y una normas UNE… ¿A qué esperamos?
    Enhorabuena por el post a José Ramón, y mil perdones por haberme extendido tanto (el ejemplo lo demandaba).

    • Miguel - 5 agosto, 2014, 14:56 Responde a este comentario

      Y resulta que cuando “tras horas de estudio” para resolver ese problema, vuelves a obra con la solución definitiva, corres el enoooorme riesgo de encontrarte con que “otra solución” ya se ha “ejecutado”…

    • Juan Carlos - 16 agosto, 2014, 0:51 Responde a este comentario

      Lo has explicado muy bien y has dejado un gran ejemplo de lo que el post quiere decir.

  6. Francisca Cano Infantes - 5 agosto, 2014, 13:37 Responde a este comentario

    No puedo estar más de acuerdo con usted en todo lo que expone: gran parte del CTE es absurdo, sólo sirve para encarecer desorbitadamente el proyecto y la construcción del mismo y además parece estar hecho para un país con unas condiciones climatológicas completemente diferentes a las nuestras. ¿A quién se le habrá ocurrido, por ejemplo, tener que incluir ventilación forzada constante en un baño con ventilación natural???? ¿Eso es ahorro energético?????….¡De locos!
    Ahora bien, creo que la culpa de que este despropósito siga siendo de obligado cumplimiento la tenemos “nosotros” (arquitectos, colegios, etc) porque somos capaces de asumir una cosa que no tiene pies ni cabeza como corderitos en lugar de tratar de echarlo por tierra, que no será por falta de argumentos. Después de habernos convertido en chivo expiatorio, sufrir como nadie los rigores de la crisis, tener que lidiar con la incompetencia de la administración, etc., no somos capaces nosotros ni los que nos representan en los colegios (que son exactamente igual que los políticos, van a lo suyo) de EXIGIR un cambio en toda esta normativa contradictoria e indescifrable. En tanto esto no ocurra, ¡a seguir tragando, compañeros!

  7. Roberto barrios Pérez - 6 agosto, 2014, 21:37 Responde a este comentario

    No puedo estar más en desacuerdo con lo que decís y comentáis.
    Parecen comentarios de arquitectos-artistas incapaces de servir en una sociedad donde se pide precisión, coordinación y originalidad al arquitecto para que sirva para algo.
    Renunciar a ésto, ha traído la situación actual: descrédito del oficio, ausencia de profesionales e independencia de criterios.
    Todos somos culpables de presentar presupuestos más bajos, utilizar atajos y amiguetes, dejar de denunciar amaños, arbitrariedades e injerencias en nuestro trabajo.
    Si no somos con nosotros …¿porqué la sociedad va a necesitarnos ?
    Ah, lo del CTE que comentáis simplemente me parecen comentarios infantiles, banales e irreales
    ¿Qué diría un médico si tuviera que operar sólo con medios de hace 15 años?
    Ponerse al día !!!
    O dedicaros a otra cosa, pero criticar construyendo algún pensamiento válido

    • Francisca Cano Infantes - 11 agosto, 2014, 13:23 Responde a este comentario

      Ud. y yo (y los demás, creo) hemos entendido cosas distintas sobre el significado de lo que aquí se expone. A mi entender no se trata de seguir anclados en el pasado ni volver la cara a los avances de las tecnologías, ¡por supuesto! Más bien entiendo que se refiere a que todo esté regulado de forma coherente, sin contradicciones que dan cabida a interpretaciones subjetivas que, al final, desvirtúan lo que se pretende regular, con el consiguiente descrédito. Eso no es lo que la sociedad necesita.
      Arquitectos-artistas, para nada. Perfeccionistas, tal vez. (Algun@s nunca hubiéramos escrito en un foro público con faltas de ortografía y/o gramática…)
      Sin embargo, estoy dispuesta a retractarme de lo dicho si ud. nos ilumina y averiguamos todos cuál es el sentido de colocar “carísimas ventanas herméticas y hacer después un agujero a su lado”. Sólo se admiten explicaciones convincentes ;)

      • roberto barrios perez - 13 agosto, 2014, 13:44 Responde a este comentario

        En relación al comentario de Francisca caben las siguientes precisiones:
        1/El CTE es un código y por tanto se va perfeccionando a través del tiempo por distintas razones(mejoras, precisiones, interpretaciones, etc.) lo que supone un instrumento válido para el arquitecto y su trabajo, en mi opinión, muy valioso.
        2/Ventanas herméticas y huecos de ventilación permanente.
        El trabajo del arquitecto es también coordinar e integrar en las soluciones constructivas el concepto de transversalidad; es decir, encontrar y emplear soluciones que se deriven de las condiciones constructivas que cumplen los determinados Documentos Básicos.
        En un principio hubo una cierta descoordinación entre Documentos básicos , lo que se ha ido corrigiendo; en relación a las ventanas, yo aplicaría la solución reconocida de micro ventilación(apertura manual clase A1) y ventanas “herméticas ” como Ud. indica, es decir, clase 3 ò 4, con maniobra de apertura según decida el usuario y las colocaría porque me darían una prestación de resistencia acústica (aplicación de DB HR (ruido)) muy adecuada.
        Queda, no obstante ,mucho por progresar y en este sentido, envié a la comisión CTE, dos pequeños estudios: uno,que no se precisa ventilación mecánica continua (VMC)en viviendas, ya que podría optimizarse su funcionamiento cuando las viviendas están en uso (algo similar a la normativa francesa); y, un segundo escrito, sobre la posibilidad de reducir las cargas térmicas necesarias en la vivienda sí se contabilizase la citada VMC, ya que su funcionamiento en la vivienda produce una reducción del vapor de agua en el ambiente, y por tanto, una reducción de la necesidad de carga de calor.
        Así pues, sí hubiera más coordinación entre DB HS3 y DB HE1, tal vez optimizaríamos mejor las soluciones constructivas, y el arquitecto podría tener el protagonismo adecuado a sus conocimientos.
        Al tiempo

  8. José Ramón Hernández Correa - 6 agosto, 2014, 23:44 Responde a este comentario

    Hombre, yo creo que ni vamos de artistas ni lo somos, y que queremos una normativa sensata, coherente, clara y fácil de aplicar. (Ah, y bien escrita).
    Claro que queremos normativa.

  9. Miguel - 9 agosto, 2014, 16:47 Responde a este comentario

    Cierto es que es una normativa de locos, así como la liberalización de los precios y la crisis inmobiliaria nos han pegado fuerte.
    Ahora es cuestión de reclamar esa normativa más sensata, y volver a una situación donde los arquitectos no estemos pisoteados.
    Así que cada uno, a moverse en su Colegio, o a encontrar la manera de aportar (como por ejemplo, este blog).

    • roberto barrios perez - 11 agosto, 2014, 12:35 Responde a este comentario

      Creer que los Colegios Profesionales como los conocemos hoy, pueden resolver algo es como pensar que podremos ir andando a la luna; en realidad la normativa como todo el marco legal de actividades en España es un desastre y goza de una pésima calidad(véase normativas municipales, etc…) porque no hay nadie que pueda decir lo que está mal, y las razones de ello, porque ….¿Quién está dispuesto a perder su tiempo en aras de la colectividad?,¿alguien podría valorar el inmenso daño que han hecho algunos arquitectos estrella y estrellados con el poder ?
      Menos mal que el colectivo de médicos no se comporta(congresos, información, colaboración,..etc..)como el de los arquitectos, porque si no ….!estaríamos todos bajo tierra!
      No seamos pesimistas y piensa como un político …..”no dejes para mañana lo que puedas llevarte hoy a la butxaca…”

  10. Jesús A. Izquierdo - 15 agosto, 2014, 18:57 Responde a este comentario

    Enhorabuena por el post. Yo estoy de acuerdo con todo. La maraña legislativa es tal que pasa como lo que comenta Rodrigo con la rampa para que se ejecute de cualquier manera como dice Miguel.
    Ojalá el CTE fuera claro en su aplicación en el proyecto y sobre todo en su puesta en obra. Los proyectos se parecen cada vez más a un manual de construcción y legislación que nadie se lee, excepto el abogado que busca un renunció para empapelarnos.
    Para mi el CTE es una magnífica herramienta pero tremendamente engorrosa. Antes empezaba los proyectos con un croquis, ahora empiezo por la memoria de CTE para saber cuánto ocupan los cerramientos, tabiquerías e instalaciones. Una pena.

    • Roberto barrios Pérez - 15 agosto, 2014, 19:23 Responde a este comentario

      No creo que pensar en algunos datos previos de la realidad como es el ruido existente o la presencia de nivel próximo, puede resultar un factor que altere de modo absoluto a las ideas arquitectónicas que pretendemos poner en pie.Se llama el oficio de arquitecto….donde las normas hay que interpretarlas como algo que ayuda o herramientas de nuestro oficio…
      “Conviene utilizar el destornillador si tornillos usamos… Y no el martillo “

  11. Blog de Fundación Arquia | VIAJAR AL ENTORNO - 11 noviembre, 2015, 10:54 Responde a este comentario

    […] del arquitecto (si lo hubo) y el propietario, sobre patrimonio, rehabilitación o restauración, urbanismo, etc. Muchos abordados en este espacio y a buen seguro se seguirán debatiendo y escribiendo sobre […]

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